La fiesta del producto más querido de Álava

Los productores vendieron más de 8.000 kilos de patatas. /  BLANCA CASTILLO
Los productores vendieron más de 8.000 kilos de patatas. / BLANCA CASTILLO

Miles de alaveses celebraron la XXVI Feria de la Patata en Villanueva de Valdegovía con más de 8.000 kilos a la venta

JUDITH ROMERO VITORIA.

Los remolques cargados con hermosos sacos de 25 kilos daban la bienvenida al homenaje al producto más querido del territorio alavés. La XXVI edición de la Feria de la Patata recaló en Villanueva de Valdegovía tras visitar Bóveda y Espejo en 2015 y 2016, y miles de visitantes llenaron sus despensas de pasteles vascos, verduras, quesos, conservas y tubérculos.

Estas localidades elevadas reúnen las condiciones óptimas para la ssiembra, y tanto los asiduos a la cita como los recién llegados confían en los conocimientos de sus productores. «Este año no hemos tenido suerte con las patatas de nuestro caserío de Tolosa, venimos a reponer y a que nos digan qué estamos haciendo mal», reconocía la guipuzcoana Lourdes Errazti, quien optó por llevarse dos sacos de patatas kennebec y spunta por sólo 20 euros. «La cosecha ha sido buena, pero Castilla y León ha producido mucho y los precios han caído», lamentaba el agricultor Jesus Mari Ríos.

Un año más, el programa de mejora genética de la patata alavesa de Neiker-Tecnalia descubrió a los visitantes sus últimas novedades.

Uno de sus productos más exóticos es la variedad entzia, inconfundible por su carne morada. Es sabrosa en purés, frituras y, según José Ignacio Ruiz de Garibay, espectacular en ensaladas. «Hemos cultivado 5.000 kilos de patata en Gamarra Menor durante años, pero ahora la compatibilizamos con los puerros», explicaba el jubilado mientras ilustraba en las diferentes variedades de patatata a su nieto Jon.

Respuesta a McDonalds

Una de las opciones que más éxito ha cosechado es la zorba, cultivada en Alemania para dar respuesta a McDonalds. «Su forma alargada la hace atractiva para la fritura aunque el público prefiere las de tamaño pequeño», señala Eva Ugarte, responsable de programas de investigación de Neiker-Tecnalia.

Cruzar estos tubérculos a partir de su polen, extraer semillas de sus bayas y cultivarlas en invernaderos y distintos tipos de suelo para comprobar su productividad es un proceso largo, por lo que validar una nueva variedad de patata puede costar hasta 14 años. «Estamos encantados de poder presentar una nueva clase de tubérculo alavés el año que viene», avanzó Ugarte.

La Feria de la Patata logró compaginar su carácter más tradicional con las últimas novedades culinarias. Incluso la cerveza con la que refrescarse tras pasear por los puestos puede ser de patata. «Usamos las variedades Miren y Mona Lisa por su alto contenido en almidón», explicó la ingeniera química Ainhoa Ocio, una de las creadoras de la cerveza golden ale Gastheiz.

Otros quedaron sorprendidos con los chorizos y salchichones de Lorea Momeñe, libres de gluten, lactosa y conservantes.

La productora de Orozco también los prepara con carne de pottoka. «Debemos encontrar fórmulas viables para que estas especies no terminen en extinción», defiende. Eso sí, el plato estrella fueron las 800 raciones de patatas con carne preparadas por los cocineros de la Federación de Sociedades Gastronómicas Boilur. Todo un clásico.

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