«No hemos visto llover así en treinta años»

Maite, en su vivienda en la zona de Mendiko, una de las más afectadas en Amurrio. /  JESÚS ANDRADE
Maite, en su vivienda en la zona de Mendiko, una de las más afectadas en Amurrio. / JESÚS ANDRADE

Una tormenta descargó más de 38 litros en una hora en la comarca de Ayala y se cebó con Amurrio y Llodio

M. REGO/S. ARROYO VITORIA.

«No paramos de recibir llamadas. ¡Llevamos ya más de 27 en media hora o así y de todos los sitios. No damos abasto!». El tono apurado de este agente que atendía desde la central de la Policía Local de Llodio revelaba que la tormenta que acababa de caer en la comarca de Ayala se había sentido como un auténtico latigazo. Pasadas las cuatro de la tarde del domingo, el cielo descargó agua con una fuerza que no recordaban en esta zona del noroeste de Álava en décadas.

Para los expertos era un efecto colateral (alerta amarilla, ni naranja ni roja) de la sucesión de episodios de gota fría -la colisión del aire polar con el más cálido y húmedo del Sur- que vienen golpeando de lleno a otros puntos de la península. Pero fue, en cualquier caso, una tromba que disparó los niveles de medición de las estaciones de Euskalmet en todo ese entorno. Hasta 38,8 litros en una hora se registraron en la de Areta; 29,3 en Gardea; y 23,5 en la emplazada en Saratxo, todas ellas pegadas a Llodio y Amurrio.

Las imágenes del primer impacto que llegaron desde este último municipio mostraban algo más que balsas aisladas. En apenas un cuarto de hora varias calles quedaron anegadas. Calzadas y aceras se habían convertido en riachuelos con una lámina que, en distintos tramos, alcanzaba los veinte centímetros de altura. La afección fue generalizada: el barrio de Larrabe, Mendiko, el cruce de Mendiko con Lucas Rey, Abiagabarri, Aldai, la misma plaza del pueblo... mares en todas partes. «Ha sido muy general. Desde luego en treinta años yo no había visto algo así», sentenciaba otro guardia urbano de Amurrio que se encontraba trabajando sobre el terreno. «No sólo está el agua en las calles, también hay garajes inundados», relataba con prisas. Incluso hubo atascos en una de las vías de acceso al municipio. «Nos han dejado bloqueado el pueblo».

«Muy intenso»

Que las precipitaciones más fuertes cayesen en esa sobremesa que siempre es más larga en domingo pilló a muchos vecinos en casa y algunos se anticiparon y consiguieron mitigar los daños. «Han reaccionado a tiempo y han sacado sus coches de los garajes», explicaba la alcaldesa de la localidad, Josune Irabien. También subrayaba lo inédito de una tormenta acompañada de aparato eléctrico, faltó el granizo en el 'cóctel' de los chaparrones de primavera. «Ha sido algo muy intenso en un corto espacio de tiempo. Los sumideros no pudieron absorber tanto agua. Algún vecino me ha comentado que ha recogido hasta 40 litros».

La mandataria tenía en mente la inundación de 1983, con el desbordamiento del Nervión. Ayer la salida de su cauce la protagonizó un pequeño afluente, el Zankueta, que transita junto a las instalaciones del polideportivo de Bañueta. Las piscinas estaban ya preparadas para la apertura estival «este sábado». Una de ellas quedó cubierta por el barro. El agua penetró también en el bar y en los vestuarios «pero en el momento que se levantaron los sumideros se ha ido». Tras una hora de calma, también fue diluyéndose de las calles.

En las viviendas, los daños más importantes los sufrieron en la urbanización de Mendiko, con puertas de garaje abombadas y capas de barro en los txokos que cuatro horas después de que la tormenta amainara, los propietarios aún se afanaban en limpiar. En torno a una quincena de bomberos llegados de los parques de Salvatierra, Nanclares e Iruña de Oca trabajaron en este municipio hasta pasadas las nueve de la noche.

En Llodio el golpe fue menor. Pero también se notó. Las precipitaciones generaron balsas considerables de agua en distintas calles, aunque la afección duró menos tiempo. En la plaza Aldai, los centros regionales gallego, extremeño, andaluz y castellanoleonés estaban celebrando el festival de los pueblos cuando el cielo descargó. El agua inundó sus txoznas. «Ha sido en un momento. Pero no es la primera vez que ocurre porque esta plaza se inunda enseguida», explicó una de las personas que atendía el centro castellanoleonés. «Ha empezado a llover con mucha furia y el agua ha subido rápido. Nos ha llegado hasta los tobillos».

Las calles más afectadas fueron inmediatamente señalizadas «para que se circulase más despacio». En la subida a la ikastola, en las inmediaciones de la calle Iturritxu, se advertía de la necesidad de reducir la velocidad porque la zona quedó cubierta de tierra. Restos que los servicios de limpieza de estas poblaciones aún tardarán días en retirar completamente.

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