Su destino, a falta de un último empujón

Huertas. Las huertas urbanas están en auge en los campamentos saharauis y empiezan a dar sus frutos. /  FOTOS HARE HAIZEA
Huertas. Las huertas urbanas están en auge en los campamentos saharauis y empiezan a dar sus frutos. / FOTOS HARE HAIZEA

Las huertas domésticas son una realidad en los campamentos saharauis, pero la falta de medios dificulta el trabajoMiles de herramientas siguen apiladas en un local municipal, esperando recursos para llegar al Sáhara

MIRYAM GALILEA ALTO UROLA.

Siempre hay algo que hacer, algo que aportar y sobre todo mucho que aprender en los campamentos saharauis, y de una de estas visitas, en diciembre de 2015, surgió el último proyecto de la Asociación Hare Haizea: reunir herramientas para ayudar en la ejecución de las huertas urbanas, cada vez más arraigadas entre las familias. La recogida de material ha sido relativamente fácil; el problema o siguiente reto, el transporte hasta su destino.

«Cuál fue nuestra sorpresa cuando llegamos a los campamentos y vimos un auge de huertas familiares. No perdimos tiempo, hablamos con el delegado del Frente Polisario en Euskadi y nos dio trabajo que hacer», explica Patxi Otaegi, miembro de Hare Haizea. En aquella ocasión cuatro chicas jóvenes del Alto Urola se habían unido al grupo y fueron ellas las encargadas, junto a un ingeniero agrónomo de la zona y con una furgoneta a su disposición, de realizar un recuento de las huertas que hay en el barrio del Aaiun; la labor duró cuatro días.

«Hicieron un gran trabajo de recogida de datos, vídeos y fotografías. Nuestra familia por ejemplo tenía una huerta: tienen un pozo cerca de casa y una moto bomba, han construído un invernadero y ya tienen resultados. Nosotros mandamos semillas de pino, tomate, lechuga... y empieza a funcionar», cuenta emocionado. La sorpresa llega cuando es momento de dar la vuelta a la tierra: «¡lo hacían con un picachón y una pala de obra! Ver a aquel hombre con la iniciativa que tenía pegarse semejante paliza...».

En su época los ayuntamientos de Zestoa y Zarauz hicieron una gran inversión en la zona: hay una escuela agrícola, invernaderos, cocina... y fue ahí donde surgieron las primeras huertas. «Pero a las familias no les des pescado, dales la caña; dales las herramientas para que puedan trabajar su tierra», dicen.

El estudio de las cuatro chicas demostró que claramanete las familias quieren hacer algo, pero sin duda les faltan medios. «Entonces pensamos: vivimos en Legazpi... Bellota... y me faltó tiempo. Finalizada la visita a los campamentos y ya en casa de vuelta, sin un minuto que perder , me acerqué a Bellota, hablé con el departamento comercial, les expliqué el tema y a la semana siguiente tenía medio camión lleno de herramientas 'obsoletas'. El siguiente paso fue intentar mandar la herramienta a los campamentos y con todo esto redactamoes un proyecto que se presentó al Ayuntamiento», explica Otaegi.

Lo que en un principio iba a ser un camión pequeño de herramientas a los cuatro meses creció desmesuradamente. Patxi Otaegi volvió a recibir una llamada de Bellota donde le ofrecían una partida de herramientas llegadas de una feria (no se pueden vender) y que tenían que sacar del almacén; así, el volúmen de material crece.

«A fin de conseguir dinero para poder llevar el material a los campamentos le comí el coco a la cuadrilla (Cuadrilla de San Ignacio)y empezamos con el tema de las paellas, pero harían falta muchísimas paellas para cubrir este gasto», explica Otaegi.

Hay diversas opciones para que el material llegue al Sáhara, pero desde Hare Haizea tienen clara su apuesta: no quieren hacerlo con un contenedor porque se quedaría allí como chatarra por lo que la idea es conseguir un camión viejo que llegue hasta los campamentos y dejarlo allí.

«Dado el volumen de material necesitamos por lo menos un cuatro ejes, un camión grande, pero la cuestión es llevarlo hasta allí. Tenemos un presupuesto aproximado y ronda los 15.000 euros, sin contar el camión. Hay personas que se han ofrecido en Legazpi a buscarme un camión y ponerme el motor en marcha, pero no quiero poner a la gente en canción sin tener un mínimo económico», dice.

Un llamamiento

Además de lanzar un llamamiento a los cuatro ayuntamientos de la comarca para que se comprometan con la causa, desde Hare Haizea lo que buscan es la implicación ciudadana: «Lo que nos gustaría es que se implicara el pueblo, porque nuestro pueblo sabe movilizarse. Con las paellas se vuelcan y es una manera, pero va muy poco a poco y el tiempo pasa; las herramientas están molestando en el local del Economato porque ¡hay más de 30 palés!», dice.

Para arrancar con el proyecto la asociación ha hecho un cálculo aproximado de lo que sería necesario: un camión capaz de recorrer 5.000 kilómetros y mínimo 10.000 euros. Parten de cero.

«Lo que interesa es sacar ese material de ahí y mandarlo a los campamentos. A mí me gustaría que insituciones o grupos del pueblo se pudiesen juntar... solidaridad a nivel pueblo: rondalla, dantza, coro, la banda... Hemos demostrado que somos capaces de organizar cosas muy elegantes. ¿Por qué no nos juntamos los grupos culturales y preparamos una cosa bonita para recaudar fondos? Sabemos que mover a la gente implica un montón de compromisos, pero teniendo ya aquí las herramientas la pena sería que no las pudiéramos mandar; el proyecto ya está, solo hay que enfocarlo», Patxi Otaegi.

Desde Hare Haizea aseguran estar dispuestos a reunirse con quien sea necesario para conseguir llevar a cabo su proyecto: grupos, asociaciones, alcaldes e incluso diputados. «He hablado con la alcaldesa de Legazpi, con el diputado Denis Itxaso y con muchos más. Orbegozo nos ayudó mucho en su momento, el alcalde de Zumarraga siempre ha estado dispuesto... Hacemos un llamamiento a insituciones y sobre todo grupos culturales y demás asociaciones que puedan aportar su granito de arena para, entre todos, consiguir que las herramientas lleguen a su destino».

Una vez enviado el material, Hare Haizea se compromete a ir a los campamentos y asegurarse de que ha llegado a su destino y se ha repartido de manera adecuada.

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