| La vida del Príncipe
de Asturias se ha caracterizado por una intensa formación
orientada a afrontar en las mejores condiciones su futuro como Rey
de España
Un
niño de siete años muy serio vestido de traje. La
imagen es inevitable en toda galería de fotos que intente
reflejar la vida de Felipe Juan Pablo Alfonso de la Santísima
Trinidad y Todos los Santos de Borbón y Grecia, nombre completo
del Príncipe de Asturias. Cuando se tomó aquella instantánea,
el día de la proclamación de su padre Juan Carlos
I como Rey de España, el 22 de noviembre de 1975, aquel niño
tímido y encorbatado todavía no había recibido
el título que ostenta ahora. Faltaban dos años, y
para los españoles de a pie no era más que el hijo
menor de los hasta entonces príncipes de España, a
pesar de la precedencia dinástica que ostentaba. Sin embargo,
aquel día Felipe comenzaba su larga carrera como heredero
de la corona del Reino de España.
Felipe de Borbón nació en la madrileña clínica
de Nuestra Señora de Loreto el 30 de enero de 1968. Su vida
hasta que fue proclamado Príncipe de Asturias transcurrió
en el relativo segundo plano que ocupaba la Familia Real entre la
etapa final del franquismo y el nacimiento de la democracia. A partir
del 1 de noviembre de 1977, el ya Príncipe de Asturias, título
recuperado para él, comenzó a ser un personaje conocido,
sobre todo por su faceta de estudiante. El Príncipe Felipe
ha pasado buena parte de su vida preparándose para ser Rey.
Cursó estudios de Preescolar, Educación General
Básica y Bachillerato Unificado Polivalente, como cualquier
niño, hasta 1984. En ese período también pudo
aprender de primera mano el oficio de Rey durante el golpe de Estado
del 23 de febrero de 1981. Esa noche, cuando Tejero retenía
pistola en mano a los representantes de los ciudadanos españoles
en el Congreso de los Diputados, el Rey llamó a su hijo,
entonces un niño, para que le acompañara durante la
solución de la intentona golpista. Ese mismo año presidió
su primer acto oficial, con lectura de discurso incluida, durante
la entrega de los primeros premios Príncipe de Asturias,
un acto que ya ha repetido en 23 ocasiones con la edición
celebrada el mes pasado.
Un estudiante más
Finalizado el BUP, Felipe estudió un curso que ya apuntaba
que su formación no iba a ser un mero trámite. El
Príncipe vivió el equivalente al COU en inglés,
en un colegio canadiense, el Lakefield College School, donde permaneció
un año y en el que tuvo que compartir habitación con
otro estudiante, como uno más. Después llegó
la formación militar. Nada menos que tres años dedicados
a estudiar en la Academia General Militar de Zaragoza, en la Escuela
Naval Militar de Marín y en la Academia General del Aire
de San Javier, recibiendo en 1989 los despachos de Teniente de Infantería,
Alférez de Navío y Teniente del Arma de Aviación.
Tres años antes, al cumplir la mayoría de edad, el
Príncipe ya había jurado ante las Cortes su fidelidad
a la Constitución y al Rey, y asumido la plenitud de su papel
institucional como sucesor a la Corona. El acontecimiento, entre
otras cosas, contribuyó a engrosar su ya de por sí
apretada agenda de actividades, que empezó a incluir visitas
de Estado.
Deportista
Precisamente, en 1987 el Príncipe Felipe realizó
su viaje de prácticas como guardamarina en el buque escuela
de la Armada Juan Sebastián Elcano. Durante la travesía,
el futuro rey fue recibido por los presidentes de la República
Argentina, Brasil, Estados Unidos, República Dominicana y
Uruguay. Entre curso y curso, el Príncipe daba rienda suelta
a su conocida faceta de deportista. Su imagen a bordo de un velero
o calzando unos esquíes se ha convertido en un lugar común,
y todos recuerdan su participación como abanderado del equipo
nacional durante el desfile de inauguración de los Juegos
Olímpicos de Barcelona, en 1992.
El Príncipe regresó a las aulas en la Universidad
Autónoma de Madrid, donde se licenció en Derecho y,
además, cursó varias asignaturas del área de
Economía. Para rematar su formación, obtuvo un Master
en Relaciones Internacionales en la Universidad estadounidense de
Georgetown. No es un secreto que la política internacional
se encuentra entre las preferencias de Don Felipe. Él mismo
selecciona los actos a los que asiste en un programa que, como poco,
se podría calificar de 'abultado'.
|