Las Hermanitas de los Pobres dejan Vitoria, 140 años después

Las ocho monjas que se marchan de Vitoria. /  JESÚS ANDRADE
Las ocho monjas que se marchan de Vitoria. / JESÚS ANDRADE

La falta de vocaciones les impide seguir con su residencia en Gazalbide; un grupo francés tomará el relevo el día 15

LAURA ALZOLA VITORIA.

Es un adiós, 140 años después. Ellas querrían que no lo fuera. Que cambiaran las tornas y que «el espíritu» de su comunidad permaneciese en Vitoria. Pero faltan vocaciones. Mujeres que se unan a la congregación de las Hermanitas de los Pobres. «No está en nuestra mano pedir un acercamiento, cada una debe escuchar la llamada de Dios. Nosotras sólo podemos tratar de ser portadoras del mensaje, un espejo en el que otras puedan verse reflejadas».

Sor Pilar escuchó la llamada hace ya 53 años. Nacida en Granada, entró «muy jovencita, a los veintiuno», para dedicarse al cuidado de los mayores y enfermos. «Y mi vida no la cambiaría», resume. Como madre superiora de la residencia, será una de las ocho últimas monjas en dejar el edificio este domingo.

Irán a servir allá donde las necesiten, repartidas entre las diferentes casas que la congregación aún mantiene en el resto de España: Bilbao, Plasencia, Segovia, Talavera... hasta sumar 27 centros que atienden a cerca de 2.500 ancianos. «Aquí también tenemos muchos bienhechores, no dejamos Vitoria por falta de apoyos, sino porque con tan pocas vocaciones no nos es posible gestionar la residencia tal y como querríamos, manteniendo el sentimiento de comunidad, el cariño».

«Un vínculo especial»

Sor Elena es la madre provincial, llegada desde Madrid para ayudar a las hermanas que quedan en la capital alavesa a lidiar con el trámite de dejar la casa y a sus residentes en manos de una empresa. Un trago difícil. «Al cerrar la casa dejamos una parte de nosotras, pero sobre todo nos cuesta separarnos de quienes hemos cuidado, porque nuestra misión es transmitir el amor y eso hace que tengamos un vínculo especial», explica Sor Pilar. Ella aún no conoce su próximo destino.

Ofrecer refugio y acogida a los jubilados con pensiones mínimas. Esa ha sido la misión de las Hermanitas de los Pobres en Vitoria. Cuidados, cariño y atención a cambio de una aportación del 85% de la renta percibida del Estado. Unos ingresos insuficientes, si no fuera por la colecta puerta a puerta que las monjas llevan a cabo. Más lo aportado por voluntarios, empresas y particulares de la sociedad civil alavesa.

En 1878, las circunstancias eran otras. Las cinco primeras monjas llegaron a Vitoria en el marco de un «gran florecimiento de vocaciones». Tras su fundación en 1839 por la religiosa francesa Juana Jugán y su extensión hacia Inglaterra, Bélgica y Escocia, la congregación había llegado a España por Barcelona.

En Vitoria se instalaron en la Casa del Cordón, donde permanecieron tres años a expensas de encontrar un terreno donde edificar. La primera residencia se erigió donde ahora está el parque de Molinuevo, en Portal de Legutiano. Allí comenzó el cuidado de ancianos y enfermos que después se trasladaría a la casa actual, inaugurada en 1978, en el centenario de su llegada a Vitoria.

Las condiciones vigentes

Los tiempos han seguido cambiando. «Cuando la congregación se estableció, muchas personas mayores quedaban desamparadas. Ahora nosotras estamos para aquellos que no pueden permitirse otra residencia».

Las ocho mujeres que quedan en el edificio del polígono de Gazalbide se consuelan con «la promesa» de la empresa que tomará el mando de las instalaciones en unos días. «Mantendrá las condiciones vigentes», asegura la madre superiora. Tanto de los residentes como de las profesionales que les cuidan. «Nos marchamos sobre todo para fortalecer las comunidades de otros lugares, porque la sociedad ha cambiado pero queremos mantener vivo el espíritu de las hermanitas en cuantas más casas nos sea posible», afirma la madre provincial.

Al explicar lo que las diferencia de otras residencias aluden a la providencia de Dios, pero también al esfuerzo de las monjas por crear un ambiente familiar. «El vínculo se mantiene en el tiempo», aseguran. Y quizá, en el espacio, a pesar de su marcha. Desde que la anunciaran, en abril de 2017, no dejan de recibir cartas de lamento y agradecimiento. «Hace poco llegó una muy emocional, firmada por una mujer que tuvo a su madre con nosotras», recuerda Sor Pilar. «Las llevaré siempre en el corazón y Vitoria las echará en falta», decía.

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