Diario Vasco

«Tenía el orgullo de haber sufrido y haber podido darle la vuelta»

Markel Alberdi con los aros olímpicos tatuados en la piel, un sueño hecho realidad.
Markel Alberdi con los aros olímpicos tatuados en la piel, un sueño hecho realidad. / FÉLIX MORQUECHO
  • Se cumplen cien días del sueño olímpico del nadador Markel Alberdi en Río, tiempo de volver a casa y comenzar una nueva vida

Pasar del vaso del polideportivo Ipurua a competir en la piscina olímpica de Río de Janeiro 2016 es un viaje largo con un camino sufrido y un final feliz. Lo sabe bien Markel Alberdi (Eibar, 1990), que hace cien días se lanzaba a la piscina olímpica tras un último año de preparación muy complicado. Después de nadar, nadar y nadar se adapta a una nueva vida en seco, disfrutando del sueño vivido y de todo lo que ha aprendido en el camino.

-7 de agosto, supongo que lo recuerda bien. ¿Qué le viene a la cabeza cien días después?

-De ese día me viene la sensación que tuve al ir a competir, ver que pude controlar los nervios de una manera que hacía tiempo que no conseguía, que pude vivir la experiencia y disfrutar. Lo recuerdo como un momento muy pleno. Físicamente no estaba perfecto pero mentalmente fue el mejor día del año.

-Pero pasan los juegos y regresa del sueño de un nadador a casa, a Eibar. ¿Es como bajar de una nube?

-Es raro. Yo sabía que volvía a casa, era algo planificado. ¡Pero cambia tanto! Antes tenía una rutina y ahora mismo no tengo ninguna obligación. Soy una persona que planifica todo y ahora, aunque sé que es un tiempo para descansar, mi cabeza no lo acepta. Poco a poco estoy mejor pero al principio era muy chocante.

-De Madrid a Eibar.

-También. Aquello era un ambiente muy deportivo en una ciudad llena de oportunidades, y la vuelta a Eibar se hace rara, al principio me sentía un poco encerrado.

-¿Se ve ya como un joven más de 25 años?

-Ocurre que en el momento en el que entré en un ámbito de rendimiento yo me centré totalmente en mi faceta como nadador, en ninguna otra, ¡y las tengo!, como todos. Entonces cuando ahora me aparto de ese 'Markel nadador' porque lo necesito me entran las dudas, ¿qué hago? ¿quién soy? Cuando vine a Eibar me venían estas preguntas. Tras los primeros días y me fui adaptando, pero sí hubo momentos en que me agobiaba. Soy un chaval de 25 años como los demás, pero haber estado tan centrado en mi faceta de nadador me hacía difícil valorarme a mí mismo desde otro punto de vista.

-Ha pasado tres años en un centro de alto rendimiento. Parece el destino ideal para un deportista, poder estar entregado a su deporte todo el tiempo, pero no ha sido fácil.

-Los dos primeros años se me hizo muy fácil. Era algo nuevo, estímulos, personas de las que aprender, una ciudad nueva... Había momentos más duros que otros pero entrenaba muy a gusto, mejorando, todo muy bonito.

-Pero...

-Al final del segundo año me vi cerca de la mínima olímpica. Ese último año no iba a estudiar, me iba a dedicar únicamente a nadar y me dije a mí mismo que lo tenía que conseguir. En vez de como un reto, lo enfoqué como algo obligatorio.

-¿Ahora lo ve como una autoexigencia excesiva?

-Sí, sin duda. Creo que llegué a un punto muy bajo por querer hacerlo todo bien, todo rápido... Sabía que era autoexigente pero este año me he dado cuenta de que puedo llegar a tratarme mal a mí mismo por ello.

-En Madrid estaba a distancia, ¿qué mensajes le llegaban de casa?

-Ni mi familia ni mis amigos me han presionado en ningún momento, pero yo sabía que a ellos les haría mucha ilusión que yo fuera a los Juegos Olímpicos.

-Es activo en las redes sociales...

-Y sé que todos esos mensajes llegan con la mejor de las intenciones y te da pena fallarles. Yo sé que yo mismo me pasé de rosca.

-¿Cuándo lo vio?

-Al principio de la temporada todo iba de lujo, marcaba mejores tiempos que otros años en esa época... Cuando empezaron las competiciones empezaba a comparar las sensaciones, y si no eran como las del año anterior llegaban las frustraciones.

-¿Cómo se dio cuenta de que su cabeza no estaba bien?

-Empecé a dormir mal, cada vez peor, dormía tres horas y me despertaba con el corazón a tope y una tensión muscular... Cuando empecé a notar esos síntomas no quise hablarlo con los compañeros, tampoco al entrenador, a los de casa tampoco quería preocuparles... fue un error. Pensé que sólo podía, pero qué va. Lo que ocurre es que entrenando iba rápido, en el Open de Madrid hice un tiempo buenísimo.

-Pensó que mejoraba.

-Sí, pero yo no era capaz de disfrutar ni viendo la tele, estaba nervioso todo el tiempo... es un nivel de ansiedad que te desgasta. Antes de un campeonato muy importante vi que en una semana había perdido dos kilos. Me dije 'chaval, te has pasado'. En ese campeonato no estaba ni mental ni físicamente, se me veía en la cara. Tenía miedo, estaba amargado... fue la peor competición de mi vida, y para mis padres también. Les dije cómo había estado, ellos también lo pasaron mal y vieron que no era capaz de pensar en positivo.

