Vitoria se vistió de rosa para vivir otra edición de la Carrera de la Mujer

Más de 6.000 mujeres y bastantes hombres corrieron cinco kilómetros en Vitoria. /  RAFA GUTIÉRREZ
Más de 6.000 mujeres y bastantes hombres corrieron cinco kilómetros en Vitoria. / RAFA GUTIÉRREZ

Más de 6.000 mujeres y bastantes hombres corrieron en la ciudad

RAFA GUTIÉRREZ VITORIA.

En el año del histórico 8M, en un momento en el que las cosas ya no van a ser como antes, Vitoria de nuevo dejó paso ayer a la reivindicación de las mujeres y su grito de «Aquí estamos». La jornada tomó forma como la Carrera de la Mujer, que vivió ya su undécima edición, pero casi da igual qué aspecto adopte un movimiento femenino que se manifiesta con orgullo.

Más de 6.000 mujeres y bastantes hombres -se agotaron los dorsales- tomaron cinco kilómetros de las calles de Vitoria. Hubo niñas, adolescentes, jóvenes, no tan jóvenes y fondistas de la tercera edad; no importaron edades o condición física; hubo quien recorrió el trayecto con muletas y en silla de ruedas; con carritos y el perro; o directamente andando. Porque en la palabra 'carrera' se difuminan los contornos para definir la animada marcha humana que desde Mendizorroza recorrió parte de la Avenida, Madre Vedruna, Manuel Iradier, Universidades y vuelta al punto de partida. Salvo para unas 200 atletas que realizaron el trayecto a velocidad de gacela, los 5.800 corredores restantes -que sí, que hubo bastantes hombres también- se tomaron la jornada con el simple y llano propósito de «pasarlo bien».

Las palabras textuales corresponden a Amaia, que acaba de terminar sus estudios de bachillerato y la Selectividad, por lo que su sentimiento de alivio y felicidad ronda en estos momentos las copas de los majestuosos árboles que jalonan parte del recorrido. «No sé si llegaremos a correr algo, porque suele formarse un embotellamiento enorme en los primeros kilómetros. Pero casi da igual, nos lo vamos a pasar fenomenal», decía poco antes de reunirse con sus amigas, en los minutos previos a la salida. Y es que desde las diez y cuarto de la mañana, aproximadamente, los aledaños de Mendizorroza refulgían de rosa, el color tradicional de la Carrera. En el aparcamiento se arracimaban los puestos de los patrocinadores y de las causas solidarias a las que se destina el dinero recaudado por las inscripciones, principalmente la Asociación Española Contra el Cáncer. El espacio estaba lleno de actividad.

Cuello de botella

La muchedumbre apenas se disolvió con el pistoletazo de salida. La explicación se encuentra en el 'cuello de botella' que supone 'salir' del paseo de Cervantes y enfilar hacia la Avenida. Pero la concentración de participantes era tal que a la carrera le costaba desperezarse un buen rato. Resultaba curioso que las primeras clasificadas entrasen en la meta apenas 20 minutos después de la salida y la cola de la marcha prácticamente tuviera que agotar el tiempo prescrito por los organizadores para acabar: 1 hora y 45 minutos. Y ni así.

Irati sí corrió los cinco kilómetros, se esforzó y llegó a meta colorada como un tomate. «Ha hecho mucho calor. Ya decían por los altavoces que había que hidratarse, pero al final se ha hecho algo duro». «Sí, me he esforzado, pero tampoco lo pasas tan mal. Además, ahora viene lo bueno», decía ante la atronadora megafonía, con las bolsas de regalos en la mano y la expectativa de pasar un buen rato aún charlando con conocidos en la abarrotada zona de meta.

Pero la primera en alcanzar la meta fue Elena Loyo, con 17 minutos y 2 segundos, solo 7 minutos después de la salida de la última corredora. La ganadora se alzó con la victoria en esta carrera por tercera vez y precedió en la llegada a Sian Robertson y Raquel Llamas.«Hoy es un día para felicitar a la primera, la quinta y la que llegue en el puesto 5.000. Más importante que la clasificación son los valores y me gusta haber aportado mi granito de arena en la lucha contra el cáncer de mama».

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