Diario Vasco
Exposición. Blanca Mata Fauri en la biblioteca.
Exposición. Blanca Mata Fauri en la biblioteca. / FÉLIX MORQUECHO

«No acuden a las bibliotecas porque no encuentran materiales para ellos»

  • Los distintos colectivos con dificultades lectoras, un 30% de la población, son los principales destinatarios de los libros de lectura fácil

La biblioteca Juan San Martín mantiene hasta el viernes una exposición informativa acerca de la lectura fácil. La promotora de este movimiento en Euskadi, Blanca Mata Fauri, estuvo en Eibar para dar a conocer un formato que busca el ideal de la 'democracia lectora'.

-Empecemos por lo básico, ¿qué es la lectura fácil?

-Es un movimiento de carácter internacional que pretende acercar la lectura a personas que, en principio, tengan dificultades lectoras o de comprensión lectora. Hablamos de acercar la lectura en todas sus vertientes, tanto la literatura como la información, etcétera.

-¿Cualquier texto?

-Sí, hablamos de cualquier escrito porque tiene que ver con el derecho de todas las personas al acceso a la cultura, la lectura y la información.

-Llama la atención el porcentaje de personas con dificultad para leer.

-Sí, es el 30%. Llama mucho la atención porque son tres personas de cada diez. Esa es la cifra que se da en países desarrollados como el nuestro. Engloba a grupos muy diferentes entre sí. Hay personas que tienen problemas de comprensión lectora durante toda su vida, y también las que lo tienen de forma transitoria.

-¿Qué colectivos comprende?

-Están las personas inmigrantes que, en un primer momento, no conocen suficientemente bien el idioma, todo lo que engloba la discapacidad intelectual, los trastornos del aprendizaje, otro tipo de trastornos como el autismo, el analfabetismo funcional... También está el colectivo de personas mayores, que va en aumento. Pueden ser personas que han sido lectoras pero que por la edad o por el deterioro abandonan ese hábito. Y hay personas mayores que nunca se han acercado a la lectura. Son muchos colectivos y muy variados.

-¿Qué tienen en común?

-Es gente adulta que en el ámbito de la lectura no encuentra formatos accesibles para poder disfrutar de la lectura como un placer. Pero les ocurre también en el ámbito de la información. Si para el conjunto de la sociedad a veces es complicada la comunicación escrita con la administración, para gente con dificultades lectoras muchísimo más. Toda la ciudadanía tiene derecho a recibir una información clara, sencilla y comprensible.

-¿Cuánto tiempo se lleva trabajando en esta dirección?

-En Euskadi es algo bastante novedoso. No se conocía hasta que hace unos dos años nació Lectura fácil Euskadi como entidad de referencia. Es cierto que en el ámbito de la discapacidad intelectual sí habían oído hablar de la lectura fácil. Es algo que nace a finales de los años 60 en los países nórdicos, y nació muy enfocado a las personas con discapacidad intelectual. Pero luego se vio que los posibles beneficiarios eran muchos otros. A España no llegó la lectura fácil hasta el año 2003 cuando se crea en Cataluña la asociación Lectura Fácil, y la verdad es que prácticamente es allí donde se ha desarrollado.

-¿Cuesta llegar a los lectores potenciales?

-Sí, porque las personas con dificultades lectoras normalmente no leen, no acuden a las bibliotecas porque no encuentran materiales para ellos. Una vez que das a conocer estos materiales a estas personas o a profesionales que trabajan con estos colectivos, señalan que son una herramienta muy útil de fomento de la lectura y de la comunicación.

-Habrá quien lea este formato de libros por gusto.

-Hay gente que lo necesita sí o sí, pero lo que para unos necesidad para otros es comodidad. Tiene que ver con la accesibilidad. En estas últimas décadas se ha trabajado mucho la accesibilidad física, rampas, ascensores... pero la accesibilidad cognitiva es todavía un campo por explorar. Entonces, igual que los que no tenemos necesidad también usamos la rampa o el ascensor, también ocurre que por comodidad podemos usar esos materiales.

-¿Podemos encontrar los mismos títulos?

-En el campo de la literatura podemos encontrar novelas que son adaptaciones de libros que ya existen como clásicos de la literatura. Pero también hay obras de algunos autores vivos que permiten que sus obras se adapten a lectura fácil.

-En la práctica, ¿cómo se hace lectura fácil?

-Es muy difícil. Sigue unas directrices internacionales, marcadas y pautadas, y los libros llevan un logotipo que los avala. Se adaptan más fácilmente obras clásicas porque no están sujetas a derechos de autor, pero también hay escritores, escritoras sobre todo, que escriben sus obras en el formato de lectura fácil. Estas experiencias se han dado en Cataluña. Hasta hace poco el gran vacío era la falta de lectura fácil en euskera y desde hace unos meses ya tenemos los primeros títulos.

-Actividades como la que ha llegado a Eibar sirven para dar a conocer la lectura fácil.

-Sí, sobre todo porque las bibliotecas son un motor fundamental para el desarrollo de la lectura fácil, albergando materiales y dándolos a conocer. Lo que pasa es que llegar al público al que va dirigido es difícil, no son usuarios habituales de las bibliotecas. Por eso hay que hacer una labor de difusión a través de entidades que trabajan con estos colectivos, con el mundo educativo... Y otra herramienta potente son las actividades de dinamización como los clubes de lectura fácil.

-¿Existen?

-En este momento en España habrá unos 140 clubes de lectura fácil. El 90% está en Cataluña pero en Euskadi empiezan a tener auge. Un club de lectura fácil sigue otro tipo de dinámicas pero de lo que se trata es de que esas personas disfruten de la lectura y, en este caso, de forma compartida. Y aunque los hay en bibliotecas, también llegan a lugares menos habituales como residencias de mayores, grupos de inmigrantes o incluso cárceles. Gipuzkoa va un poco por detrás de Bizkaia en este sentido pero hay experiencias como Oñati, donde la responsable de la bibliotecaria dinamiza un grupo en la EPA (educación para adultos), también los hay en asociaciones de discapacidad intelectual, etcétera.