Aquel histórico Jueves Santo de 1541

Procesión de 1937. El Jueves Santo, festivo solo a partir de los años 50, el primer oficio se celebraba en Bidaurreta./COFRADIA DE LA VERA CRUZ
Procesión de 1937. El Jueves Santo, festivo solo a partir de los años 50, el primer oficio se celebraba en Bidaurreta. / COFRADIA DE LA VERA CRUZ

El franciscano Fermín Altube recogió en un libro la historia de una hermandad que permite acercarse a la Semana Santa de antaño. Hace 477 años se fundó la Cofradía de la Vera Cruz, que ha contado con 10.500 cofrades

MARIAN GONZALEZOÑATI.

El Jueves Santo de 1541 cayó en 14 de abril, una fecha que ya es historia en el Monasterio de Bidaurreta, pues ese día nacía la Cofradía de la Vera Cruz, una gran desconocida hoy en día, pero que durante siglos tuvo un papel importante en la Semana Santa oñatiarra.

310 cofrades juraban la regla en la ceremonia fundacional tras pagar cada uno de ellos tres reales. Así, con la finalidad «de extender entre los oñatiarras la devoción a la Pasión y la muerte de Jesús en la Cruz» echaba a andar una hermandad en la que constan alrededor de 10.500 nombres hasta 1962. Cualquiera mayor de edad, hombre o mujer podía ser cofrade. La única condición era «ser católico y fiel». Eso sí, había dos clases: disciplinantes, no más de cien, y de la luz, los que iban en las procesiones.

Todo esto lo recogió el franciscano Fermín Altube, que en la actualidad tiene 96 años, en un libreto en la celebración del 500 aniversario de la fundación de Bidaurreta, para rescatar lo que para él era «un tesoro escondido y cuasi ignorado» y rendir su pequeño homenaje a las clarisas, que con la colaboración de los franciscanos del hospicio adjunto acogieron, cobijaron y cuidaron a la cofradía y conservaron, con verdadero esmero y diligencia, muchas de las imágenes que se sacaban para las procesiones de Semana Santa, además de otros utensilios que se utilizaban en dichas ocasiones solemnes.

Programa religioso

Hoy
El programa religioso se abrirá con la celebración de la Cena del Señor, que tendrá lugar a las 16.00 en San Martin Egoitza, a las 18.00 en la parroquia de San Miguel Arcángel y Koixkar, a las 18.30 en Bidaurreta, a las 19.00 en Santa Ana y a las 19.30 en las iglesias de los Agustinos y las Benedictinas. La adoración nocturna se celebrará a las 21.00 en la Parroquia, Bidaurreta y Santa Ana, y las 22.00 en las Benedictinas.
Viernes Santo
Los oficios religiosos arrancarán a las 9 de la mañana con la Reflexión de la Pasión del Señor y el Vía Crucis en la Parroquia. A las 17.30 en el mismo templo, celebración de la muerte de Cristo, que en los Agustinos y las Benedictinas será a las 18.00. En Bidaurreta, a su vez, celebrarán a las 17.30 la Pasión y a las 11.30 Vía Crucis. Las monjas de Santa Ana, por su parte, celebrarán la muerte de Cristo a las 19.00. En Olabarrieta y Zubillaga (11.00) también oficiarán el Vía Crucis y en San Martin Egoitza habrá oficio a las 16.00 horas.
Sábado
Los actos litúrgicos de la Vigilia Pascual serán a las 21.30 de la noche en la Parroquia y Santa Ana. A las 20.30 en los Agustinos y a las 21.00 en las Benedictinas y Bidaurreta.
Domingo
Misa Mayor a las 12 del mediodía en la Parroquia de San Miguel, y oficios a las 10.00 en Santa Ana, San Martín y Bidaurreta, y a las 9.00 en las Benedictinas.

La cofradía estaba regida por una Junta Directiva constituida por el abad (que era siempre el padre vicario de las clarisas de Bidaurreta, y la máxima autoridad), un prior y tres diputados, todos ellos seglares. Además, existían dos 'mayordomos', elegidos entre los más ancianos, cuya labor consistía en fiscalizar la labor de la Junta, y los 'celadores', intermediarios entre la cofradía y los cofrades. Entre las obligaciones estaban la asistencia a misa y vísperas en las festividades de la Santísima Trinidad y la Cruz de Mayo, a las funciones de Semana Santa confesados y comulgados, a los entierros de los cofrades, y ayudar a los cofrades pobres y necesitados.

