Vitoria, tan encantadora como imperfecta

Perspectiva completa del cantón de Carnicerías en 2010. /  RAÚL REYERO
Perspectiva completa del cantón de Carnicerías en 2010. / RAÚL REYERO

El físico y expolítico Raúl Reyero plantea un viaje pausado por la ciudad a través de 375 fotografías en blanco y negro

J. A. MARTÍNEZ VIGURI VITORIA.

Hay tantas Vitorias en una que hacen posible que un vecino del Casco Viejo se sienta turista y hasta forastero en Larrein, sector de Salburua, como que sea el inquilino del nuevo barrio quien se desoriente en el alto de Uleta. Seguro que esta percepción de extraño en otro barrio la arrastra de igual manera un habitante de cualquier ciudad. Pero Vitoria, en crecimiento, sigue siendo chiquita, abarcable a pata o en bici y receptiva a ser contemplada y retratada a través del visor de una cámara fotográfica.

Un viaje sin prisas por la Vitoria genuina y la otra sin descubrir es justo lo que propone Raúl Reyero, nacido en ella hace 63 años, doctor en Ciencias Físicas, exjuntero, exparlamentario y fotógrafo documental aficionado. Un currículo que en lo personal apunta a un ciudadano observador, inquieto y particularmente preocupado por el urbanismo, con sus mesuras y desmesuras. Acaba de dar a luz a 'Vitoria, tan cerca', un libro cuidado, para disfrutar con su lectura pero en particular con una mirada algo cruel. Muestra 375 fotografías en blanco y negro -«el color tiene elementos de despiste»- y explica «la ciudad de Vitoria desde un punto de vista crítico, no turístico», matiza el autor, prejubilado y devoto de una pasión artística.

9.000 imágenes

Tiempo ha debido tener, pero sobre todo curiosidad por las calles, sus gentes, los edificios, las esculturas, por todo aquello que pasa desapercibido a un par de ojos despistados, para haber capturado 9.000 imágenes. Una primera selección redujo el contingente digital a 1.500 y de aquí, a las presentadas en el tomo. Aunque mayormente datan de 2016-2017, muchas son el mágico desenlace de hasta tres años de visitas al punto de caza elegido.

Esperó, por ejemplo, a que la hierba y los matorrales crecieran para disparar una instantánea de Mariturri desde el parque de Salinillas de Buradón.

Reyero utiliza el arte de la fotografía, el encuadre, la luz y el formato para denunciar también el otro urbanismo, el imperfecto. Las calles contaminadas, lo que no se enseña, o la arquitectura urgente, la que define el negocio inmobiliario. En exclusiva, «un paseo por la Vitoria menos monumental y más conflictiva», expone en su presentación.

Seis ciudades en una

Seis Vitorias en una encantadora. El escrutador parcela su creación en ciudades que solo comparten nombre, que se desconocen por mucho que cohabiten. Casco Viejo, «urbanismo inveterado»; Ensanche, «la nueva Vitoria»; Sur, «polivalente»; Norte, «industrial»; Oeste, «residencial y contradictorio», y Este, «el futuro experimental permanente». Presentada cada una con textos sobre su formación y crecimiento, con la aportación del cronista de 'El Correo' Francisco Góngora, el fotógrafo invita a abrir cada doble página y observarla de derecha a izquierda.

Antes de ser 'green', Vitoria fue medieval, creció con el esmerado Ensanche y se desató al Sur y al Norte como capital industrial a mitad del siglo XX. «Es la ciudad de España con mayor crecimiento a partir de 1950. ¡En 25 años! Una generación».

Reyero se lleva las manos a la cabeza, aunque su asombro ya es imparable con la expansión a los costados devorando la Llanada.

Abre su obra y muestra un plano difuso poniendo el dedo en «la llaga», la línea férrea que hiere Vitoria. «¿Qué ciudad queremos? Su futuro, el de los próximos cien años, está en el Este. ¿Vamos a poner otras vías en Salburua?». Eso parece, las del TAV. Entonces él las fotografiará, pero no como turista.

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