Nieve y averías en el viaje en ciclomotor desde Vitoria a Santiago de Compostela

Uno de los participantes a su paso por O Cebreiro. /  THE MOPED TOUR
Uno de los participantes a su paso por O Cebreiro. / THE MOPED TOUR

Los 15 participantes en The Moped Route han recorrido unos 1.300 kilómetros en diez días a bordo de sus Vespino, Derby Variant o Mobylette

NATXO ARTUNDO VITORIA.

Solidaridad y compañerismo de los moteros alaveses se evidenciaron la semana pasada, cuando diversos vehículos acudieron a Nanclares a recibir a los viejos ciclomotores participantes en The Moped Route. Habían salido el sábado 24 de Vitoria y, tras llegar a Santiago de Compostela, regresaban para una fiesta en el bar Urko de Lakua y repartir premios entre los participantes.

«Se ha quedado gente por el camino, yo incluido. Después de arrastrar averías mecánicas durante tres días, me quedé a 40 kilómetros de Santiago», explica Sergio Hierro, impulsor de la iniciativa. Tras llamar a la grúa, de cara al regreso «se aprovecharon piezas para que otras cuatro pudieran llegar. Todas las demás vinieron hasta Vitoria», detalla.

«Muy bien» es la impresión general del desarrollo de una experiencia en la que los 15 pilotos han exprimido sus Vespino, Derby Variant o Mobylette a lo largo de 1.300 kilómetros. Hierro agrega que las restantes máquinas «llegaron todas, algunas no sé si podían andar justo medio metro más. Hubo muchas averías que se fueron solucionando por el camino», una ruta de lo más variado en cuanto al clima.

«Ha dio una pedazo de experiencia. Todo el mundo marcharía otra vez»

«La primavera es así y, además, es un aliciente del viaje porque es una ruleta rusa. En un viaje invernal,te preparas bien y sabes que el tiempo es estable. Ahora es un sube y baja que le añade más interés si cabe al propio evento. Un día nos cayó mucha agua. Otro, nos nevó. Hemos pasado por todo tipo de circunstancias, pero lejos de abandonar -aunque alguno lo ha pensado algún día- la moral ha estado súper alta», explica el piloto.

«Se come bien»

Él lo achaca a que, pese a la dureza de la ruta, «la gente sabe que al final del día duerme en un hotel y descansa. Además, aquí se come bien, no como en viajes internacionales donde malcomes», razona el experimentado motero. «Ha sido un pedazo de experiencia. Todo el mundo marcharía mañana otra vez», asegura.

El colofón fue la entrega de premios, sobre todo los que votaron entre los participantes. Eso sí, sólo los recibieron «los que completaron todas las etapas y puntos de control. Y sólo fueron ocho. Fue una escabechina», describe. Luego, Hierro precisa que «alguno perdió un punto de control por ayudar a otro».

«Pero el premio era ya el viaje, una experiencia increíble», subraya. Y apunta que, de hecho, una participante que no tenía una trayectoria motorista previa quiere volver con varias amigas el próximo año.

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