Compositor incansable, director, y organista de prestigio

Desde 1958 Madina se instaló definitivamente en Nueva York, ciudad que resultó la plataforma ideal para su lanzamiento al estrellato. En su larga estancia en EE UU contactó con músicos de renombre mundial con los que trabó estrecha amistad. Apercibidos de su sublime inspiración y facilidad para componer, le iban pidiendo obras que ellos mismos se encargarían de dar a conocer. Así se convirtió en un músico consagrado y requerido para interpretar, dirigir o dar conferencias. Realizaba asimismo audiciones de órgano en iglesias del país, a la vez que ejercía de crítico musical en la emisora 'La Voz de América'.

Durante esos años no dejó de componer y arreglar partituras, gran parte de ellas dedicadas al ochote local Irrintzi, fundado bajo impulso suyo y que ganó el segundo Concurso Vasco-Navarro en 1964. Toda esta actividad, sin embargo, fue minando su salud y en 1966, durante unas vacaciones en Oñati sufrió un derrame cerebral. Repuesto del mismo volvió a EE UU y en 1970 estrenó en San Francisco su 'Concierto Vasco'. Cuando estaba a punto de culminar un 'Concierto Sacro', para su estreno en el Vaticano, un segundo ataque lo postró en una silla de ruedas en 1971, con una hemiplejia irrecuperable. En 1972 regresaba a Oñati para recibir un homenaje pocos días antes de morir.

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