Digitalizado el legado fotográfico de 'Patxitxo'

Patxitxo en su estudio de Kale Zaharra con sus clásicos./FONDO ELORZA
Patxitxo en su estudio de Kale Zaharra con sus clásicos. / FONDO ELORZA

El Archivo Municipal preserva para las próximas generaciones estampas tomadas en los años 50 y 60. Francisco Elorza (1911-2001) fue durante décadas uno de los retratistas o cronistas visuales del municipio

MARIAN GONZALEZOÑATI.

El Archivo Municipal está realizando los últimos años una gran labor para organizar, digitalizar y poner en valor el patrimonio social, cultural, industrial y rural con miles de documentos gráficos que retratan la vida, el paisaje y urbanismo oñatiarra y trazan su evolución desde mediados del siglo XX hasta nuestros días. Los fondos Zubia, Arlanzón o Arzuaga o Urzelai, por ejemplo, dan fe de ello. Y ahora comparten protagonismo con el de Patxi Elorza, más conocido como 'Patxitxo' (1911-2001) del que se han digitalizado 750 negativos, que permitirán seguir tejiendo pedacitos de la intrahistoria oñatiarra, retazos en forma de fiestas, edificios, personajes, citas deportivas, acontecimiento sociales o culturales, paisajes urbanos y rurales.

A las nuevas generaciones el nombre de 'Patxitxo' les resultará desconocido, pero Francisco Elorza fue durante décadas el retratista o cronista visual del municipio junto a Plazaola, Arzuaga o Arlanzón. Por los decorados de su pequeño y original estudio de Kale Zaharra pasaron varias generaciones de oñatiarras. Parte de su legado fotográfico, centenares de negativos de 35mm, fue cedido hace ya unos años al Archivo Municipal, que creó un fondo con su nombre. Y ahora, el Ayuntamiento lo ha digitalizado con un presupuesto de 2.178 euros, subvencionado al 50% por el Gobierno Vasco, en el marco del programa de digitalización de fondos municipales.

La mayoría de las estampas están tomadas en los años 50 y 60 del siglo pasado, muchas de pruebas ciclistas y de los concursos de perros, citas a las que le gustaba acudir y que congeló en el tiempo. Pero la labor de digitalización que ha efectuado el especialista eibarrés Jose Valderray, ha deparado también un buen número de sorpresas, pues el material era abundante.

Le gustaba mucho inmortalizar a la gente en la calle y en las fiestas de los barrios, así que su legado tiene un importante valor documental. Antes no había tanto fotógrafo como ahora, en la que sobre todo el teléfono móvil y la digitalización de las cámaras han universalizado la fotografía, convirtiéndola en parte de nuestra vida cotidiana, así que la labor de los aficionados y profesionales del siglo pasado permite viajar en el tiempo.

El Archivo Municipal, conserva más de 40.000 instantáneas del siglo pasado gracias sobre todo al fotógrafo Jesús Mari Arzuaga (26.597 negativos) y al excorresponsal de EL DIARIO VASCO Andrés Arlanzón (10.100 negativos y más de un millar de fotos), así como al material utilizado para el libro 'Oñati historia eta arte bilduma' (900 negativos). La mayoría de fotos de estos fondos están ya en una plataforma digital, y la idea es ir digitalizando poco a poco otras colecciones .

Una imagen es el mejor testimonio vivo para recordar presente y pasado sobre sucesos, circunstancias o personajes, de ahí el interés municipal por recuperar y conservar la memoria gráfica de Oñati y el valor de los fondos que donaron profesionales, que vivieron la segunda mitad del siglo XX con la cámara en ristre, algo al alcance de cualquiera en la actualidad, pero no tan habitual hace no tantas décadas.

El Archivo Municipal sito en el Ayuntamiento atesora también imágenes antiguas de principios del siglo XX correspondientes a los fondos del arquitecto Lizaur, el Palacio de Antia y la marquesa de Socorro, entre ellas las instantáneas más antiguas que se conservan de Oñati, la mayoría de entre los años 1910 a 1917.

Todas fueron restauradas y digitalizadas en 2010 a través de un convenio con Eusko Ikaskuntza, que abrió muchas puertas. Se trata de imágenes de gran valor histórico que se conservaban en negativos de cristal. Es un material excepcional que sirve para que las futuras generaciones puedan disponer de un testimonio gráfico de la vida de los oñatiarras de esa época.

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