«Debutamos en Urnieta con una gran nevada»

Primer equipo de baloncesto, La Salle Castellblanch (1967). Arriba. Francisco Alberdi, Andoni Ormazabal, Javier Iraeta, Antón Rodríguez, Pedro Epelde y Carlos Arrizabalaga. Abajo. Hermano Epifanio, José Ramón Lasa, Paco de Miguel, Carlos Ausserlacheider, Txomin Murua y Joaquin Rodríguez.

Algunos de sus miembros convocan a quienes formaron parte del mismo a una comida que se celebrará el día 28Se cumplen cincuenta años del equipo de baloncesto La Salle Castellblanch

MARISOL FERNÁNDEZ ZUMARRAGA.

«Debutamos el 30 de octubre de 1967 en Urnieta, contra los Salesianos, y había una nevada impresionante. Todavía no teníamos el chándal y fuimos con las gabardinas. Para jugar nos frotábamos las piernas y los brazos con alcohol», recuerdan Paco de Miguel y Joaquín Rodríguez. De lo que no se acuerdan es del resultado, pero «perdimos, ellos llevaban años jugando y nosotros no habíamos hecho más que empezar. Eso sí, en el partido de vuelta les ganamos, en casa no nos ganaba nadie», aseguran.

De Miguel y Rodríguez son dos de los jugadores de aquel primer equipo de baloncesto de La Salle que surgió de la mano del hermano Epifanio y de José Luis Esnal, miembro de la junta directiva de la Asociación de Antiguos Alumnos. «Epifanio era el encargado del taller de lo que entonces se llamaba 'artes y oficios'. Estaba haciendo las canastas e hicimos una especie de apuesta para ver ver quién terminaba antes, si él con las canastas o yo formando un equipo. Al final entre los dos lo sacamos adelante», explica el propio Esnal.

En aquellos tiempos el baloncesto era un deporte minoritario. «En La Salle había atletismo y balonmano, pero el primer equipo de baloncesto fue el nuestro. Era un equipo escolar y federado, militaba en la liga Juvenil. Entonces no era como ahora que los chavales juegan desde pequeños. Nosotros empezamos con 15-16 años y el equipo se mantuvo durante cuatro temporadas», recuerdan los jugadores.

El grupo contaba con su propio patrocinador. «En Gipuzkoa no había otro equipo tan uniformado como nosotros. A través de Piedad, que tenía una tienda de bebidas y licores enfrente de la iglesia, consiguieron que nos patrocinase Castellblanch. Teníamos la equipación corta, chándal e incluso la bolsa con el nombre de La Salle Legazpi».

Los entrenamientos se llevaban a cabo en el centro escolar. «Entrenábamos todas las tardes: de dos a dos y media, antes de las clases de la tarde, y cuando salíamos. Empezábamos de cero y no sabíamos ni botar el balón. No teníamos técnica, pero teníamos ganas. Ganábamos por pundonor», recuerdan los jugadores,

Los partidos se disputaban en distintos municipios de Gipuzkoa, «Ordizia, Beasain, Tolosa, Bergara, Irun, Donosti...». Para los traslados contaban con la Asociación de Antiguos Alumnos. «Nos llevaban en sus coches, porque nuestros padres no tenían. Una vez, yendo a un partido había un accidente mortal en la recta de Irura. Llegamos tarde, pero jugamos», dice De Miguel. «Entonces no había móviles ni nada, pero se solucionó», apunta Rodríguez. «Después de los partidos nos invitaban al hamarretako o nos llevaban a ver el ciclo-cross», recuerdan.

Para celebrar el aniversario, los dos exjugadores convocan a quienes formaron parte del equipo durante sus cuatro años de existencia a una comida que se celebrará el día 28.

Los interesados en acudir pueden llamar a los siguientes números de teléfono 650 182 509 (Paco) o 685 791 166 (Joni). El restaurante se decidirá en función del número de comensales.

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