Animado y colorido Dantzari Txiki Eguna

Ilusión a raudales en las caras de los más txikis que se sentaron en la plaza para asistir a la presentación de todos los grupos y presenciar el aurrresku de honor. / FOTOS MARIAN

La destreza y el desparpajo de más de seiscientos niños conquistaron las calles de Oñati. La excelente climatología compartió protagonismo con txistus, damboriles y animadas danzas

MARIAN GONZALEZ OÑATI.

Más de seiscientos dantzaris txikis derrocharon ayer folklore, colorido e ilusión por las calles con la sonrisa cómplice de familiares y amigos y la colaboración de los niños de Oñati, que se sumaron al 'Haurren Eguna' vistiéndose de baserritarras, amonatxos y poxpolinas. Tuvieron incluso la complicidad del tiempo. «Con lo lluviosa que ha sido la semana, y mira qué día ha salido. Pensábamos que habría que traer paraguas, y aquí estamos tomando el sol en una terraza» comentaban varias familias de 'forasteros' «enamoradas del ambiente que siempre hay en Oñati. La tradición de los dantzaris está muy arraigada aquí y eso se nota, anda mucha gente y estamos pasando un día estupendo» relataban.

El despliegue de los trece grupos de baile procedentes de distintos puntos de Euskal Herria comenzó a las diez de la mañana pero la inauguración oficial de la 47 edición de la fiesta la dio el alkate-txiki al mediodía. El simbólico papel recayó este año en Oier Osa, que tras el aurresku de rigor animó a todos los participantes a disfrutar de la jornada, repartiéndose por calles, plazas y barrios. Pero antes de que los sonidos de txistus, gaitas y damboriles, invadieran todos los rincones no faltó un pequeño recuerdo a Arantza, uno de los engranajes en la sombra de Oñatz durante muchos años, fallecida este año.

El corazón de Oñati se convirtió a partir de este instante en un colorido escaparate de los trajes y bailes representativos de los diversos pueblos de Euskal Herria. Llegaron grupos de Portugalete, Arrasate, Lizarra, Soraluze, Gernika, Pamplona, Zarautz, Aretxabaleta, Hendaia, Legazpi y Antzuola.

El paréntesis de la comida en casas y sociedades les sirvió para reponer fuerzas y la programación se reanudó a las cinco de la tarde con el alarde final. Una exhibición en la que repasaron las raíces del folklore euskaldun con los bailes tradicionales de cada zona ante la atenta mirada de cientos de espectadores.

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