-¿Se planteó dejarlo?

-Sí. Mi entrenador se enteró en ese momento de que yo había estado así. Yo, en ese momento, no sabía qué quería hacer, me daba igual ir a Río o no, no quería pasar un día más así. Hablé con mi entrenador y le planteé que lo iba a intentar pero necesitaba cambiar cosas. Necesitaba un psicólogo porque veía que de eso no podía salir solo, y además dejé la residencia y me fui a un piso.

-¿Necesitaba salir de allí?

-Sí, la rutina era habitación, entrenar, comer, habitación, entrenar... El recorrido de mi habitación a la piscina eran dos minutos, todo era natación, deporte... me saturaba.

-El cambio no fue bien y comenzó a hacer las maletas. ¿Cuánto tiempo quedaba para los Juegos?

-Cuatro meses. En ese momento me daba igual. Lo que ocurrió fue que me llamaron de la Federación, vi que se preocupaban por mí y... me quedé. Me dieron toda la libertad del mundo y empecé poco a poco a darle la vuelta. Dormía un poco mejor, seguía entrenando pero todo era parecido. Y aún quedaba el Europeo donde teníamos que conseguir la plaza para ir a Río. Me decía 'esto va a ser largo'. Estaba desgastado física y emocionalmente.

-En principio no consiguieron la clasificación para Río por un puesto, y tocó esperar a que Gran Bretaña renunciase a su plaza.

-Un domingo me llamó mi entrenador y me dio la noticia. Tenía delante un cartel que me habían mandado mis padres que decía que el camino será difícil, pero al final valdrá la pena. Exacto. Fue una gran alegría, sabía que iba a ir a los Juegos, cogí aire.

-Recta final.

-Tocaba entrenar cada vez menos, iba trabajando con el psicólogo... y sabía que quedaba un mes. Llega la equipación, el día de irse y todo eran cosas nuevas. Aprendí a centrarme en pensamientos positivos.

-Nada menos que las Olimpiadas.

-¡Es la hostia! Veía el Cristo del Corcovado y decía 'mira dónde estamos'. Llegas a la Villa Olímpica y hablas con Gasol, con Nadal, más estímulos positivos...

-Y llegó la carrera.

-Sabía que ahí se acababa, quería disfrutar y ver lo positivo. El sueño era ese. Yo nadaba primero, con la responsabilidad de lanzar bien la carrera. Con el psicólogo aprendí a centrarme en lo que yo podía controlar, y la verdad es que nadé como yo quería, totalmente diferente a lo habitual en mí.

-¿Cambio de estrategia?

-Sí, tengo los primeros 50 metros bastante buenos, y siempre salgo a tope, pero en los últimos 15 metros me toca sufrir. Esta vez salí más tranquilo pero acabé bien y les fui cogiendo. Estoy orgulloso porque en ese momento de confusión conseguí hacer lo que yo quería. Hice una décima más que mi mejor marca, que es el récord de España, más no podía pedir. Me quedaba animar a mis compañeros en unos Juegos Olímpicos. Tenía el orgullo de haber sufrido y haber podido darle la vuelta.

-Maider Unda se retiró hace pocas fechas y hablaba de cumplir el 'sueño olímpico'. ¿Lo definiría así?

-Sí. Soy consciente de que lo he pasado mal, de verdad mal este año, pero a mí la natación me ha dado satisfacción, experiencias, he aprendido muchísimo. Este año me he dado cuenta de que esto era disciplina de verdad. Antes entrenaba a gusto, y este año ha sido algo forzado. He ido contra mi cabeza todos los días, y de eso se aprende. En el último año he crecido como persona, he aprendido a conocerme, con ayuda he aprendido a manejar mis pensamientos... Y además tuve el premio de ir a las Olimpiadas, disfrutar y hacerlo bien. Los Juegos Olímpicos son más que un sueño.

-¿Y ahora?

-Mi cabeza está en adaptación. Voy a la piscina, duro 20 minutos y me voy. Me cuesta nadar por disfrute, prefiero hacer otro deporte.

-¿Se da por retirado?

-No lo sé. Nunca he estado en esta situación, no sé cómo voy a estar dentro de unos meses. Lo que tengo claro es que no me voy a forzar, hay mil cosas más que la natación.

-Toca acabar los estudios.

-Me queda una asignatura de Ingeniería Mecánica, y en una semana voy a empezar el proyecto en IK4-Tekniker. Ahí sí que tengo puesta mucha ilusión, es un sitio fantástico y tengo muchas ganas de volver a ese camino de los estudios.

-¿La natación le ha dado más de lo que le ha quitado?

-Mil veces más.

-¿Y la alta competición?

-También. Probablemente me ha dado los únicos meses oscuros de mi carrera en la natación, pero sé que esos meses me han ayudado a crecer como persona y como deportista. Lo he pasado mal pero saco lo positivo. También se tiene que saber que el camino no es fácil. Es duro entrenar seis o siete horas al día con una exigencia de una décima menos o un kilo más en las pesas. Hasta el descanso era una exigencia, y si te pilla un bajón de estos... El deporte de alto rendimiento se disfruta pero hay que saber sufrirlo.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate