«Me dieron excedencia para cuidar a los hijos»

A.E. EIBAR

A partir de los años 50, las mujeres desempeñaron un destacado papel en la vida y economía de Eibar, sobre todo en el sector de la manufactura que empezaba a florecer. Por lo general se ponían a trabajar con aproximadamente 14 años, al abandonar sus estudios primarios. El 4 de febrero de 1925, la emblemática empresa Alfa decidió dejar la armería y adentrarse en la industria de máquinas de coser. Por aquel entonces las hijas tenían por costumbre continuar en el mismo oficio y empresa en la que trabajaban los padres, y también era frecuente que recurriendo a la rotación trabajaran en más de una empresa. Esto ocurría cuando los padres dejaban la empresa y seguidamente se incorporaba el hijo. En los años anteriores a la guerra, los hombres y las mujeres de Alfa no compartían el mismo horario, dado que las mujeres tenían que cubrir otras necesidades. Si bien la mayoría de las empresas eibarresas trabajaban de 8 a 12 y de 13.30 a 17.30, se acordó modificar el horario de las mujeres de Alfa, para que trabajaran de 8.15 a 11.45, y de 14.15 a 17.15. De este modo, disponían del tiempo suficiente para labores domésticas. No obstante, al finalizar la guerra se estableció el mismo horario para los hombres y las mujeres, y empezaron a cobrar a la semana, primero las mujeres y luego los hombres. «En Alfa nunca sentimos la diferencia salarial, entre hombres y mujeres, aunque en otros sitios si existía», decía Retenega. De hecho, según comentaba la jubilada trabajadora de Alfa, «a mi me concedieron una excedencia de cinco años, para poder cuidar a mis hijos. Después me pude reintegrarme en mi puesto». No obstante, como la totalidad de la plantilla de Alfa sufrió las sucesivas crisis, con la pérdida del capital aportado a la cooperativa. «Perdí 480.000 pesetas de los famosos dividendos», finalizaba Retenaga.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos