Celebración de Ramos, a cubierto

Tradición. El párroco bendiciendo los ramos, y la Cofradía del Apostolado y niños de la catequesis, en su procesión por el claustro. /  MARIAN
Tradición. El párroco bendiciendo los ramos, y la Cofradía del Apostolado y niños de la catequesis, en su procesión por el claustro. / MARIAN

Debido a la lluvia la procesión y la bendición se celebraron en el claustro de la parroquia, en lugar de en la plaza Los alumnos de la catequesis no pudieron reeditar la llegada de Jesús a Jerusalén en burro

MARIAN GONZALEZ OÑATI.

La lluvia condicionó el domingo la ya tradicional Bendición de Ramos en la plaza, el acto con el que arranca la Semana Santa religiosa, que esta vez se celebró a cubierto, en el claustro de la parroquia de San Miguel.

La escenificación por parte de los niños de la catequesis de la entrada de Jesús en Jerusalén rodeado de palmas y ramos de laurel cumplía cinco años, pero el tiempo impuso su rigor y el paseo en burrito tuvo que suspenderse, lo que no impidió que a las 11.45, la hora en que iba a comenzar el acto, la entrada al claustro, que era 'el plan B', estuviera abarrotada de fieles. «Es una pena porque la tradición había ganado vistosidad los últimos años con la participación de los niños y el asno, y la plaza es un marco incomparable» comentaban dos veteranas que fueron con tiempo al templo. «El ramo bendecido protege la casa durante todo el año -explicaban-. En cuanto lleguemos quitaremos el anterior y pondremos éste. Es una tradición que tratamos de preservar». Mientras, los miembros de la Cofradía del Santísimo Sacramento, con sus características capas negras, tomaban posiciones en los laterales del monumental claustro, y las catequistas instruían a los escolares, ataviados de nazarenos con túnicas y pañuelos.

La llegada del párroco Joxan Larrañaga daba comienzo a la bendición que concluyó con una procesión hasta el altar, mientras los más jovencitos se dirigían a la capilla para asistir a la puesta en escena de distintas estampas de la Pasión, desde el lavatorio de pies, a la resurreción. Concluía así una domingo de Ramos pasado por agua.

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