Tormentas de San Juan

Año 92. Vista tomada desde la azotea del rascacielos; el agua lo anegó todo.
Año 92. Vista tomada desde la azotea del rascacielos; el agua lo anegó todo. / AGUADO

FCO. JAVIER AGUADO GOÑIURRETXU.

Las tormentas que se producen en estos días, concentrando en las masas de nubes carga eléctrica y descagando en minutos una buena cantidad de agua nos traen a la memoria los drámaticos momentos vividos hace 25 años en el día de San Juan. El recargado y solapado programa sanjuanero hizo que tuviesemos que relegar este artículo de la semana pasada a esta, pero por fin podemos hacer que vea la luz.

En la víspera, que era martes, los vecinos de Urretxu y de Zumarraga volvieron a revivir dramáticos momentos motivados por las persistentes lluvias que hacia la una y media comenzaron a arreciar y en pocos minutos el río Urola a su paso por el casco urbano se salió de su cauce.

El cuello de botella volvía a ser el mismo de siempre, la zona de Areizaga con Kalebarren, donde las aguas se soterraban entrando en un subterráneo de dos ojos, con un galibo escaso y demostrando que era incapaz de absorber la avenida de las aguas caídas en todo el valle y que confluían en este punto.

De inmediato se formó una balsa en ese punto que llegó a alcanzar 1,60 metros de altura, causando daños materiales cuantiosos. Se recogieron 41 litros entre los días 22 y 23 y 79 litros entre las 10 de la mañana y las 5 de la tarde de aquel martes 23 de junio. El embalse de Barrendiola alcanzó el rebose pasadas las 5 de la tarde.

La calle Labeaga hubo de ser cortada debido a que los desagües se saturaron. Narrábamos en aquella fecha que «el agua bajaba desbordada, convirtiendo las carreteras en ríos improvisados que arrastraban barro, piedras y todo tipo de objetos que fueron anegando lugares críticos como el ya mencionado, Kaminpe, Pagoeta, Labeaga a la altura del Euskaltegi...».

Garajes subterráneos inundados, locales comerciales anegados y con las tuberías reventadas, automóviles, mobiliario urbano y enseres diversos echados a perder en pocas horas...

También en la curva del río Urola a la altura de la antigua fábrica Peines Bady se salió, anegando las huertas de Berriotxoa y afectando al complejo industrial un poco más abajo.

Al día siguiente, el 24 de junio, miércoles, narrábamos lo acaecido no sin dejar de destacar que los establecimientos afectados contaron de inmediato con la colaboración espontánea de los vecinos ayudando a sacar los artículos, desatascar alcantarillas... El tráfico rodado hubo de ser interrumpido creándose largas colas de camiones y vehículos.

Hacia las 4 de la tarde las aguas comenzaron a descender regresando al cauce del río Urola dejando un panorama desolador, en el que al menos no hubo que dar cuenta de pérdida de vidas humanas.

En Legazpi los daños se limitaron a algunas bajeras, pero sin embargo se dio la circunstancia de que el conductor de un camión, Juan Bautista Olano, se vio atrapado en la caravana de la balsa que se registró en la zona de Zurrantegi. Falleció al sufrir un infarto cuando se hallaba en medio de una balsa sin poder pasarla.

De inmediato se desaconsejó beber agua que no fuese embotellada. Sobre las seis y cuarto de la tarde la intervención del vecindario y los ayuntamientos hacía posible el tránsito de la circulación por Urretxu.

Reacción de malestar

Días posteriores ante el malestar que se manifestó entre la población por la demora del saneamiento del río Urola, las autoridades emitieron comunicados para explicar el estado de las gestiones para que ello fuese una realidad y es que las últimas inundaciones habían tenido lugar el martes 19 de julio de 1988. Fue avanzada la tarde cuando se descargó tal cantidad de agua sobre la cuenca del río Urola y en tan poco tiempo que todo quedó desbordado, desde los acuíferos y regatos de las laderas hasta el propio río.

En aquel año 92, habían pasado ya 4 años y las promesas de canalización y saneamiento por muy demandadas que estuvieran, no terminaban de llegar, debido a un calvario de lentitud administrativa.

Antecedentes en el 88

Aunque tenemos antecedentes de la inundación acaecida ya narrada en los años 40, nos ceñiremos a mencionar desde el 88 , cuando tres personas de Urretxu eran arrastradas por las aguas pereciendo ahogadas. A las 10 de la mañana del día 20 se encontró el cuerpo de José Izagirre en un punto río abajo entre Aizpurutxo y Azkoitia en la represa a la altura del cruce para subir a Elosua.

Según recogía DV«testigos presenciales narraban que la tromba de agua sorprendió a José Izagirre, a su mujer, Bittori Ayastuy, de 56 años y a la madres de esta, Juana Sasieta, de 86 años de edad, cuando se encontraban trabajando en el caserío próximo al poblado de Aparicio, donde la familia tiene huertas y animales. Juana Sasieta intentó protegerse del temporal en el vehículo de su yerno, un Dyane 6 aparcado junto al caserío. Las aguas arrastraron a las dos mujeres en ese momento, José Izagirre intentó salvarlas corriendo la misma suerte».

El coche fue encontrado a 150 metros del caserío, totalmente destrozado. Las siguientes horas irían confirmando la tragedia con la aparición de los cuerpos sin vida río abajo.

A medida que fueron pasando las primeras horas, aquella tromba de agua se vio que había dejado muy tocado un casco urbano atravesado por el lecho del río Urola, un cauce que ya estaba declarado como punto negro y del que se había reclamado su rehabilitación tras recientes inundaciones.

El agua batió récord de subida.En 1940 se dejó una marca y en esta ocasión fue superada en 30 cm, más de dos metros sobre la carretera.

En Lourdesko Ama, en Pagoeta, se ofició un funeral con el entonces obispo monseñor Setién acompañado de 15 sacerdotes, una parroquia abarrotada tanto en el interior como en el exterior acompañaba en una emotiva despedida a las víctimas de la tromba torrencial.

Acudieron miles de personas, entre ellas el entonces diputado general, Imanol Murua, y entidades forales que quedaron impresionadas por la muestra de duelo.

Saneamiento

Finalmente, lo acaecido en el 92 dio argumentos a la comarca para presionar más en Diputación y los organismos competentes y se procedió al dragado del tramo del río, su canalización de riveras, destripando el cuello de botella en Areizaga y Kalebarren creando un nuevo tramo soterrado pero con un solo ojo de un galibo (4m) que hasta hoy ha dado muestra de recibir bien las avenidas de agua.

Además se sanearon las avenidas que proporcionan agua al río Urola y se llevó a cabo el saneamientos y canalización de aguas residuales, tanto industriales como urbanas.

En noviembre de 2011 en tres días la comarca fue puesta a prueba de nuevo con una pluviometría elevada y aunque el cauce del río se elevó bastante, dejó claro que su capacidad está a un buen nivel de respuesta en este tramo.

No obstante se hace necesario ojear de nuevo el tramo del río en el que la vegetación ha regresado para buscar sitio y en caso de nuevas avenidas puede resultar un riesgo.

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