Los espeleólogos de AMET, 'jardineros de altura' en la kanpandorre

Operación vertical. Accediendo al punto más alto del campanario para abrir el lucero y echar la cuerda. Escalada hacia el arbusto y descenso tras quitarlo.
Operación vertical. Accediendo al punto más alto del campanario para abrir el lucero y echar la cuerda. Escalada hacia el arbusto y descenso tras quitarlo. / FOTOS MARIAN

Hace medio siglo los espeleólogos oñatiarras ya realizaron otra recordada 'poda vertical' Necesitaron más de dos horas para culminar el operativo de retirada de un arbusto

MARIAN GONZALEZOÑATI.

Un arbusto de un metro y medio de altura aproximadamente que había echado raíces en lo alto del campanario, llevó el jueves por la tarde a los espeleólogos del Aloña Mendi, de sus paseos por las entrañas de la tierra, al punto más elevado del casco histórico oñatiarra. De la oscuridad de las cuevas, a las vistas de la kanpandorre de la parroquia de San Miguel Arcángel, en una misión que en el subsuelo hubieran resuelto en muy pocos minutos, «atar una cuerda y rapelar unos pocos metros», pero que en las alturas se prolongó más de dos horas.

El objetivo era retirar el 'arbolito' que sobresalía en el último alfeizar del campanario. Un matojo del que seguro algunos ni se habían percatado, pero para otros afeaba el conjunto monumental y a la velocidad de crecimiento que llevaba, incluso podría ser peligroso, si se desprendía por el viento. Así que para curarse en salud, la junta de la parroquia pidió a los espeleólogos de AMET, si podían retirarlo.

Y por qué a los espeleólogos, es la pregunta de rigor, pues porque no es la primera vez que ejercen de 'jardineros de altura' en la kanpadorre y están acostumbrado a escalar y rapelar en las profudidades de la tierra, en las montañas subterráneas. Algunos recuerdan aún la minuciosa y laboriosa operación de 'poda y limpieza' que hace medio siglo los primeros espeleólogos oñatiarras realizaron en la atalaya del casco histórico. Una operación que se repetió hace unos catorce años «cuando se celebró la fiesta de captación de fondos para 'Berria'» rememoraba uno de los espeleólogos del operativo del jueves.

El equipo integrado por Santi Ugarte, Borja Abarrategi, Andoni Olalde y Laura Pereda, llegó a la parroquia a las 5.40 de la tarde y salió tras las campanadas de las ocho. «El arbusto estaba bastante seco, así que no han hecho falta tijeras. Ha sido tirar y salir» explicaban al término de una operación que llevó mucho más tiempo de logística que de acción, porque de lo que se trataba era de intervenir con las mayores garantías de seguridad, y al no conocer el campanario, hubo que analizar las distintas vías para salir al exterior. Primero se barajó acceder por el lucero que da a las campanas más altas, las de la veleta, y rapelar hasta el arbusto, pero dado el complejo acceso y las escasez de puntos seguros de sujeción, optaron por echar la cuerda desde ese punto y acceder por la ventanuca del reloj a la cornisa inferior, que tiene una base más ancha, para escalar desde ese lugar hasta el objetivo. Pero al meter dos anclajes para asegurar la cuerda, surgió un pequeño contratiempo, se rompió el taladro, y hubo que ir al club a por otro.

Al final, cuando las agujas del reloj marcaban las ocho menos cuarto, el arbolito dejaba la kanpantorre. «Misión cumplida», se felicitaban quienes observaban la operación a pie de calle, alabando el arrojo de los espeléologos que cerraron con éxito su anecdótica expedición, con escalada incluida, a la torre del campanario.

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