Diario Vasco

De la represión, a la libertad y al sueño

Javier Guisasola ha escrito un libro en el que se mezcla la realidad de su pasado en Eibar con la ficción venezolana.
Javier Guisasola ha escrito un libro en el que se mezcla la realidad de su pasado en Eibar con la ficción venezolana.
  • Javier Guisasola publica su novela 'La canción incompleta', en la que recoge su pasado en Eibar y su vida en Venezuela

El eibarrés Javier Guisasola (1943), afincado en Venezuela, ha publicado su primera novela, 'Una canción incompleta'. En el primer capítulo, que engancha a su lectura, recoge muchos aspectos de su infancia y juventud en Eibar, en una época en la que la ciudad estaba sumida en un importante desarrollo industrial. En un mundo en el que estaba prohibida la educación mixta (coeducación) y bajo unas costumbres muy retrógradas heredadas por la dictadura franquista, Gisasola recoge el cerrado mundo de la represión sexual, la ignorancia, los malentendidos, las envidias, todo el ideario nacional-católico que se inmiscuyó en la vida privada de los eibarreses regulando cada uno de sus comportamientos, incluso sexuales. «Aquí, los hombres iban por un lado y las mujeres por otro. Se organizaban autobuses para ver la película 'El último tango en París'. Yo creo que los franceses se reían de nosotros. Y en Semana Santa aquí no salía nadie, a la iglesia y a las procesiones como mucho», dice Gisasola. Los personajes son de pura ficción «porque no quiero tener problemas con nadie», señala el autor.

A lo largo de sus páginas propone un viaje a ese pasado donde el sexo por placer se vivía como pecado, y todo ello bajo unos usos sociales tan absurdos que dieron pie a anécdotas y testimonios que rozan lo divertido. «Como había un desconocimiento en aspectos sexuales de la otra persona con la que se contraía matrimonio, había incluso suspensiones de viajes de novios, por decepciones que se padecían o por historias de todo tipo». Incluso se marcaban pautas hasta para determinadas formas de vestir. «Se prohibía pasear en manga corta e incluso el bikini en la playa». Todo esto generaba toda clase de desviaciones y conflictos, «porque se aprovechaba la oscuridad de los cines o de los fuegos artificiales en fiestas de San Juan para actos sexuales. Era increíble lo que se vivió aquí», decía Guisasola.

Gran parte de su marcha de Eibar a Venezuela estuvo motivada por un noviazgo fallido, «pese a estar ambos muy enamorados», con una mujer de superior posición social. En el libro se recogen cómo las envidias por su noviazgo con María Teresa, y la imposibilidad de salir con ella le llevaron a una total frustración. «El pueblo entero estaba en mi contra, literalmente me odiaban por salir con una chica rica», señala en su libro. Comenta también Guisasola que «en Eibar, antiguamente, había muchos restaurantes en la década de los cincuenta o sesenta, cuyos propietarios eran de fuera. El eibarrés no ponía restaurantes. Cuando hacían dinero estos hosteleros se marchaban a vivir fuera. Era un Eibar en el que corría el dinero».

La partida a Caracas

Se marchó a Venezuela con 30 años, arrastrado por aquella decepción amorosa y por los deseos de buscar nuevos horizontes profesionales. En la vida real en Venezuela, nada más llegar se puso a trabajar «afilando las herramientas de corte. Empecé a trabajar con una compañía italiana. Y después de muchas vicisitudes me compré un torno y comencé, mucho más tarde, a fabricar aparatos de control remoto para la apertura de las puertas de garajes. Dado lo problemático del personal, los componentes los encargo a China, que después me remiten a Venezuela».

De inmediato, allí comprendió que «el amor no era pecado», que también se refleja en el libro, y se metió en un mundo lleno de creatividad que le llevó a grandes aventuras con un grupo de entrañables amigos, aunque dos de ellos, según se cuenta en su trabajo, estuvieron a punto de jugarle una mala pasada. Prueba sabores y amores de diferentes colores, con una vida muy diferente a lo vivido. «Allí llegabas a un sitio y existía una libertad de la que se carecía en Eibar. En Caracas salías en grupos en los que había hombres y mujeres, y no iba en cuadrilla nunca, como en Eibar. Las relaciones eran más amables y más sanas». No obstante, ahora todo es muy distinto en Venezuela. «Nadie te ayuda. Ahora no es nada recomendable. Con dinero en Venezuela se gobernaba mal, y ahora sin dinero lo hacen peor». Especialmente critica Guisasola el control de los alimentos que ejercen los militares.

Letras de canciones

La publicación, en el apartado dedicado a Venezuela, en clave de ficción, se centra en los sueños de Gisasola por hacer frente a la fabricación de máquinas sofisticadas, como una para la fabricación de canciones, así como aparatos para detectar las emociones, los estados de ánimo y la producción de las diferentes hormonas, así como otras para regular los decibelios y el uso de las bocinas de los vehículos según su peso. En el propio libro se indica que esta máquina ficticia de fabricar canciones era entendida como «un regalo a la humanidad, cansada de guerras, terrorismo, terremotos, inundaciones, sequías, y todos los males que debemos soportar los habitantes del planeta».

También cuenta el libro cómo acabaron conociendo los protagonistas al actor Robert De Niro. La máquina de fabricar canciones le lleva a incluir las letras de un buen número de canciones que marcaron su vida. Así, se abre el libro con 'Un millón de amigos', de Roberto Carlos, «un exitazo en Venezuela», al que siguen después otras de Manuel Alejandro, Sabina y Agustín Lara, entre otras.

El libro se acompaña de múltiples preparados de «su repertorio de cocina vasca» que se degustaban en las fiestas y comidas que reunían a sus amistades, especialmente a sus amigas, Erika, y su gran amor, Joana, «dentro de una vida llena de amores y desamores». Su trabajo finaliza con un intento de robo de las patentes que iban fabricando, un frustrado intento de asesinato y una feliz boda con una parada en el viaje por nuestra ciudad.

Muestra Guisasola su deseo de volver a Eibar. «Me gustaría volver, pero vender lo que tengo allí va a ser muy difícil. Hay mucho tráfico de dinero negro. Un piso que antes costaba 150.000 dólares ahora no puedes pedir más de 40.000 o 50.000 dólares. Tienes que regalarlo. No hay dólares. Las autoridades amasan los dólares para importar comida, pero la población no tiene acceso a ellos».

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate