Aita Mortara, un gran desconocido del callejero oñatiarra que fascina a Hollywood

El cartel cinematográfico y la portada del libro, junto a la placa del callejero y fotos antiguas./MARIAN
El cartel cinematográfico y la portada del libro, junto a la placa del callejero y fotos antiguas. / MARIAN

Spielberg y Weisntein estaban enfrentados por dos filmes sobre el agustino que de niño raptó el Vaticano. Su secuestro por la inquisición a los 6 años, provocó un gran revuelo internacional y la caída de los Estados Pontificios, pero él siguió predicando por el mundo y recaló en Oñati

MARIAN GONZALEZOÑATI.

La caída en desgracia de Harvey Weinstein, el todopoderoso productor de Hollywood acusado de acosar mujeres, podría desatascar la llegada a la gran pantalla de uno de los grandes desconocidos del callejero oñatiarra, Aita Mortara.

La extraordinaria historia real de cómo un niño judío de seis años, raptado por el Vaticano en 1858, precipitó el derrumbe del poder temporal del Papa en Italia, era una de los grandes proyectos de Steven Spielberg para el año que acabamos de terminar, pero sus desavenencias con Weinstein acerca del enfoque del filme titulado 'El secuestro de Edgardo Mortara' basada en la novela homónima de David Kertzer, hicieron que el hasta hace poco intocable productor decidiera comenzar el desarrollo de su propia versión de la historia escrita por Jeremy Brock y protagonizada por Robert de Niro, torpedeando al mismísimo rey Midas de Hollywood, o al menos ralentizando un proyecto que el director de 'Tiburón' (1975) 'ET' (1982) o 'La lista de Schindler' (1993) lleva intentando trasladar a la gran pantalla desde 2008.

Infancia
Tenía seis años cuando fue raptado en la Bolonia de 1858. Lo ordenó el Vaticano al saber que, pese a ser de una familia judía, había sido bautizado.
Sacerdote
Creció en un ambiente católico, se ordenó sacerdote agustino y era considerado un gran predicador. Desarroló su labor por todo el mundo, recalando en Oñati entre 1880 y 1910.
Lingüista
Hablaba seis idiomas y leía tres. Fue su interés por el euskera lo que le trajo a Euskadi.

Tampoco ayudó mucho que uno de los actores principales de Spielberg (Oscar Isaac) renunciará al proyecto cuando ya se encontraba en preproducción. Y eso unido a que al laureado realizador californiano, ganador de tres Oscars, no le faltan proyectos cinematográficos, ha hecho que 'Los Archivos del Pentágono' el filme con el que auguran va a arrasar en los próximos Oscars, y 'Ready Player One' le hayan tomado la delantera a 'The Kidnapping of Edgardo Mortara', cuyo estreno, con Mark Rylance como Pío IX, se baraja ahora para 2019, si no se cuela antes la quinta entrega de Indiana Jones, con mucho más tirón comercial. No obstante, la historia de Mortara es uno de esos proyectos más intimistas que el director californiano cultiva, y que el ocaso de Weinstein podría acelerar en este recién estrenado 2018.

¿Pero qué tiene ese agustino italiano que estuvo viviendo en Oñati, entre 1880 y 1910 y dio sermones en euskera a Unamuno para fascinar al mismísimo Spielberg? Pues que él fue ese niño italiano nacido en el seno de una familia judía de Bolonia que el Vaticano arrebató a sus padres por orden de la Inquisición tras descubrirse que había sido bautizado en secreto.

El Santo Oficio aseguraba que Edgardo siendo un bebé, y estando en trance de muerte, fue bautizado a hurtadillas por una criada católica que trabajaba en su casa. Después del sacramento, Mortara se recuperó y aquello quedó oculto hasta años después, cuando tras descubrirse lo ocurrido, fue apartado del control de sus padres y trasladado a una institución católica. Concretamente a la Casa de los Catecúmenos de Roma, la primera de las instituidas en 1540 por Ignacio de Loiola y destinada a la conversión de judíos y musulmanes en los años oscuros de la Reforma. No era un caso aislado, pero el rapto de Mortara sería sensiblemente distinto porque su familia no se dio por vencida.

