Diario Vasco

Terranova, Trafalgar y la Cofradía de Mareantes

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‘Mutriku y el mar’. Es el título de la pequeña exposición que alberga el Museo Bentalekua. / Lobo Altuna

  • El Museo Bentalekua, ubicado en el puerto mutrikuarra, es testigo de la historia arrantzale de un municipio que todavía es clave en nuestra industria pesquera. Entre imágenes de Antonio de Gaztañeta y Cosme Damián Churruca destaca una original máquina inaugurada en 1924 que servía para subastar el pescado

Todo en Mutriku te acaba llevando al mar. Su configuración urbanística te arrastra al Cantábrico aunque no lo quieras. A un puerto que ha sido punto de partida a lo largo de los siglos para innumerables guipuzcoanos que debieron dejar su tierra para buscar el mejor de los futuros. A un mar vigilado a diario por familias que aguardaban meses antes de ver regresar a sus seres queridos. Así se ha forjado Mutriku a lo largo de estos últimos ocho siglos, unida irremediablemente a la mar y a la pesca.

1209 fue el año de la fundación del municipio, uno de los primeros en hacerlo en Gipuzkoa. De nueve años antes son los primeros escritos, de los que se tiene constancia, en los que se cita al municipio. En ellos se hablaba de que el núcleo urbano mutrikuarra estaba organizado para llevar a cabo una actividad como la pesca de la ballena. Desde Mutriku hasta Terranova (Canadá) hace ocho siglos. Imagínense la odisea. «Y no solo pescaban ballenas, el de Mutriku era un puerto muy activo en la pesca de otras especies. Había mucha actividad. Todo ello, y muchas más cosas, las explicamos en Bentalekua», cuenta Marta Amonarriz, responsable de la oficina de turismo del municipio

Nombres propios

El Museo Bentalekua está situado en el inicio de la calle Muelle, en un edificio llamado Cofradía Vieja. Todo en este coqueto museo tiene reminiscencias de un pasado ligado a la mar pero no solo desde el punto de vista pesquero. La transformación física del entorno del puerto mutrikuarra, los grandes nombres de ingenieros y militares nacidos en el municipio y la importancia empresarial de la villa en el sector pesquero ocupan un lugar destacado en el centro.

Observando los cuadros de Bentalekua llama mucho la atención la transformación que con el paso de las décadas ha tenido el puerto mutrikuarra. Amonarriz destaca el legado de dos hombres en este campo, «Evaristo Churruca fue el que diseñó los diques que dan forma al puerto actual y Ramón Iribarren ofreció la solución al problema que tenía Mutriku con las olas que se formaban dentro del puerto. Hoy en día, con el último dique construido, tenemos, en teoría, la solución definitiva a este problema. Además también contamos con la única central de energía a través de las olas que hay en Europa, gestionada por el Ente Vasco de la Energía».

Pero hay más nombres destacados. Personajes que trascienden de la propia villa y que fueron respetados en el Viejo Continente. Los presenta Amonarriz. «Para empezar, hay que nombrar a Antonio de Gaztañeta. Fue un hombre muy importante entre los siglos XVII y XVIII. Fue uno de los mejores constructores navales que hubo. De hecho había un Real Decreto que decía que las naves de la Marina Real debían ser construidas bajo sus diseños. Se sabe que holandeses e ingleses, sobre todo, copiaron sus sistemas constructivos. Es un personaje guipuzcoano que fue un precursor, muy destacado, y que sin embargo la historia ha dejado un poco olvidado. Y aquí nos gusta recordarlo, fue una persona fundamental. El precursor del movimiento ilustrado en el País Vasco. Era una de las personas que ya comenzaba a reunirse con jauntxos de Lekeitio», comienza explicando. También destaca, cómo no, a Cosme Damián Churruca, «fue brigadier de la Marina Real y un gran cartógrafo de la época, reconocido a nivel europeo. Participó en expediciones a América. Además fue uno de los héroes de la batalla de Trafalgar. Batalló contra Nelson. De hecho era un personaje tan reconocido que cuando los ingleses se dieron cuenta de quién era el que comandaba la nave que habían abordado le hicieron funerales de honor en alta mar. Murió con 44 años. Después los ingleses, encontraron un cabo y le pusieron como nombre ‘cabo Churruca’, en su honor. Era una persona muy prestigiosa. Y en el municipio también muy importante. Trajo, junto a otros vecinos, todas las ideas ilustradas a la villa», señala.

