Diario Vasco

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El pasado fin de semana celebramos en Legazpi las fiestas de Santikutz Txiki y aunque no hubo feria, desde luego hubo animales. Animales que por su propia naturaleza celebraron las fiestas dañando bienes ajenos. Uno de esos bienes fue nuestro coche, al que le rompieron los dos retrovisores estando aparcado en Plazaola Kalea, al lado del frontón. No fuimos los únicos y tampoco parece que haya sido la primera vez.

Esta carta no tendrá ninguna consecuencia, pero si tiene varios objetivos; por un lado desahogarnos y dar salida a la inmensa rabia que te produce un hecho de este tipo, por otro dar a conocer este tipo de actos para que no nos parezcan normales y asumibles por la sociedad como algo achacable al ambiente festivo, al consumo de alcohol o a la simple estupidez de algún individuo. Y por último escribo la carta con la esperanza de que alguno de los que se dedicó a destrozar el coche sepa leer, incluso lea el periódico y poniéndome en el mejor de los casos sea capaz de entender que semejante estupidez, que en su momento incluso pudo resultar graciosa, puede suponer un serio problema para el que la padece, que necesita el coche para ir a trabajar o a por los hijos y además tiene que pagar la avería. Pero los animales no trabajan, los mantienen y además no saben leer.