«Es un reto superado»

Ironman Barcelona 2017. Toño Cuñado entrando en meta.
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Ironman Barcelona 2017. Toño Cuñado entrando en meta.

«No me gusta hablar de tiempos, porque no voy buscando una marca. Busco la satisfacción de terminar», explica Toño Cuñado acaba de participar en su tercer Ironman, el de Barcelona

MARISOL FERNÁNDEZ ZUMARRAGA.

Toño Cuñado acaba de completar su tercer Ironman, el de Barcelona, que se celebró el pasado 30 de septiembre. El zumarragarra confiesa que hace cinco años «hacía un largo en la piscina y ya estaba agotado» y «ni siquiera tenía bicicleta». No obstante, se planteó el reto de participar en esta prueba que consiste en nadar 3.800 m, recorrer 180 km en bicicleta y finalizar con un maratón, esto es, correr 42,2 km. Entrenó y lo consiguió. «Fue un antes y un después en mi vida. Dejé muchas cosas atrás», afirma. En tres años ha participado tres veces, dos en Barcelona y una en Mallorca. «Es un reto superado. Te da mucha fuerza», afirma.

A Toño Cuñado, de 43 años, siempre le ha gustado el deporte. «Jugué varias temporadas en el Urola de fútbol y después, con 29-30 años empecé a correr. He participado en muchos maratones y la de este año será mi decimocuarta Behobia», explica.

Después de practicar atletismo durante varios años, en un momento dado el zumarragarra se planteó participar en un Ironman. Por aquel entonces «ni siquiera sabía nadar bien». Lo primero que hizo fue «un cursillo en el polideportivo Ispilla con Iñaki Guinea. Después, empecé a entrenar y poco a poco fui participando en pruebas de natación de diferentes distancias». Asimismo, se sumó al equipo de triatlón Urola TK. «También me compré una bici y empecé a entrenar», añade.

Su discilina favorita es «correr, porque es lo que he hecho siempre, pero la natación ha sido un grandísimo descubrimiento para mí». Su punto débil es «la bicicleta. Me cuesta mucho salir a entrenar porque tuve un susto con un camión... Para el último Ironman he entrenado casi siempre en interior sobre rodillo, por ese motivo», justifica.

Después de «un par de años» preparándose, Cuñado participó en 2015 en su primer Ironman, en Barcelona. Lo completó. «No me gusta hablar de tiempos -aunque son más o menos decentes- porque no voy buscando una marca. Busco la satisfacción de terminar, eso me da mucha fuerza», sostiene.

El zumarragarra explica que para tomar parte en una prueba de estas características, cuya media ronda «las once horas» es necesario estar «bien físicamente y muy bien, mentalmente. Yo diría que es un 40/60». El Ironman es una prueba «muy dura, que requiere de muchas horas de dedicación, mucho tiempo y mucha constancia. Eso es lo más duro, lo que conlleva detrás. El día de la prueba también es duro. Durante esas once horas la cabeza va trabajando. Hay momentos de debilidad en los que físicamente estás agotado, tienes una lucha constante para no rendirte y eso es lo que al final te hace sentir bien. Ganar esa batalla, no abandonar».

Cuñado afrontó su último Ironman, el del pasado 30 diciembre, «con la preparación no todo lo bien que me hubiera gustado. No iba seguro del todo, por eso fui reservándome. Mi objetivo era terminar y lo pude hacer dignamente, eso que en el km 30 de la maratón tuve un momento de debilidad importante del que me pude reponer y continuar».

El triatleta tiene intención de continuar con este deporte. «Ahora me gustaría hacer algún Ironman especial como puede ser el de Austria o el de Copenhague. La inscripción para el Ironman de Barcelona se agota en unos días, pero la del de Austria lo hace en unas horas», indica.

La próxima cita de Cuñado es el 12 de noviembre con la Behobia-San Sebastián, una prueba que le gusta especialmente. «Sigo disfrutando un montón y la valoro igual. Yo no soy profesional, para mí la satisfacción es terminar». Además, cuenta con unos fans que le acompañan en todas sus competiciones, sus hijos Unax y Maddi que son «los que me dan la fuerza».

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