Un zaragozano de dos metros en Herriko Plaza

Marcos Portález, ante la puerta de la casa donde vive. / ALBERDI
Marcos Portález, ante la puerta de la casa donde vive. / ALBERDI

Marcos Portález, baloncestista del Iraurgi Sammic de Azpeitia, se ha instalado en Antzuola, en casa de sus parientes

JOSEBA LEZETA ANTZUOLA.

La presencia de un chico joven y alto que ronda los dos metros de estatura llama la atención en las calles de Antzuola. Zaragozano de 22 años, se llama Marcos Portález. Mide 2,02, calza un 50 y reside en el número 1 de Herriko Plaza, en casa de Roke Iñarra y Beatriz Gabarain, con los que guarda parentesco.

Su carrera como baloncestista le ha traído a Antzuola. «La pasada temporada jugaba en el Huesca. Mi agente, la persona que me ayuda a encontrar equipo, me ofreció la posibilidad de recalar en el Iraurgi Sammic de Azpeitia, recién ascendido a la LEB Oro. Acepté. Entre otras razones, tenía asegurado el tema de la infraestructura porque mis tíos-abuelos, Roke y Beatriz, viven en Antzuola, a pocos kilómetros de Azpeitia».

Tanto su familia como el propio Portález mantienen una relación estrecha con Antzuola. «Mi abuela materna es Milagros Gabarain, hermana de Beatriz y de Cesáreo, sacerdote que estuvo destinado un tiempo en Antzuola. Tanto mi abuela como su hermana Charo vivían en Zaragoza, pero en cuanto disponían de unos días libres viajaban regularmente a visitar a Beatriz. Mi madre, que también se llama Beatriz, venía con ellas y veraneaba en casa de su tía o en Deba, el pueblo con playa más cercano a Antzuola».

Luego le tocó el turno a Marcos. «Mis padres siguen pasando agosto en Deba y he venido con ellos desde niño. He pasado mucho tiempo en casa de Roke y de Beatriz».

Concretado el fichaje por el Iraurgi, «comencé los entrenamientos a finales de agosto. Estábamos en Deba. Cuando a primeros de septiembre mis padres regresaron a Zaragoza, vine a Antzuola».

Compagina el baloncesto con los estudios de Periodismo, «carrera a la que dedico parte de mi tiempo. Estoy matriculado en Zaragoza. Cojo varias asignaturas y me arreglo como puedo a base de apuntes porque no puedo asistir a clase».

Si bien de pequeño jugaba a fútbol, «me pasé al baloncesto a los 14 o 15 años, después de una lesión de rodilla. Mi primo, que empezó tarde en el básket, ya me avisaba que lo mejor que podía hacer con mi estatura era pasarme a este deporte. Tenía razón». Dos años después de ese salto, participó en el Europeo de su edad.

Pese a su juventud, ya ha formado parte de varios equipos. «Di mis primeros pasos en Zaragoza. Luego estuve cedido en Vitoria. Más tarde fui a Pamplona y las dos temporadas anteriores estuve en Huesca».

El Iraurgi Sammic le ofrece la oportunidad de competir en la LEB Oro, la categoría siguiente a la ACB. «Es la Segunda División del baloncesto. Hay días de la semana en los que nos entrenamos mañana y tarde. Nuestros partidos de casa son el domingo a las seis de la tarde. Acuden al pabellón algo más de 600 espectadores. Cuando vamos fuera, jugamos habitualmente los viernes por la noche».

Los desplazamientos son largos. «Entre nuestros rivales están, por ejemplo, Melilla y Palma de Mallorca. Esos viajes los hacemos en avión. Al resto vamos en autobús: Cáceres, Coruña, Orense, Lugo... El equipo con más nombre es el Manresa, un clásico de la ACB recién descendido. Salvo este y nosotros, todos los demás conjuntos son de capitales de provincia».

Entre los compañeros de Marcos Portález, que juega de pívot, figuran varios extranjeros: «Tenemos un estadounidense, un canadiense y un bosnio. Pero también hay gente de Bergara, de Tolosa, del propio Azpeitia... Pero en LEB Oro abundan las plantillas con más extranjeros que nacionales».

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