La marcha Beitia no para de crecer

Momento de la salida. La plaza Areizaga Kalebarren estuvo abarrotada de mendizales./FOTOS JOKIN ANTOÑANA
Momento de la salida. La plaza Areizaga Kalebarren estuvo abarrotada de mendizales. / FOTOS JOKIN ANTOÑANA

FCO. JAVIER AGUADO GOÑIURRETXU.

La marcha Beitia arrancó sin contemplaciones en dirección a la Antigua y de allí a Beloki, donde esperaba el primer control. Desde allí, por Elorriaga, se dirigieron hacia la txabola de Uda, para dejar el camino habitual de Izazpi y conocer un bonito tramo con el fin de acceder a Pagotxoeta donde esperaba el primer avituallamiento.

Algo así como un tsunami de gente con mucho apetito. Luego hasta el control de Samiño y por Oleta bajada hasta Aizpurutxo, centro neurálgico de la marcha, pues bajo las órdenes de Josemari, sus vecinos prepararon caldo, chorizo y algo más para todos.

Aquí es habitual que parte de los marchistas regresen a Urretxu y Zumarraga por el bidegorri y para eliviar el regreso los vecinos de Aginaga prepararon un pequeño avituallamiento en un túnel, que agradecían los caminantes.

La marcha oficial siguió a Elosu por las duras rampas de Arostondo, Santutxu, Gorla, Trekutz... Aquí un potente equipo había organizado otro avituallamiento. Tras recorrer las siete puntas se accedía a Irimo, donde estaba el control propiedad de los Urrate desde los inicios de la marcha.

En poco más de tres horas llegaban los primeros marchistas, casi sin dar tiempo a los informáticos a preparar el listado actualizado. Pasaron por meta 909 personas.

Al llegar a meta, además del picoteo y rehidratación habitual, los montañeros eran recompensados con un sabroso 'pan tumaca', gentileza de los voluntarios maestros cocineros, en solidaridad con el país catalán.

Este año se había organizado un sorteo secreto para felicitar a los marchadores que sellaban en meta, y hubo más de 50 regalos relacionados con el monte que se iban repartiendo a la llegada.

Solo queda felicitar a todos y cada uno de los participantes, tanto los que hicieron la marcha como los que se implicaron en la organización, sirviendo, limpiando... Una labor que a veces no se ve pero que sumando brazos genera una manifestación festiva y montañera de primer orden y que mantiene vivo el espíritu y la implicación con que Iñaki Beitia se movió en vida.

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