La procesión más liviana

La procesión más liviana

La Cruz de Mirandaola regresó ayer, más ligera que nunca, a la ferrería en la que apareció en 1580

CRISTINA LIMIA LEGAZPI.

La Cruz de Mirandaola sigue manteniendo el mismo halo de misterio con el que apareció en la ferrería el 3 de mayo de 1580, festividad de Santa Cruz, cuando tras la misa de la mañana, los ferrones se pusieron a trabajar en la forja incumpliendo el tercer mandamiento del cristianismo: 'Santificarás las fiestas'. Ese día, introdujeron 14 cargas de carbón vegetal en el horno, con el mineral suficiente como para extraer una pieza de 55 kilos de hierro. En vez de ello, hallaron un bloque de 5 kilos con forma de cruz, suceso que en un principio fue ocultado, hasta que en 1633 llegó a oídos del obispo de Pamplona y fue declarado 'hecho milagroso'. No obstante, quienes siguen la procesión que cada año transporta esta cruz desde la parroquia donde permanece guardada nuevamente hasta Mirandaola, vienen apreciando un cambio importante en la manera de mostrar la reliquia en los últimos tiempos.

Y es que desde el año pasado, la pieza procesiona sobre el nuevo relicario realizado por el artista local Juan Mari Burguera, que permite verla totalmente al descubierto, en vez de oculta bajo el ornamentado relicario barroco que tenía anteriormente. Ayer, la cruz volvía a brillar en todo su esplendor sobre este nuevo medio de transporte. Los anderos, por su parte, la cargaban más desahogados gracias a la nueva anda, recientemente creada por el mismo Burguera y mucho más liviana que su antecesora. La llegada de la reliquia a Mirandaola daba inicio a una alegre romería. Una misa mayor, la Ezpata Dantza de los grupos Sustraiak y Korosti, la puesta en marcha de la ferrería, txistularis, dan-tzari txikis, bertsos, una comida popular... pusieron un magnífico broche a las fiestas patronales.

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