Diario Vasco

'Legazpi siglo XX, 1975-2000. El final de un ciclo industrial': «Ha sido el libro más difícil para mí»

José Mari Urcelay frente a la portada de su nuevo libro reflejada en el ordenador.
José Mari Urcelay frente a la portada de su nuevo libro reflejada en el ordenador. / LIMIA
  • El cronista local José Mari Urcelay presenta hoy su último libro, a las 19.00 horas, en la casa de cultura, coincidiendo con su 83 cumpleaños

José Mari Urcelay presenta hoy su tercer libro sobre Legazpi en el siglo XX, habiendo condensado, en esta ocasión, lo acontecido en el municipio entre los años 1975 y 2000 y especialmente, el final de un ciclo industrial que marcaría de forma importante el devenir local. Se trata de un trabajo con sabor a despedida, ya que Urcelay da con ello por finalizadas sus publicaciones. La cita será a las 19.00 horas, en la casa de cultura, coincidiendo con una fecha tan señalada como el 83 cumpleaños del autor.

-Asegura que este libro ha sido el más difícil para usted, ¿por qué?

-El cansancio y la salud ya me empezaron a dar señales en el segundo libro. Tuve que operarme de la cadera, luego vinieron otras dificultades... En este tercer libro no disponía de la movilidad que exigía, por ejemplo, acudir a un archivo para hacer el trabajo de investigación que había llevado a cabo en los libros anteriores. Ante ello, he recurrido a recursos propios, conservaba todas las crónicas escritas a mano de mis intervenciones en la radio y en la Prensa y también me había preocupado de guardar para mi archivo publicaciones, revistas, y periódicos.

-Hablar de tiempos recientes tampoco ha sido sencillo.

-Es otro de los aspectos que más me ha preocupado, ya que en el libro aparecen personas que todavía viven y es más difícil acertar en todo. Siempre se te despierta cierta duda interior sobre si tienes derecho a dar determinadas informaciones.

-En este trabajo aborda una época de crisis industrial muy difícil, ¿cómo la vivió Legazpi?

-En nuestro caso, la gran crisis se produjo en la década de los noventa. Patricio Echeverría, que había sido fabricante de aceros especializados, tuvo que dejar de hacerlo y reducir su actividad a la herramienta, disminuyendo su plantilla de 3.700 a 400 personas. También se produjeron otros fenómenos como la deslocalización de la constructora electromagnética Coel, que se tuvo que ir a Miñano, y la desaparición de la papelera. Toda esa serie de circunstancias acarrearon cambios importantes en el pueblo. En el plazo de tres años, Patricio tuvo que jubilar a unas 700 personas mayores de 52 años. Los trabajadores salieron en cierta medida contentos, ya que al menos, se iban con la seguridad de tener un sustento económico para poder vivir.

-Ha estructurado su libro en siete capítulos, ¿puede ofrecer un avance?

-El primero y el segundo se refieren a la época de la Transición, el primero recoge una síntesis histórica y el segundo lo que supuso en Legazpi. Hubo episodios muy crudos y violentos. El tercer capítulo abarca desde 1980 a 1984 con la entrada de la democracia y el primer Ayuntamiento democrático del año 1979, en el que José Ignacio Elorza fue elegido alcalde. El cuarto capítulo comprende desde 1985 hasta 1989, el PNV tenía mayoría absoluta. Eran años convulsos en el ámbito socio-político. En 1986, a punto de acabar la segunda legislatura de José Ignacio, se produjo la escisión del PNV, con la entrada de EA y una guerra interna importante, el PNV se desmoronaba, pasando de mayoría absoluta a dos concejales. EA se hacía con la Alcaldía con Prontxio Larrañaga y se daba a su vez una fuerte entrada de Euskadiko Ezkerra.

-El quinto capítulo aborda la ya citada crisis industrial en Legazpi durante la década de los noventa, ¿cuáles fueron sus consecuencias?

