Diario Vasco

«No hicimos cumbre, pero volvimos con otras muchas cosas»

En el Khan Tengri. Mikel Díez durante la ascensión a esta montaña el pasado verano.
En el Khan Tengri. Mikel Díez durante la ascensión a esta montaña el pasado verano.
  • Mikel Díez proyecta hoy, a las 20.00 horas, el audiovisual 'Khan Tengri: mendizaletasunaren hizkuntza', en el Zelai Arizti aretoa

«No hicimos cumbre, pero volvimos con un montón de cosas», afirma Mikel Díez. El zumarraga proyecta hoy, a las 20.00 horas, el audiovisual 'Khan Tengri: mendizaletasunaren hizkuntza', en el Zelai Arizti aretoa, en el marco de la XXXIV Semana de Montaña de Ostadar.

El Khan Tengri 'Señor de los espíritus' o 'Señor del cielo' es la segunda montaña más alta de la cordillera Tian Shan. Se ubica en la frontera entre China, Kazajistán y Kirguistán. Tiene una altitud de 6.995 metros, pero su glaciar se eleva a 7.010 metros, por este motivo, el pico es considerado como un sietemil entre los miembros de la comunidad montañista. Mikel Díez compartió la expedición con Joseba Iztueta, de Gabiria. Ambos partieron desde Loiu el pasado 16 de julio sin otra cosa en mente que «hacer cumbre. Era un viaje enfocado a la cumbre: la aclimatación, el material... todo era para la cumbre. De repente, cuando todo eso se esfuma te quedas con otras muchas cosas: con lo que has vivido, con las amistades que has hecho, con las experiencias...». De ahí surge el título del audiovisual 'Mendizaletasunaren hizkuntza' (el idioma del montañismo). «Coincidimos con montañeros rusos, polacos, iraníes... y a pesar de ser personas de diferentes culturas hablando diferentes idiomas, nos entendimos perfectamente con el idioma de la montaña», explica Díez.

El principal problema al que tuvieron que hacer frente Díez e Iztueta en la montaña fue la adversa meteorología. «Nos dijeron que hizo el peor tiempo en veinte años. Lo cierto es que nevó muchísimo», apunta el zumarragarra. «La bajada fue muy dura. Con medio metro de nieve en las cuerdas fijas, no sabíamos cómo salir de allí».

Llegar tampoco es asunto baladí. «Dos vuelos hasta Almatý (Kazajistán). De allí diez horas de viaje en 4x4 hasta el campo de base de helicópteros. El día siguiente, hora y media en helicóptero hasta las inmediaciones del campo base y desde allí hora y media llevando cuatro petates de 25 kilos cada uno». Y es que ellos enfocaron el viaje «sin porteadores». La altitud también tiene lo suyo. «En tres días pasamos de estar a nivel del mar a 4.000 metros, lo que supone un pequeño hándicap», dice.

Mikel Díez ha reflejado todo eso en el audiovisual, además del «trabajo en la montaña». Un trabajo que no fue fácil por la nieve y la ventisca. Los montañeros alcanzaron el campo 2 y subieron el Pico Chapaeva (6.150 metros), «una subida muy técnica. Conseguimos llegar y bajamos de nuevo hasta el campo base, dando por finalizada la aclimatación el 27 de julio».

«Un día perfecto»

El 4 de agosto, estando en el campo 2, el parte meteorológico indicaba que era «un día perfecto para atacar la cima, pero a las seis de la mañana nevaba tanto que nos avisaron por radio que todo el que estaba en la montaña tenía que bajar porque la cosas se estaba poniendo muy fea». No lo dudaron y eso que el descenso fue «muy complicado. Las cuerdas estaban enterradas en la nieve y no podíamos rapelar, bajamos sólo con las manos». Seis horas tardaron. «Fue un esfuerzo titánico».

El Khan Tengri es el primer monte importante que se le ha resistido a Mikel Díez. El montañero tiene un amplio currículum: Urus (5.420), Ishinka (5.534), Vallunarraju, y Chopikalki (6.345) en Perú; Pequeño Alpayo (5.410), Huayna Potosi (6.088) e Illimani(6.462), en Bolivia; Ecrins (4.015), Barre des ecrins (4.101), Castor (4.092) y Pollux (4.228), en los Alpes; Mont Blanc (4.810) y un largo etcétera.

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