Legazpi y Arantzazu, unidos en peregrinación

Grupo de legazpiarras durante un alto en su peregrinaje de diez kilómetros desde Udana hasta el santuario de Arantzazu, ayer por la mañana.
Grupo de legazpiarras durante un alto en su peregrinaje de diez kilómetros desde Udana hasta el santuario de Arantzazu, ayer por la mañana.

María Luisa Etxeberria Telleria fue ayer la caminante de mayor edad, con 79 años

CRISTINA LIMIALEGAZPI.

Centenares de legazpiarras visitaron ayer a la 'amatxo de Gipuzkoa' en el marco de la peregrinación a Arantzazu llevada a cabo desde nuestra localidad cada 8 de septiembre. Espiritualidad, naturaleza y ambiente festivo marcaron una jornada congraciada con un espléndido cielo azul.

El vínculo espiritual con la virgen continúa siendo fuerte para numerosos vecinos, que encuentran en ella una referencia importante de fe, consuelo, plegaria y gratitud. El párroco local, Iñigo Mitxelena, fue el encargado de presidir la misa especial celebrada a las doce del mediodía en el santuario, acompañado por una veintena de franciscanos.

La naturaleza fue, sin duda, otro de los regalos de la peregrinación. Un grupo de 40 montañeros tomó el autobús habilitado por el Ayuntamiento a las 7.30 horas en la rotonda de Saturnino Telleria rumbo a Udana. Desde allí realizaron los restantes diez kilómetros de trayecto hasta el santuario andando. María Luisa Etxeberria Telleria fue la caminante de mayor edad, con 79 años. Sobre el kilómetro cuatro, todos ellos pudieron disfrutar de un rico hamaiketako de chorizo, salda y carne con tomate, gentileza del consistorio. Como todos los años, el tentempié fue preparado por Paulo Ormazabal, Jorge Gil y Txus Otermin, que esta vez, tuvieron que capear un imprevisto de última hora. Y es que el todo terreno del Ayuntamiento en el que transportaban la comida y los utensilios para elaborar el almuerzo sufrió una avería y tuvieron que reemplazarlo por el camión de la brigada municipal, con el que pudieron acceder hasta la chabola de Eskista, lugar donde finalmente se sirvió el hamaiketako en vez de hacerlo en la fuente de la virgen, como viene siendo habitual. También hubo quienes realizaron los más de 17 kilómetros comprendidos entre Legazpi y Arantzazu íntegramente a pie por cuenta propia, mientras que otros muchos acudían en vehículos particulares o en el autobús acondicionado por el consistorio a las 10.00 horas hasta las puertas del mismo templo. Una comida popular en el Hotel Santuario de Arantzazu entre 100 comensales redondeaba la jornada de ayer.

Como otras muchas localidades, la nuestra está cerca de cumplir un siglo de peregrinaje a Arantzazu. A través del libro 'Legazpi siglo XX: hitos en el camino hacia la modernidad' de José Mari Urcelay podemos conocer numerosos detalles de la unión existente entre Legazpi y Arantzazu a lo largo de la historia. Cabe remontarse a abril de 1912, cuando el Ayuntamiento de Legazpi acordó adherirse a la propuesta realizada por el consistorio de Oñati para que la Virgen de Arantzazu fuera nombrada patrona de Gipuzkoa. Casi seis años después, durante un Pleno celebrado en marzo de 1918, la Corporación Municipal de Legazpi se hacía eco de la noticia de que «el Papa, durante la misa mayor, había proclamado a la Virgen de Arantzazu patrona de la provincia». En ese mismo instante, el Ayuntamiento acordaba felicitar a la comunidad franciscana de Arantzazu y otorgarle un donativo de 250 de las antiguas pesetas. A primeros de septiembre de 1920, una comisión provincial animaba a engalanar los balcones y ventanas de toda Gipuzkoa el 9 de septiembre, con motivo de la festividad de la Virgen de Aran-tzazu. El 12 de septiembre de ese mismo año, el Ayuntamiento de Legazpi acordaba celebrar una peregrinación anual a Arantzazu, que tendría lugar cada 8 de septiembre, con la participación de una representación municipal en la misma. Se sabe que esta tradición fue interrumpida en los tiempos de la Segunda República, con la aprobación de la constitución de diciembre de 1931. Entre sus decretos figuraba la prohibición de toda actividad municipal en actos y manifestaciones de índole religiosa. Se cree que la peregrinación fue recuperada en la década de los cuarenta. Al menos hay constancia de que en 1943, el día 9 de septiembre fue declarado festivo en el calendario laboral. Algo que también ocurrió con el 8 de septiembre en Legazpi durante un tiempo. Trabajadores de las décadas de los 40 y 50 del siglo pasado todavía recuerdan cómo Patricio Echeverría habilitaba camiones con bancos en su interior para acudir a la peregrinación.

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