De Diortsuena a Kamamuño con los ojos vendados por una apuesta

Azpiazu con su último libro que indaga en las sorprendentes apuestas y retos del pasado./SANCHEZ
Azpiazu con su último libro que indaga en las sorprendentes apuestas y retos del pasado. / SANCHEZ

La última publicación del popular historiador indaga en los retos a los que se entregaban nuestros antepasados. Jose Antonio Azpiazu recuerda este singular desafío en el libro que acaba de dar a luz

MARIAN GONZALEZOÑATI.

En 1872, Phileas Fogg, un rico caballero londinense obsesionado por la puntualidad y la exactitud, apostó la mitad de su fortuna a que daría la vuelta al mundo en 80 días. Esa aventura literaria que Julio Verne universalizó no era real, pero sí el fiel reflejo de la realidad de una época en la que en todas la escalas de la sociedad, desde señoritos a baserritarras, se cultivaba el gusto por las puestas, ya fueran en clave de reto festivo-social, honrilla o bravuconada, algunas realmente sorprendentes, que sacan una sonrisa al lector.

«Ya en el siglo XVI tenemos documentación sobre desafíos de bueyes y apuestas de bolos en Euskal Herria, y he encontrado desafíos de traineras en el siglo XVII», explicó el martes José Antonio Azpiazu en la presentación de su último libro 'Juegos y apuesta en la historia de Euskal Herria'. Un ejemplar que aporta una casuística muy variada y en el que también hay hueco para 'sucedidos' oñatiarras como una pelea con agresión en el transcurso de una partida de bolos que data de 1.517, o dos carreteros que, ni cortos ni perezosos, apostaron sobre quién tendría más hijos.

Además Azpiazu ha podido atestiguar, un desafío que« hacia 1950» causó sensación en el municipio, y que algunos veteranos todavía recuerdan. «El dueño del caserío Kamamuño ganó la apuesta en la que aducía que era capaz de ir desde el bar Diortsuena (donde se suscitó el reto) hasta su casa, distante unos dos kilómetros, con los ojos vendados. Es un ejemplo de esos retos que se lanzaban en torno a la barra de un bar, los bolos o una discusión de amigos, y que despertaban notable expectación» asegura.

José Antonio ha indagado en 'Juegos y apuestas en la historia de Euskal Herria' en los retos a los que se entregaban nuestros antepasados, relacionados con pruebas de bueyes, hachas o carneros, pero también con el billar, los dados o los bolos.

De Amberes a Jerusalén

« Puede llamar la atención -explica Azpiazu- que, tras haber dedicado cuatro décadas al ámbito de la historia vasca en sus diferentes presencias: mercaderes, esclavos, marinos, balleneros, mujeres, fije mi atención en los juegos y las apuestas. No se trata de un proceso forzado, buscado, ni un propósito definido, sino natural, y en cierto modo lógico. Me encontré en el mundo de los mercaderes vascos varios casos en los que las apuestas se entremezclaban con los negocios, formando un binomio que aglutinaba ambos aspectos».

Al prolífico historiador y antropólogo local, la documentación se empeñó en trasladarle a los puntos álgidos de la economía de la Edad Moderna, como Amberes. Así en 1.556, Martín de Echeverría, mercader vasco presente en Amberes, tomó parte en una apuesta de alto rango: otro mercader, Gaspar de Castro, aseguró que iría a Jerusalén y volvería a Amberes en siete meses.

El libro también recoge que Carlos V, ante la inutilidad de la prohibición de las apuestas, quiso sacar provecho de las mismas cobrando un porcentaje de lo jugado. O que en lo podemos considerar 'el Wall Street de la época', este tipo de apuestas se verían reflejadas en las inventadas historias , aunque fiel reflejo de la realidad , de Julio Verne .

«La historia ha desatendido este tipo de fenómenos que formaban parte del entramado de la sociedad. Pero la atención a los juegos y las apuestas apenas trasciende el siglo XX, cuando la documentación nos revela que han estado presentes, más o menos ocultos, en la sociedad vasca» señala Azpiazu.

Las insistentes prohibiciones de los diversos monarcas muestran que estos aspectos se mostraban inseparables del común acontecer de la sociedad, y un repaso a los archivos muestra que el juego, en su doble vertiente de diversión y confrontación, se manifiesta a través de innumerables pleitos a los que dieron origen.

«Tampoco las mujeres se libraron de la atracción del juego, -explica José Antonio- de su misterio, de asomarse a lo oculto a través de la interpretación de los naipes. Y se nos ofrecen casos en los que, enfrentándose a las autoridades civiles, eclesiásticas y familiares, las mujeres se juegan los cuartos en partidas de cartas, incluso poniendo en peligro la economía familiar. Claro que este aspecto es mucho más patente en el mundo masculino, en el que las apuestas de bueyes, de arrastre de piedras, de saleas o regatas, los juegos de bolos, se convirtieron en un modo de vida que, en buena parte, persiste en la actualidad, aunque en el libro apenas se hacen unas pocas menciones del siglo XX, ya suficientemente estudiado» señala.

El sentido del honor

«La honra, el sentido del honor, forman parte importante de este mundo relacionado con las apuestas y, en general, con el juego. Naturalmente, este aspecto no podía escapar al mundo del mar, cuya vida ya era una apuesta harto arriesgada. La celebración del quinto centenario de Elkano irá mostrando que el getariarra era, quizá forzado por las circunstancias, un aventurero que apostó fuerte, y con éxito, recorriendo rutas desconocidas y dando la primera vuelta al mundo» explica.

Azpiazu ha incluido curiosas noticias sobre el mundo de las regatas: novedosos documentos que trasladan al lector a cuatrocientos años atrás, al año 1615, en que ya se conocen apuestas de carreras marítimas. «Resulta llamativa la confrontación de las autoridades donostiarras con el propio Corregidor, quien el año 1708 prohibió el juego de los 'cardillones¡ una especie de regatas o juegos de jóvenes en chalupas».

Sin embargo, cuando, un siglo antes, llegó a Donostia Felipe III, se sintió satisfecho por este tipo de juegos, considerados como entrenamientos para futuros marinos. Ante la actitud del Corregidor, el segundo alcalde le recriminó que considere «este juego entre chalupas como algo bárbaro», y le invitaba a que considerase «de dónde salen los marineros que defienden la costa, si no es de los mozalbetes que se adiestran en los ejercicios del mar desde muy jóvenes».

'Juegos y apuestas' muestra un nuevo enfoque de la sociedad vasca, «pero esta realidad o se ha ocultado o no ha merecido la atención de los historiadores. Yo he disfrutado descubriendo esta nueva faceta que no está reñida con los puntos de vista estudiados en otras publicaciones, sino que los complementa a través de una visión amena e ilustrativa» concluye Azpiazu.

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