Patxi Izagirre (Psicólogo especialista en duelos): «La unión y la fuerza del grupo es de gran ayuda en los procesos de duelo»

El psicólogo clínico Patxi Izagirre./MICHELENA
El psicólogo clínico Patxi Izagirre. / MICHELENA

Su charla 'El golpe de la muerte y la impotencia que nos crea' desbordó el salón de actos de la casa de cultura

CRISTINA LIMIALEGAZPI.

El salón de actos de la casa de cultura se quedó pequeño el pasado 26 de enero para poder escuchar a Patxi Izagirre hablar sobre «el golpe de la muerte y la impotencia que nos crea» durante la charla organizada desde el servicio de Educación del Ayuntamiento. «Exteriorizar los sentimientos de profunda tristeza, dolor, angustia, incredulidad, rabia... y drenar esas emociones en un proceso de duelo que conduzca hacia el recuerdo agradecido de todo lo vivido con la persona fallecida puede resultar impensable en un principio», reconoce el psicólogo especialista en duelos, que habla de «la importancia de poder vivir dicho proceso desde la unión del grupo».

-Distingue dos tipos de duelos, el de los fallecimientos bruscos e inesperados y el de aquellos previamente pronosticados.

-Efectivamente. Por un lado, nos encontramos con las muertes que aparecen sin avisar y que normalmente resultan más traumáticas, y por otro lado, con la crónica de una muerte anunciada, que se enmarca en un proceso de enfermedad donde psicológicamente, más que la fase de shock, se atraviesa una situación de negociación y de ver cómo se va acercando el final. En el caso de las muertes inesperadas que suceden bien por accidente o por otras circunstancias repentinas, se produce una especie de coágulo congelado de incredulidad, de rabia, de profunda tristeza... lo que técnicamente llamamos un estado de disociación, en el que, por un lado está la emoción y por otro la razón, de alguna manera, hay un no entendimiento de la realidad, no comprendemos cómo la vida sigue adelante cuando nosotros mismos nos sentimos como si estuviéramos fuera de ella. Todo ello necesita de un drenaje adecuado y de poder poner palabras a esas sensaciones. En cuanto a las muertes esperadas, el shock traumático y el proceso de duelo empieza desde un diagnóstico o un pronóstico de terminalidad previo, la muerte todavía no se ha producido, pero psicológicamente se pone en marcha el proceso de irreversibilidad. En estos casos, el duelo debe empezar a trabajarse antes del fallecimiento, algo que se realiza durante los cuidados paliativos en aras de favorecer una sana resolución de los duelos.

-¿Qué quiso trasladar durante su sesión a las personas que son golpeadas por la muerte de un ser querido?

-La idea fundamental era poder acercarnos a la expresión de los sentimientos vividos por cada uno. Iniciamos la sesión guardando dos minutos de silencio a oscuras para que los asistentes conectaran con su interior. La idea era invitarles a conectar con sus emociones y poderlas expresar conjuntamente, compartirlas en voz alta. De ahí surgieron tanto emociones, como preguntas, cuestiones sobre cómo evolucionamos en el proceso del duelo... El objetivo era vivir el dolor de forma unida e inclusiva, no de manera individual o en silencio.

-¿Qué pautas o consejos da a las personas que se encuentran viviendo un momento así?

-En el trabajo con el duelo, lo importante es siempre mantener una esperanza, aunque parezca impensable. Cuando estamos trabajando con los cuidados paliativos, la esperanza no es la curación, pero sí el que nuestros seres queridos estén bien hasta que la muerte les llegue, la cuestión no es adelantar una muerte social, psicológica o psico-social, hablamos de la esperanza en aspectos como despedirse, ayudar a quienes nos rodean a que el duelo sea lo más favorable posible... Como dice aquella frase, 'ya sé que me voy a morir un día, pero no todos'. En las muertes sin aviso también entra el manejo de la esperanza, aunque pueda parecer imposible. De la misma manera que al principio te invade el dolor y la angustia, poco a poco, va dando paso a un recuerdo agradecido de todo lo vivido con la persona fallecida, hacia la cicatrización del alma, de forma que cuando hablemos de nuestros seres queridos lo hagamos más desde ese agradecimiento de lo vivido con ellos que desde la angustia y el colapso. En estas situaciones, yo creo que es muy importante tener tribu. Muchas veces, nos parece que solos vamos a llegar antes, pero juntos llegamos más lejos. Lo importante es vivir lo ocurrido en grupo, dentro de una comunidad en la que sentir esa sintonía humana, generan do un clima donde se puedan expresar todas esas emociones.

-¿Qué palpó entre los participantes de la sesión?

-Para mí hubo un par de momentos mágicos. A veces, hay silencios que no se saben describir. Yo personalmente y muchos de los que estuvimos en la sala, percibimos pequeños momentos mágicos de compartir emociones. Fue el sentir que nos llevamos, más que algo teorizado o académico. Sin llegar a ser un espacio de terapia, porque no fue una terapia de grupo, sí hubo un instante en el que la expresión de las emociones se convirtió en un alivio. Hubo una participación muy variada y de gran riqueza emocional, las personas que tomaron parte se desnudaron con honestidad y de ahí es de donde nacieron esos momentos mágicos. Percibí que los asistentes se encontraban en la necesidad de drenar ese coágulo que produce la pérdida de un ser querido y sentirse arropados.

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