Diario Vasco

Joxan Iza viaja con su «cosmovisión» a Madrid

Ritmo urbano. Iza tienen un particular lenguaje plástico, que fusiona técnicas y materiales.
Ritmo urbano. Iza tienen un particular lenguaje plástico, que fusiona técnicas y materiales. / SALMERON
  • La Appa Art Gallery expone hasta el día 29 'Ritmo urbano', colección que refleja su peculiar visión de las metrópolis

Las influencias del expresionismo, el cómic y el grafitti de Joxan Iza conquistan estos días Madrid, tras enamorar a un buen número de galeristas europeos en París. El artista bergarés afincado desde desde 1987 en Oñati, expone hasta el día 29 en la APPA Art Gallery madrileña: 'Ritmo urbano', una selección de pinturas recientes que reflejan su particular mirada sobre la ciudad y sus habitantes, que él denomina su «cosmovisión».

Cuadros-murales, realizados mediante complejos procedimientos manuales y mecánicos, sobre soportes industriales, y donde hay tanto de grafismo automático como de profunda comprensión plástica, muestran la vida en las ciudades modernas y las interacciones entre sus habitantes y las estructuras del espacio urbano.

Joxan expresa el espacio, movimiento y ritmo de las calles con líneas entrelazadas que asemejan a circuitos vertiginosos y mediante vivos colores o en blanco y negro. Utiliza tintas, acrílicos, marcadores, pastel, lápices de color, óleos, pegamento y barniz, con una preferencia por los collages.

Destacan desde la galería que ha llevado su obra por primera vez a Madrid que «quien mira sus cuadros, ya sea pequeños o grandes formatos, puede adentrarse en el espacio que se abre ante sus ojos, recorrerlo y encontrar en él a personajes solitarios que dominan el panorama desde las alturas o a grupos de individuos que comparten el centro de la escena». Mientras que a la crítica Amalia García le ha soprendido el hecho de que Iza hable de su obra con «una humildad apabullante, sin apenas reparar en la evidente calidad que encierra».

Y es que Joxan es un artista sencillo y bohemio, para quien la pintura es plenitud, y nunca le ha dado excesiva importancia a todo lo que no sea su pasión. «Pinto porque me hace feliz y no pido mucho más, ni expongo demasiado, pero está claro que cada vez que cuelgas tu obra se abre una puerta nueva» explicaba tras su regreso de París, donde se le abrieron varias. Pese a ello, sigue siendo el mismo. Alguien para quien «pintar es como respirar». La primera caja de óleos se la compraron con 9 años, «y con 10 ya tenía clarísimo qué quería ser de mayor» confiesa. Una vocación con un particular lenguaje plástico, que compagina con su trabajo en el mundo de las artes gráficas.

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