Visitas guiadas teatralizadas, el martes, sobre la lepra y la crónica negra de la villa

J.A.M. BERGARA.

Las historias lúgubres y oscuras de la villa desde la Edad Media, música y cine con el terror y la fantasía como tramas, y un ambiente festivo, es el menú que propone el gaztetxe e Iraganeko Oinatzak Elkartea para 'Arimen Gaba', el martes 31 de octubre.

El plato fuerte de 'Arimen Gaba' será dos visitas guiadas por el casco urbano centradas en las epidemias de lepra entre otras que sufrió la villa, y sobre la crónica negra de Bergara. Serán recorridos por la historia documentados por el investigador de Iraganeko Oinatzak, Ugutz Basauri Gamboa. Un guía vestido como un apestado de la Edad Media, 'Bautista. El leproso', dará las explicaciones. Los recorridos partirán de la plaza Ariznoa, la del Juzgado (junto a la fuente), en euskera de 20.00 a 21.00 horas, y en castellano 22.00 a 23.00 horas. El precio es de 5 euros. La inscripción se formaliza en 695.753.430.

Las tradiciones en torno a difuntos y ánimas que tanto protagonismo han ganado desde la irrupción anglosajona de Halloween, siempre han tenido su réplica y equivalencia autóctona.

Sin ir más lejos, las cinematográficas calabazas iluminadas eran habituales en la noche de ánimas en muchas localidades de Euskal Herria.

En este marco la programación de 'Arimen Gaba' dará ocasión de conocer y disfrutar de esas costumbres. Tras las visitas guiadas en el gaztetxe desde las 23.20 horas se ofrecerá un pase de cortometraje de terror, y a partir de la medianoche habrá una fiesta de disfraces y animación con varios djs.

Labor de investigación

Desde Iraganako Oinatzak, una asociación ligada a la recuperación de la memoria histórica y de los rituales que hacían nuestros mayores, destacan sobre estas fechas especiales del calendario, «en el caso del día de Todos los Santos y las Ánimas, sabemos que hasta las primeras décadas del siglo XX en algunas zonas del Alto Deba, los menores, en complicidad con los adultos, robaban de las huertas y vaciaban calabazas, nabos y remolachas y las decoraban a modo de cabeza humana monstruosa para colocarles en su interior una vela que iluminase su paseo nocturno asustando a quien encontraban a su paso».

El objetivo, como explica Ugutz, «era ahuyentar a los espíritus malignos que podrían acecharles en un período del año que, junto al fin de las cosechas y el inicio del frío y duro invierno pues, siguiendo viejas creencias paganas, consideraban que se abría un portal que unía el inframundo y el mundo de los vivos. Todo ello, en un momento que podría aumentar la mortandad por escasez de alimentos y enfermedades que se aprovechaban de la debilidad de las gentes. Con las calabazas y seres monstruosos que creaban pretendían asustar a los malos espíritus que llegaban para llevarse con ellos a las gentes que poblaban la cuenca del Deba».

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