-El mencionado cierre de la papelera, la marcha de Coel y sobre todo, la crisis de Patricio Echeverría supusieron cambios importantes. Este último, en aquellos momentos, abarcaba cerca del 75% de la ocupación laboral de Legazpi. La crisis siderúrgica ya venía pegando fuerte desde finales de los ochenta, pero Legazpi en aquel momento no lo había notado, ya que Patricio se guarecía en fabricar acero para consumo propio, dirigido a la confección de sus herramientas, la siderurgia no implicaba mucho en él. Por aquella época había realizado una inversión importantísima de miles de millones de pesetas en nuevos pabellones. Pero no previó lo que venía detrás. Abrió negociaciones con la empresa Afora de Azkoitia, actualmente Gerdau, pero salió mal. Se le complicaron las cosas, tanto por las inversiones realizadas, como por tener que hacer frente a las fuertes indemnizaciones de los 700 trabajadores jubilados, sin ayudas del Gobierno central ni el Gobierno Vasco. Creo que ahí fue donde se hundió.

-¿Cómo hizo frente a aquellos acontecimientos la localidad?

-Con ello llegamos al sexto capítulo, que abarca desde 1995 hasta 2000. Aparecieron iniciativas como Lenbur y el movimiento llamado Legazkide, que estaba compuesto por personas preocupadas por la situación del sector industrial y cuya primera presidenta fue la actual alcaldesa, Koldobike Olabide. En 1995 era inaugurada la nueva Industrialdea. En cuanto a esta última, hubo un movimiento de diversos nostálgicos que querían salvar la chimenea de 35 metros de la vieja joya de laminación levantada por Patricio en el lugar, pero los promotores de Industrialdea se opusieron, indicando que implicaba renunciar a muchos metros cuadrados para construir pabellones. Con ello no terminaron todos los malestares de Legazpi. Las jubilaciones masivas de Patricio también acarrearon otras cosas. Algunos se tuvieron que marchar a su pueblo de origen, aunque fueron los menos. Hubo un momento en el que Patricio llegó a tener 833 viviendas para obreros y tuvo que venderlas. Legazpi perdió cerca de 1.000 habitantes en diez años.

-A pesar de todo, retrata un gran dinamismo en muchos ámbitos durante esa etapa.

-Indudablemente. En 1980 tenía lugar el cuarto centenario de los acontecimientos de Mirandaola, dando una gran brillantez a la localidad, en 1990 se conmemoraba el séptimo centenario de la aparición, por vez primera, del nombre de Legazpi en un documento de la carta puebla de Segura de 1290. Hubo dos Kilometroak, en 1985 y en 1994, dando un impulso terrible al euskera, se realizaron importantes campañas de salud, se obtuvieron grandes logros deportivos, como la llegada del Ilintxa a tercera división por primera vez y el ascenso del club de balonmano La Salle a primera nacional. La Federación Vasco-Navarra de Montaña también tuvo su sede en Legazpi con Batis Maiz como presidente. Entre sus actuaciones estuvo la de construir un refugio en la punta de Aizkorri, para lo que tuvieron que utilizar un helicóptero. Por otro lado, la aportación del Ayuntamiento en equipamientos fue importantísima: en la construcción del hospital, el centro de salud, el polideportivo, la casa de cultura, la ampliación de la residencia Santa Cruz, Meazti Etxea, Gureak...

-¿Cómo termina el libro?

-En el séptimo y último capítulo realizo un descargo personal de mis ocho años en la casa de cultura como dinamizador, he querido despedirme de mi vida en ese campo. Acaba con una de mis últimas crónicas sobre el estreno del himno de Legazpi.

-Con este trabajo se despide.

-Sí y lo hago con total necesidad. Para mí ha sido un trabajo arduo y difícil, pero debo agradecer la respuesta de los legazpiarras, que siempre ha sido muy buena hasta ahora.

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