Diario Vasco

Cien cumpleaños repleto de homenajes

Homenaje en San Martín. Regino, con familiares, amigos, ediles y miembros de la Junta de la Residencia de la que fue administrador.
Homenaje en San Martín. Regino, con familiares, amigos, ediles y miembros de la Junta de la Residencia de la que fue administrador. / MARIAN
  • Regino Biain se incorporó ayer al selecto club de las tres cifras y recibió infinidad de muestras de cariño

  • El ayuntamiento, San Martin Egoitza, la ikastola, la banda, el coro parroquial y el PNV celebraron con el último gudari oñatiarra su primer siglo de existencia

Dice el saber popular que quién siembra recoge. Con esa frase podrían resumirse los homenajes tributados ayer a Regino Biain en su 100 cumpleaños. Hombre conciliador, comprometido socialmente, trabajador, familiar y muy religioso, el último gudari oñatiarra ha dejado huella en su siglo de existencia, y la mejor prueba de ello son las múltiples muestras de cariño y afecto que disfrutó en su cumpleaños más especial. No paró de escuchar el 'Zorionak zuri' y recibió felicitaciones por doquier.

Al tradicional homenaje que el ayuntamiento rinde a los centenarios, se sumaron el tributado por la junta de San Martín Egoitza, los alumnos de Txantxiku Ikastola, el GBB y la junta municipal del PNV, la banda de música o el coro parroquial. Regino tuvo una agenda 'intensísima' en su entrada en la centuria, y su familia se confesaba «muy agradecida» por tantas muestras de estima. «Le hacia mucha ilusión llegar a los cien, y ha sido tan bonito que estamos todos muy emocionados» relataban sus cuatro hijos.

La primera sorpresa al cumpleañero y a toda la familia se la dieron los alumnos de tercero de Primaria de Txantxiku Ikastola (donde ejerce como andereño su hija) que acudieron a Atzeko Kale a cantarle y brindarle unos bertsos, y le entregaron estos últimos enmarcados. Elena emocionada agradecía el detalle antes de que una representación familiar se trasladara a San Martin Egoitza para disfrutar del doble homenaje matinal que iba a celebrarse en la residencia de la que altruistamente (nunca cobró un duro) fue administrador durante 36 años.

El ayuntamiento y la Junta de la Residencia de Ancianos aunaron su reconocimiento y gratitud en un acto muy emotivo, que arrancó con el 'alkate-soñua' y se cerró con el 'Agur Jaunak'. El alcalde, Mikel Biain, y la concejala de Servicios Sociales, Susana Altuna, le entregaron el tradicional cuadro y un ramo de flores, mientras que Lourdes Idoiaga le imponía la txapela de honor por su trabajo y dedicación desinteresada a este servicio asistencial. «Todos los domingos por la tarde se dedicada a hacer los asientos de los libros de contabilidad de la residencia. Se los llevaba hasta en vacaciones», recordaban como anécdota sus hijos.

A continuación tomó la palabra el párroco Joxan Larrañaga que destacó su generosidad, su religiosidad, y la labor como monaguillo durante décadas en la ermita de Urbia. «Hasta los 84 años estuvo yendo todos los domingos a dar misa -explicaba la familia- . Ofició muchos años con Lasa y Villasante y fue uno de los fundadores del refugio de Perusaroi, inaugurado en 1949. La montaña ha sido una de sus pasiones, y el día 18 varios mendizales van tributarle un homenaje en Arantzazu».

Felicitaciones y txikito

Será el último de una larga lista, porque tras el acto de la residencia, Regino recibió las felicitaciones de la junta municipal del PNV en su casa, dónde recogió también una carta y un ramo de flores del presidente del GBB, Joseba Egibar. Las visitas se sucedieron en un ambiente festivo hasta la hora de comer. Luego descansó un poco, antes de acudir como todos los días a misa y ser agasajado por la banda de música y el coro parroquial en el ensayo de la primera, antes de disfrutar de su txikito de rigor en Atzeko Kale, dónde vive desde hace 65 años, no muy lejos de su Kale Zaharra natal.

Difícil olvidar tantas muestras de cariño, que sin duda compartirá con toda la familia en la comida de celebración que disfrutarán todos juntos el sábado. La única pena será la ausencia de la matriarca, Juanita Zubiagirre, de 'Pullangoa', que falleció hace tres años, y fue el faro de todos ellos. El matrimonio tuvo cuatro hijos: Ernesto, José Manuel, Elena y Anjel Mari que ayer en los homenajes manifestaron el orgullo hacia su progenitor. «Nos has mostrado el camino. Gracias por todo lo que nos has enseñado», relataron. Regino, por su parte, sucumbía a la emoción mientras esbozaba un «bihotz bihotzez eskerrak».

Fue un día de recuerdos, de repasar un siglo de historias, anécdotas y emociones. Su trabajo como contable en la empresa Onraita, su labor como secretario de la sociedad Txantxiku Txoko o en la fundación de Eteo, su afición a la montaña y la escritura, aquel Corpus en que conoció a su mujer, sus tiempos de clarinetista en la banda, los cánticos en el coro, la adoración nocturna... Cien años repletos de vida, que nunca pensó cumplir cuando el inmenso torbellino de la Guerra Civil le atrapó de lleno.

Cárceles, fusilamientos, las cruentas ofensivas del ejército franquista, los batallones de trabajadores... pusieron a prueba su fortaleza física y sobre todo emocional, pero no mermaron sus ganas de vivir, y esa ha sido siempre su gran victoria, la particular venganza de un hombre afable, humilde y emprendedor que se apuntó voluntario a la mili para poder estudiar perito mercantil, y cuando estalló la guerra no quiso sumarse a los sublevados. Así que aprovechando que estaba de permiso decidió no volver.

Con 20 años, se alistó al batallón Itxarkundia del PNV. Lo pasó tan mal, sintió tanto miedo, y vio tantas veces de cerca la muerte, que al regresar a casa, el 8 de junio de 1940, decidió que con 24 años no podía dejar pasar la oportunidad de vivir por los que no lo consiguieron, y por él mismo. Y pese a las penurias de la posguerra lo hizo sin rabia, ni rencor y con un gran compromiso social. Y quizá por eso muchos oñatiarras se sumaron ayer a su 100 cumpleaños. Sus cuatro hijos, cinco nietos y la biznieta que viene en camino tienen motivos para estar orgullosos, y sus hermanos Asun, Juanito, Ignacio, Begoña y Donato también. Zorionak, Regino!