Una alerta amarilla... de fiesta

La carpa de Unzaga acogió este año más puestos que en años anteriores y se pudieron ver unas exposiciones lucidas con productos típicos y otros que van ganando terreno en nuestras huertas. /  FOTOS: FÉLIX MORQUECHO
La carpa de Unzaga acogió este año más puestos que en años anteriores y se pudieron ver unas exposiciones lucidas con productos típicos y otros que van ganando terreno en nuestras huertas. / FOTOS: FÉLIX MORQUECHO

La climatología respetó buena parte de la Feria de San Andrés y el público pudo disfrutar de unos puestos cargados de variedad y de calidad

FÉLIX MORQUECHO EIBAR.

En la fiesta hay circunstancias que se pueden controlar y otras que no están en manos de nadie. Por eso eran muchos los que se temían lo peor viendo los avisos amarillos y naranjas por precipitaciones en forma de lluvia o nieve. Sin embargo el día amaneció con el cielo calmado y el público pudo disfrutar de la fiesta... hasta las 13.10. A esa hora empezó la chaparrada y la plaza de Unzaga, hasta entonces repleta, se despejó.

La Feria agrícola de San Andrés celebraba este año su edición número 39 y lo hizo con el reencuentro entre compradores y productores. Son muchos los expositores que regresan cada año a Eibar y ya cuentan con adeptos. Dos jóvenes se encargaban de intentar orientar el flujo de visitantes en la carpa de Txaltxa Zelai para evitar aglomeraciones en la medida de lo posible. Más arriba se instaló la exposición de animales, lugar de peregrinación para ver de cerca más de medio centenar de cabezas de distintas especies y razas.

Los jurados de los distintos concursos comenzaron temprano su tarea y no lo tuvieron fácil para escoger ganadores. En verduras el markinarra Alejandro Arrieta consiguió el primer puesto y una mención por su presentación, y segundo fue el eibarrés Oier Agirrebeña. Otro caserío de Eibar, Gisasola, tuvo una mención del jurado en este apartado. Las frutas quedaron desiertas en su primer premio y el segundo fue para Miren Aguirrezabala, de Gabiria. La mejor miel llegó de Urretxu con Aitor Otegi y segundo fue Eugenio Elorza, de Segura. En quesos se presentaba una amplia variedad, y ganó Baztarrika, de Gabiria, por delante de Aizpea, de Olaberria. El primer premio en pan fue para Lourdes Mazorriaga, de Elorrio, y el segundo para Lorea Lejardi, de Markina. También había premios a la mejor presentación que fueron para el eibarrés Oier Agirrebeña, por delante de la soraluzetarra Ezozi Etxeberria. Finalmente, el premio al mejor caserío eibarrés fue también para Oier Agirrebeña.

Además de los puestos en las dos carpas y la exhibición de animales, los soportales del Ayuntamiento acogieron distintos puestos con caldo y pinchos, y también los integrantes del club de waterpolo Urbat trabajaron a fondo en su puesto de talos en un lateral de la Casa Consistorial. Cerca de allí, en la calle Toribio Etxebarria, se disputó la edición número 15 del Torneo de aizkolaris San Andrés. La representación local supo cómo manejarse en casa ya que en la categoría juvenil Hodei Ezpeleta y Ioritz Gisasola 'Zelai III' ganaron por una diferencia de 45 segundos a Kortxero y Elorriaga. En la categoría absoluta se midieron otras dos parejas y la formada por Ernesto Ezpeleta 'Bihurri' y Pellejero acabó su trabajo en 21 minutos y 30 segundos, tres minutos y medio menos que Alex Txikon y Goizeder Beltza.

Valses y primeras gotas

Los jóvenes trikitilaris de la Escuela de Música y el alumnado de Adolfo Jainaga se encargaron de animar las calles y pasaron también por la feria. También en la plaza sonaron los bertsos antes del comienzo de la romería Plazara Dantzara. Los integrantes del grupo de danzas Kezka y de su escuela poblaron la plaza, pero la llegada de los valses trajo las primeras gotas.

Poco a poco se fueron abriendo los paraguas entre el público y también algunas parejas lo sostuvieron mientras bailaban. Sin embargo la lluvia fue a más y fue momento de cambiar de tercio. Eran las 13.10, y hasta ahí había llegado el tiempo de fiesta al aire libre. Con las entregas de premios la plaza se vació y los soportales del centro se llenaron de gente, tanto como los bares que se convirtieron en refugio. La feria había aguantado, pero a la hora de recoger tocaba mojarse.

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