Diario Vasco

Doinua, en la dulce espera de entrar a habitar Agirre Etxeberri

El director de Doinua ante la colosal villa, en plenas labores de remodelación.
El director de Doinua ante la colosal villa, en plenas labores de remodelación. / LIMIA
  • Se prevé que la escuela de música esté instalada en la villa para septiembre

  • Desde el Ayuntamiento informan que la obra, de un presupuesto de 824.208 euros, avanza a buen ritmo

La escuela de música Doinua acaba de realizar su asamblea general ordinaria, habiendo sido, previsiblemente, la última que celebre en los locales de Saturnino Tellería. El centro se encuentra en un momento de dulce espera. Según los plazos previstos, llegado el mes de septiembre sus cerca de 400 alumnos darán comienzo al curso 2017-2018 instalados en la villa Agirre Etxeberri, espacio que compartirán con una cafetería y dos salas de usos múltiples (que podrían abarcar desde la celebración de bodas y funerales civiles, hasta exposiciones, charlas o actividades de las asociaciones locales). El director de Doinua, Aitor Madina, confía en que esta mudanza les permita dar alas al crecimiento musical de la escuela, que desde hace años venía tocando techo en las instalaciones de Saturnino Tellería. Desde su fundación, en 1979, Doinua ha transitado por diversos lugares. «Nuestra primera estancia fueron las escuelas de la plaza, después pasamos a utilizar algunas aulas de la ikastola, desde donde nos trasladamos a los actuales locales de Saturnino Tellería, en los que se ubicaba la ya desaparecida Asociación de Padres de Familia, allí nos encontramos desde el año 1986, el Ayuntamiento, además de cedernos su uso como propietario del inmueble, ha ido realizando los acondicionamientos necesarios para que la escuela desarrolle su actividad, pero llegamos a un momento en el que, debido a la ampliación y la diversificación de nuestra oferta musical, el lugar no daba más de sí tanto por falta de espacio, como por los ruidos que afectan a los vecinos, ahora mismo, el grupo de batería, la banda txiki y la Big-Band ensayan fuera, en una sala de Doinu-Eder, porque es inasumible que lo hagan en Saturnino Tellería», relata el director del centro.

Madina tuvo la ocasión de contemplar cómo avanza la remodelación de Agirre Etxeberri hace tres semanas, durante una visita junto al equipo responsable de la obra de la que salió con muy buenas sensaciones. «Creo que el proyecto responderá a las necesidades de sitio y sonoridad de la escuela, permitiéndonos mejorar el servicio, flexibilizarlo y afrontar nuevos proyectos», apunta. «Pienso que ha sido una decisión acertada con la que se solucionará una demanda que llevábamos arrastrando desde hace mucho tiempo», indica. «Estamos ante un paso importante para el presente y el futuro de la actividad musical de Legazpi», valora ilusionado el director de la escuela.

Estado actual de la obra

El concejal Eric Gálvez explica que la rehabilitación de Agirre Etxeberri se está desarrollando dentro de los plazos establecidos y se espera ver finalizada para el mes de julio. Cabe recordar que se trata de un conjunto residencial que posee la categoría de monumento. Es por ello que uno de los criterios básicos a la hora de realizar su remodelación ha sido preservar las características esenciales del mismo, sin generar un gran cambio estético y manteniendo el mayor número posible de elementos, tanto en el interior, como en el exterior. En esta línea, el departamento de Educación, Política Lingüística y Cultura del Gobierno Vasco otorgó al Ayuntamiento de Legazpi una ayuda económica de 298.225 euros para el proyecto, en aras de impulsar la protección y cuidado del patrimonio cultural vasco.

La que fuera residencia del empresario más importante en la historia de la localidad pertenece al año 1924. Fue proyectada por el arquitecto Guillermo Izaguirre y ampliada por Luis Astiazaran en 1950. El inmueble, de estilo neo-vasco, consta de 880 metros cuadrados y se distribuye en tres plantas y un sótano. Patricio Echeverría y su esposa Teresa se instalaron en la villa en diciembre de 1924. Su última habitante fue la única hija soltera del matrimonio, Felisa María, que vivió en la casa hasta su muerte, en 2008.

«Las obras están siendo especialmente cuidadosas, una vez restaurada la cubierta y realizadas las labores de demolición precisas, en estos momentos se está llevando a cabo la insonorización y la instalación de las infraestructuras necesarias en el edificio», informa Gálvez. El inmueble pasará a tener la calificación energética más alta, de nivel A, albergando un sistema de calefacción por biomasa, incluyendo nuevos cristales, ventanas dobles (en algunos casos) y otras medidas de refuerzo que mejorarán considerablemente su aislamiento. Las obras arrancaron el pasado mes de julio y están siendo realizadas por la empresa Lurgoien S.A.U. con un presupuesto de 824.208 euros.

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