| Cómo vestir en una boda de alcurnia |
Las pautas de etiqueta
no dejan margen a las extravagancias. Los tonos pastel, la seda y
las pamelas ponen color a una ceremonia real.
Ni blanco ni negro, ni ultracorto ni largo, ni sosa ni excesiva. A
la hora de vestirse para una boda real, apostar por las medias tintas
–o más bien, por ese difícil equilibrio entre
sobriedad y exquisitez que suele llamarse elegancia– es hacerlo
a caballo ganador. En principio, dar con la fórmula del éxito,
en la que coinciden, con algunos matices, todos los diseñadores,
parece al alcance de cualquiera de los 1.400 invitados del enlace.
Para ellas, traje de chaqueta con falda o vestido a la altura de la
rodilla –centímetro arriba, centímetro abajo–,
tejidos nobles como la seda, pamela –la favorita– o también
tocado, zapato de medio tacón –mucho mejor que la sandalia–,
bolso pequeño –de asa corta, de tipo cartera o limosnera,
nunca estilo ‘joya’–, pocas alhajas, escote a buen
recaudo y maquillaje sin estridencias. Para ellos, chaqué y
nada de extravagancias. Exactamente, tal como aconsejan las invitaciones
enviadas por la Casa Real – ‘Señoras, traje corto.
Caballeros, chaqué’– y las normas elementales del
buen gusto.
No obstante, y pese a los diáfanos y estrechos dictados de
la etiqueta, no parece tarea fácil elegir modelo para un acontecimiento
que se convierte en una publicitadísima pasarela retransmitida
a medio mundo por obra y gracia de los 5.600 medios de comunicación.
Como primera medida, hay que evitar coincidir en color o diseño
con el resto de invitadas –de eso se encargan las propias firmas
o las secretarías de los asistentes de la realeza– y
huir de los excesos para no eclipsar a la novia.
Dos o tres vestidos
Eso sí, no es preciso encomendarse a Santa Clara para que no
llueva, porque las convidadas a un acto social de semejante enjundia
se cuidan muy mucho de asegurarse «un doble o triple cambio»
–es decir, dos o tres trajes distintos– para elegir sobre
la marcha en función del clima «y del ánimo y
la cara con que se levanten de la cama», según señala
una estilista fogueada en los ambientes más ‘chic’
de la capital, que apunta también la posibilidad de que las
grandes casas de moda acepten meter tijera «a un modelazo divino
de noche» para adaptarlo a las férreas exigencias de
un enlace mañanero y de postín.
También lo corroboran los creadores españoles, que llevan
meses trabajando en los encargos para el enlace, la mayoría
de ellos previos incluso a la invitación. La diseñadora
catalana Margarita Nuez, que ya vistió a la Reina en la boda
de la infanta Cristina, ha vuelto a ganarse la confianza de doña
Sofía para esta cita. Del modelo, que combina con un par de
zapatos del alicantino Pepe Rico, únicamente desvela que es
en tono «claro» y «probablemente» largo –sólo
a la madrina se le permite tal licencia–.
Del resto de diseños que está cosiendo para la ceremonia,
Nuez da pistas someras: serán conjuntos de vestido con abrigo
o chaqueta, en colores «pálidos» tipo pastel y
con posibilidad de incorporar acabados bordados o en pedrería,
pero siempre sumamente tenues y delicados. Su receta, dice, se resume
en «rigor, sobriedad y buen gusto».
Algo más permisivos se muestran otros diseñadores, como
el presidente de la Asociación de Creadores de Moda de España,
Modesto Lomba, que, aunque asegura no haberse impuesto limitaciones
cromáticas, sí apuesta decididamente por tonos «vivos
y alegres» que hagan juego con «esa típica luz
de Madrid» y con las distintas variantes de la seda que propone:
gasa, ‘georgette’ o incluso con mezcla de lana. Lomba
aconseja también decantarse por las mangas tres cuartos y las
toreras en sustitución de los abrigos –aunque sean livianos–
y evitar así sofocos durante el convite, ya que chaquetas y
sombreros deben permanecer sin excepción sobre los hombros
y cabezas de sus dueñas.
Colores nublados
Sin perder esa exquisita discreción –«lo
que puedo decir lo digo y lo que no, me lo callo»–, Pedro
del Hierro avanza sus claves y explica que, en su opinión,
«sobran» los bordados y triunfan los beiges y rosados
«nublados» en tejidos «preciosos, pero adecuados
para las once de la mañana», como los tules de algodón.
No obstante, el modisto vaticina el predominio de los colores fuertes
y rotundos entre aquellas damas que prefieran verse «favorecidas
y con buena cara» antes que escalar puestos en el ‘ranking’
de las más elegantes. Y también adelanta, tímidamente,
algunos detalles de los diseños que prepara para el acontecimiento:
un traje «con bajo recortado y desigual», un vestido con
blusón superpuesto, otro entallado y con cinturón «muy
años cincuenta» y un chaqué «precioso, todo
entero en gris» que lucirá un chico «muy alto y
con muy buena planta, que va a estar guapísimo».
Purificación García,ensalza las flores casi imperceptibles
para enriquecer las telas y los estilosos tonos maquillaje y polvo
de oro. Por encima de las consabidas chaquetas, toreras y abrigos
primaverales, García apuesta por una prenda más rompedora
y de plena tendencia: el ‘trench’ o gabardina, realizada
en organdí. También da su voto a las pamelas de ‘pamdam’,
un material sintético de especial refinamiento, que recomienda
teñir en tonos conjuntados con el bolso y los zapatos.
Pamelas y tocados
Y es que la pamela, el complemento preferido de los gurús
–el tocado «envejece», según del Hierro–,
requiere un capítulo aparte, además de un minucioso
estudio previo de los rasgos faciales y una renuncia a tiempo de las
invitadas más bajitas, a quienes ‘achataría’
aún más la figura.
La diseñadora Natalia Hernández, de la firma Ene de
Rivera, aconseja llevarlas «no excesivamente grandes»
y nunca con gafas. Si la invitada prefiere finalmente el tocado –más
cómodo, si se tiene en cuenta que la cortesía prohíbe
descubrirse durante el banquete–, Hernández, como casi
todos sus colegas, apuesta por los materiales naturales y las plumas,
eso sí, «discretas y suaves».
Para un pelo perfecto incluso a cubierto, el peluquero Alberto Cerdán
da las claves. Si el sombrero cae sobre la frente, el cabello debe
peinarse «hacia un lado y plano, aunque no engominado»;
si el tocado cubre la nuca, es preferible optar por un recogido triangular. |
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