Aizeleku se vestirá mañana de fiesta

La cruz de Aizeleku volverá a acoger una animada romería mañana, la tercera desde 2016. / LIMIA
La cruz de Aizeleku volverá a acoger una animada romería mañana, la tercera desde 2016. / LIMIA

Una misa, dantzaris, txistularis y un hamaiketako rodearán a la cruz, eregida en 1966 | Vecinos de Legazpi y Gabiria están invitados a participar en la romería, que dará comienzo a las 11.00 horas

CRISTINA LIMIA LEGAZPI.

Enclavada en los terrenos de Gabiria, edificada por los vecinos de Legazpi y estimada por los habitantes de ambos pueblos, la cruz del monte Aizeleku se vestirá mañana de fiesta. Lo hará en el marco de una alegre romería, que dará comienzo a las 11.00 horas, con misa, la actuación de los txistularis 'Mugarik gabeko txuntxuneroak', dan-tzaris y un consistente hamaiketako.

La celebración ha sido organizada por los vecinos de Aztiria, con la colaboración de los ayuntamientos tanto de Gabiria, como de Legazpi, y viene repitiéndose desde 2016. Aquel año se conmemoró el cincuenta aniversario de la cruz de Aizeleku, con una romería que, visto el éxito obtenido, llegó para quedarse.

Este año los organizadores recordarán de forma especial al legazpiarra Pedro Gabiria, unos de los grandes promotores de la cruz, recientemente fallecido. Dentro de la romería de mañana se hará entrega de un detalle floral a su familia.

Hace 52 años

La cruz de Aizeleku fue inaugurada el 5 de junio de 1966. Sus orígenes se remontan a un paseo montañero entre dos amigos. Por aquel entonces, Ángel Belda era presidente de la sección de montaña de Oargui. En una de las tantas excursiones que realizaba con el mencionado Pedro Gabiria a Aizeleku, este último le comentó la posibilidad de hacer una cruz en calderería para esta cumbre, viendo el lamentable estado en el que se encontraba la torreta cónica que, en su día, levantaron los novicios pasionistas de Gabiria en el lugar, quienes subían habitualmente a la misma, pero que posteriormente se trasladaron a Orue-Euba, Bizkaia. Dicha torreta, muy grande y levantada con piedras de alrededores, sin masa alguna, acabó derrumbándose con el tiempo.

Pedro Gabiria y Ángel Belda se embarcaron en la construcción de una cruz llamada a ser igual que la que se encontraba en el monte Hernio, que a su vez, era una réplica de la de Korosti. Ambos montañeros y caldereros de profesión, decidieron pedir permiso a Patricio Echeverría, del que tras varios intentos, lograron el visto bueno. «Tuvo que intervenir el cura don Jesús San Sebastián, que a la postre, fue responsable de Oargui, Obra Atlética Recreativa Guipuzcoana que en el caso de Legazpi fue bautizada con el nombre Korosti», recordaba el ya fallecido Pedro Gabiria durante una de las entrevistas concedidas a este medio sobre la historia de la cruz de Aizeleku.

Una vez obtenido el permiso y fuera de las horas de trabajo en la fábrica de Patricio Echeverría, iniciaron la construcción de la cruz, con la estimada colaboración de José Iñurritegui y de José Antonio Aizpeolea, también trabajadores de Patricio.

El buen trabajo realizado queda latente en el impecable aspecto que la cruz de Aizeleku presenta hoy en día. Sus constructores emplearon material inoxidable, catalogado como Inox 2 Extra, equivalente a un 18 % de cromo, un 10% de níquel y un 2,2% de molibdeno, que una vez pulido, adquiere un gran brillo y es idóneo para evitar la corrosión.

Sus autores emplearon los planos de la cruz del Hernio, guardados por el también montañero y delineante Endika Amilibia.

«Casi todos los días subíamos a Aizeleku para adecentar el terreno tras la jornada de trabajo en la fábrica, así como los sábados y domingos, muchas veces con la comida, para tener más tiempo, antes no había pista hasta arriba, así que empezamos por abrir un camino por la parte alta de Aztiria a base de pico, pala y azada, con la ayuda de varios vecinos del barrio», rememoraba Pedro Gabiria.

Cuando ya tenían casi acabada la cruz, hicieron una llamada a todos los mendigoizales de la zona, para dar el último impulso a la ardua tarea de acarrear las piedras y adecentar el lugar. De paso y por mediación de Antonio Azurmendi, amigo y montañero, implicaron también a su padre, Juan Mari Azurmendi, así como a Segundo Santesteban. «Este último fue trasladado hasta el caserío de Legorburu en vespa por su futuro yerno Tomás Beloki caja de herramientas incluida, desde allí le ayudamos a subir las herramientas hasta Aizeleku», contaba como anécdota Pedro Gabiria. «Azurmendi y Santesteban eran muy buenos canteros y trabajaron sin cobrar nada, como todos nosotros», indicaba. El armazón para el encofraje fue realizado por Baldomero Urmeneta en Patricio Echeverría, en dos mitades y con mucha maña. Cabe destacar a su vez, la colaboración del caserío Legorburu, con su etxekoandre Ramona Arriola al frente. Su casa se convirtió en campamento base para las personas que trabajaban en la construcción de la cruz. Allí se alojaban para almorzar y merendar. Juan José Deba fue otro de los colaboradores de la obra, ayudando en el acarreo de materiales.

Y por fin llegó el 5 de junio de 1966, día de la inauguración de la cruz. La noticia se extendió y fueron muchas las personas que se acercaron al acto. A las once de la mañana se celebró una misa, oficiada por Jesús San Sebastián, con Juanito Egaña como monaguillo. También se personó la Guardia Civil, cuyos miembros permanecieron en el lugar, pero alejados de la celebración. No faltó la actuación de los bertsolaris Iñaki Azarola y Bittor Agirre, primero en Aizeleku y por la tarde, en Santa Marina. También bailaron los dantzaris del grupo Itxaropena, que al no haber sitio en la cumbre, ofrecieron su actuación en el barrio de Aztiria, con el acompañamiento de los txistularis José Ignacio Elorza y Jesús Maiztegui, y el atabalero Juan José Cantero.

En 2016, año del 50 aniversario de la cruz, el deseo de festejar la efeméride fue tomando fuerza entre diversos vecinos de Aztiria y finalmente, se hizo realidad con una alegre romería, que se repitió en 2017 y volverá a celebrarse mañana. Los organizadores animan a los vecinos tanto de Legazpi, como de Gabiria, a cercarse y disfrutar de la jornada.

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