Tras conocer a los hombres que diseñaron los primeros bocetos del Mutriku que hoy conocemos, nos encontramos en Bentalekua con multitud de recuerdos marinos de otra época. Empezando por el estandarte de inauguración del edificio, la Cofradía de Mareantes de San Pedro de Mutriku de 1924, y siguiendo por lo que fueron oficios vinculados históricamente a la pesca, la mayoría de ellos desaparecidos por la industrialización. «Hay un banco de anzuelos, para mostrar que desde aquí se vendían a toda Gipuzkoa. Boyas antiguas de corcho, de cristal, nasas... Y también dedicamos otro espacio a las conserveras», anuncia nuestra guía, quien continúa, «ha sido una industria muy importante en Mutriku. Actualmente cerca del 45% de las conserveras de Gipuzkoa están aquí. Estas empresas dieron trabajo a una buena parte de la población de la costa que se quedaba en tierra, desde mujeres a niños. Las generaciones de los mutrikuarras de 65-70 años recuerdan que salían de la escuela e iban a la conservera a quitarles la cabeza a las anchoas. Era lo habitual en la época». Lo que también recuerdan los vecinos más veteranos de Mutriku es el descenso en el número de barcos que operaban desde su puerto. Hace 30 años había cerca de 25 barcos de pesca, hoy en día solo quedan 3 de pesca artesanal.

Tensión en las subastas

Tras conocer a grandes trazos la histórica relación de Mutriku con el mar llega la hora de prestar atención a la joya de la corona: una máquina única utilizada para la subasta del pescado. Se inauguró en 1924 para dar carpetazo a la antigua manera de vender el pescado. Solo causaba tensiones en el pueblo. Lo cuenta Amonarriz, «antes las subastas se hacían en un edificio muy cercano a Bentalekua, llamado Lonja Zaharra. El edificio está en pie y allí se mantiene una balanza del siglo 18. Cuando llegaba el pescado se hacia una subasta a viva voz. Se pesaba y después se hacía la venta. Pero era un sistema que generaba conflictos y por eso se construyó esta máquina que daba solución a esos problemas que generaron enemistades a algunas familias. Este sistema que se puede visitar aquí es el antecedente mecánico de las actuales subastas electrónicas que tienen la misma filosofía».

El uso de este artilugio era muy sencillo, «se iba lanzando una bolita con el precio de salida del pescado, hasta que alguien de los presentes pulsaba el botón para comprar. Y después se elegía la cantidad de pescado que se compraba. Primero el precio y después la cantidad», explica la responsable del turismo local.

Tras la explicación de rigor, otra curiosidad que puede sorprender a los no iniciados en temas pesqueros, la fuerte implantación de ciudadanos italianos en Mutriku. «Los italianos vinieron a la costa guipuzcoana a por la anchoa. Y fueron los que fundaron la industria conservera en la villa. Compraban muchos kilos de pescado y si había poca pesca se adelantaban en la subasta. Estamos hablando de una práctica que ha durado desde finales del siglo XIX hasta finales del pasado. Los italianos trajeron aquí toda la industria conservera moderna. En Gipuzkoa se hacían salazones y escabeches, pero para conservar otras especies más apreciadas, no para la anchoa. Los italianos dentro de su cultura gastronómica venían persiguiendo la anchoa. Era un producto muy importante para ellos. Y por este motivo se asentaron muchas familias italianas en el municipio. Por todo ello, hoy en día en Mutriku hay mucho vecinos con apellidos italianos».

El Museo Bentalekua de Mutriku estuvo activo para las subastas hasta los años 80 y como define Marta Amonarriz, «es todo un homenaje a la vida de Mutriku, a los hombres en el mar y a las mujeres en tierra».

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