El recuerdo de la extinta Vera Cruz testimonia de un tiempo en que al llegar la Semana Santa ésta monopolizaba la vida oñatiarra, desde el previo de la Cuaresma hasta la jornada de Pascua de Resurrección. Documentos gráficos y libros como el de Fermín Altube o 'Las memorias de aquel Oñati', de Juan Zubia, editadas por José Antonio Azpiazu, muestran una Semana Santa que lo condicionaba todo y era obligado punto de referencia para la conducta de los vecinos.

«En aquellos tiempos, dado que la Iglesia tenía tanta presencia y autoridad, era obligatorio en Cuaresma desfilar por la sacristía de la parroquia para obtener, previo examen de la Doctrina Cristiana, un boleto, popularmente conocido como 'txartel', que concedía el 'pasaporte' o aprobado en la materia. Cuando, en Pascua, se recibía la Comunión, el sacristán se encargaba de cambiar la tarjeta, por otra que certificaba el cumplimiento de la sagrada obligación», puede leerse en las memorias de Zubia.

«Las preguntas eran muy sencillas, aunque algunas llevaban 'intención', lo que provocaba curiosas anécdotas. Así, uno al que le interpelaron cuántos dioses había, respondió con gracia: ¿Es que ha habido novedades en el cielo?»

Matrakas en vez de campanas

En Oñati, la solemnidad del comienzo de la Semana Santa se notaba ya en la misa mayor del Domingo de Ramos, acto al que asistía la Corporación en pleno. Con la llegada del Jueves Santo, festivo todo el día sólo a partir de los años 50, el primer oficio religioso se celebraba a las 8 de la mañana en el Convento de Bidaurreta con asistencia de autoridades y representantes del Palacio de Lazarraga (fundadores del monasterio). En la Parroquia la misa era a las diez con la bendición de las palmas, presidida, según recordaba Zubia en el batiburrillo oñatiarra, «por la Corporación, todo el clero, la guardia civil de gran gala y demás autoridades».

A partir de este momento ,y hasta el Sábado de Gloria se suprimía hasta el toque de campanas, usándose únicamente las 'matrakas' por la calle para anunciar los oficios. Tras la misa, las autoridades realizaban un recorrido por las estaciones marcadas en las capillas, iglesias y conventos, que por la tarde repetían los fieles. A las 14.00 horas tenía lugar en la Parroquia la ceremonia del lavatorio y media hora después en Bidaurreta se celebraba el 'sermón del Mandato' con la asistencia del pueblo en masa, que luego participaba en una procesión que las crónicas de la época califican de «grandiosa».

La comitiva la formaban la Oración del Huerto, el Nazareno azotado, Ecce Homo, Verónica, La Caída, El Crucificado y la Piedad. Tras ellos la Dolorosa, una bandera portada por los miembros del Ayuntamiento, y San Juan. Cerraba la procesión la presidencia formada por el vicario de Bidaurreta, franciscanos y la Corporación. Delante iba siempre la Banda Municipal y detrás un elevado número de mujeres vestidas de luto riguroso.

Las celebraciones del Viernes Santo solían comenzar con un «impresionante» Vía Crucis a las seis y media de la mañana en el claustro de la Parroquia. Durante la mañana el público visitaba las iglesias y capillas, mientras desde el Palacio Lazarraga trasladaban a la Parroquia las imágenes de la Dolorosa y San Juan con sus ricos mantos para el desfile en la procesión de la tarde. En el altar mayor se procedía al montaje de la cruz y a crucificar en ella la imagen del Cristo Yaciente que se venera al pie de la Dolorosa.

A las 14.30 horas comenzaba la misa, «un acto impresionante por su dramatismo y que jamás se nos olvidará a los que la conocimos» recordaba el difunto Juan Zubia en su batiburrillo. La procesión del Santo Entierro salía presidida por autoridades cívicas y religiosas con el mismo recorrido que el día de Corpus. Esa jornada el paro era total y era el único día del año que no circulaban los coches a Brinkola y Bergara. Además todos los bares cerraban por la tarde hasta después de la procesión.

El Domingo de Pascua a las seis y media de la mañana se celebraba en Bidaurreta la Procesión del Encuentro de la Madre y el Hijo. Por una de las puertas salía la imagen de la Virgen con la cabeza cubierta con un velo y rodeada de cofrades y por la otra la imagen de Jesús, también acompañado. Tras el encuentro la Virgen se quedaba sin velo. A la 8 se celebraba un misa presidida por la Corporación que acudía al templo al son del alkate-soñua. Con la misa mayor de las diez y el concierto de la Banda terminaba la jornada matinal. El cordero en casi todas las mesas y la misa y los bailes festejaban la resurrección. El lunes la fiesta era total.

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