Y el argumento del filme se centrará precisamente en la lucha de sus padres para recuperar a su hijo, en un ambiente de intrigas religiosas y políticas. El caso conmocionó al mundo, y el destino de ese niño llegó a convertirse en el símbolo de la cruzada emprendida para poner fin al poder temporal de la Iglesia Católica. Grandes personalidades dirigieron misivas a Pío IX, que se mantuvo en sus trece, aunque lo acabó pagando caro, y muchos años después estuvo a punto de costarle la beatificación.

Ajeno a la controversia

Solo en el mes de diciembre de 1858, 'The New York Times' le dedicó más de veinte artículos. Muchos otros periódicos le secundaron. Por contra, 'La Civiltá Cattólica', la publicación de los jesuitas que canalizaba la posición oficial del Vaticano, se dedicó a contrarrestar todas las críticas que llovían sobre Pío IX y la Iglesia por el secuestro del niño, amparándose en la supremacía del derecho canónico.

Bolonia pertenecía entonces a los Estados Pontificios bajo la jurisdicción del Papa y en el ambiente se respiraba ya un aire revolucionario que perseguía la unificación de Italia, así que se aprovechó el escándalo para acelerar la caída.

Ajeno a las intrigas políticas y eclesiásticas, que se gestaban en torno a él, Mortara creció en un ambiente católico y terminó ordenándose sacerdote tras haberse refugiado en Austria y en Poitiers cuando cayeron los Estados Pontificios y Pío IX excomulgó a la dinastía de los Saboya. Antes, el joven se había reunido con sus padres para que recibieran el bautismo como él, pero no lo consiguió. En ese tiempo se formó como un reputado lingüista, que dominaba varios idiomas. En sus estudios entró en contacto con el euskera y así recaló en Oñati donde se propuso abrir un seminario menor. En el Archivo Histórico de Protocolos se encuentra el documento de la creación de esta institución, acordado por el obispo de Vitoria y el Ayuntamiento de la localidad.

El padre Pío María Mortara -así se hacía llamar- predicaba a menudo en el balneario de Cestona, lugar de encuentro de las clases adineradas, para recaudar donativos que hicieran posible un seminario de su orden, que finalmente se construyó y aún sigue en pie aunque sin esa función, solo como convento.

Testigo de sus sermones en euskera fue el propio Miguel de Unamuno, según lo recoge en su ensayo 'Contra esto y aquello'. «Era un verdadero políglota y en llegando a mi país se propuso hablar vascuence y llegó a conseguirlo» escribía, retratando al sacerdote agustino como «un genuino israelita y un israelita italiano, vivo y sagaz, ingenioso y emprendedor. Se sufría oyendo a aquél intrépido».

Fue también misionero en Munich, Mainz y Breslau y predicó por el mundo en varios idiomas (hablaba seis idiomas y leía tres). Mortara murió en 1940 cerca de Lieja, en Bélgica, después de haber pasado los últimos años allí. Tenía 88 años y una dilatada historia, con escándalo internacional incluido y una fructífera estancia en Oñati, donde colaboró en el proyecto de construcción del seminario y el convento que tanto prestigio tuvo entre la Orden de los Lateranenses. De su paso por estos lares queda constancia precisamente en la zona de la Iglesia de los Agustinos. El seminartio que ayudó a construir está emplazado en la calle que lleva su nombre, que acoge también las entradas traseras del Instituto Zuazola y la antigua Universidad.

De esa estapa ya adulta no se ocupará en principio el filme de Spielberg, así que Oñati no será una de las localizaciones, pero el mero hecho de fascinar a dos gigantes, uno caído, de Hollywood, ha sido una buena excursa para conocer mejor a este famoso desconocido del callejero, que ha sido motivo de inspiración en diferentes disciplinas artísticas, desde la pintura, al teatro e incluso la ópera por su gran carga dramática. En casi todos los casos por creadores de origen judío, fascinados por este singular episodio o espoleados por lo que consideran un atentado contra los derechos civiles de este colectivo.

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