El Valle Salado, patrimonio agrícola mundial

MARÍA REGO VITORIA.

Quienes comenzaron hace 7.000 años a explotar la sal de Añana difícilmente podían imaginar que un día el mundo giraría la vista hacia ese pequeño rincón de la geografía alavesa para reconocer su especial forma de trabajar la única piedra comestible que ofrece la tierra. Pero ocurrió. La mirada internacional de la FAO, la organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, se fijó en el Valle Salado para concederle el título de Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM) y convertirlo así en el primer enclave europeo en obtener la distinción.

La decisión se tomó a unos cuantos kilómetros de distancia de Álava, en una reunión celebrada en Roma, donde el comité científico encargado de este reconocimiento analizó el informe firmado por el evaluador de la FAO, y profesor de la Universidad de Florencia, Mauro Agnoletti, quien caminó hace menos de una semana entre las eras que en 2016 pisaron más de 77.000 turistas. Las sensaciones que dejó su visita junto a técnicos forales eran buenas -calificó el lugar de «único y extraordinario»- pero faltaba el examen final a una candidatura que la Fundación Valle Salado y el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente presentaron el pasado verano de forma oficial. Entonces aportaron un documento, mejorado después, que ahondaba en los valores -biodiversidad, paisaje, implicación local...- que hacen de estas salinas un patrimonio agrícola destacado en el mapa mundial.

El trabajo para lograr la etiqueta SIPAM -hasta ahora colgaba en 36 enclaves, 26 de ellos ubicados en Asia y el Pacífico- arrancó, sin embargo, varios años atrás. En 2013 se había incluido al Valle Salado en una especie de lista indicativa de espacios que podían encajar en la filosofía de ese reconocimiento y ya en 2016 se comenzó a trabajar en la idea que acaba de dar un nuevo espaldarazo a las salinas, un rincón que funciona como motor de la comarca de Añana y aparece entre los principales reclamos turísticos del territorio.

La FAO busca modelos agrícolas en activo pero que se hallen también integrados en comunidades humanas mediante una relación estrecha. El propio evaluador se reunió el pasado fin de semana con salineros para conocer ese «entramado social comprometido con el Valle Salado» que esgrimía la candidatura como uno de sus valores.

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