Una visita a la ermita de San Antón, en el barrio de Buruñao

Vecinos reunidos delante del pórtico de la ermita./
Vecinos reunidos delante del pórtico de la ermita.

BERGARA.

La proximidad de la festividad de San Antón, el 17 de enero, hace que la ermita bergaresa que lleva el nombre del santo, sirva de atractivo para girar una visita hasta el barrio rural de Buruñao.

Si bien años atrás, la jornada de San Antón, donde los animales eran los protagonistas, atraía a buen número de visitantes, incluidos pastores de Bizkaia y Araba, hoy en día la celebración se ciñe a un oficio religioso y al reparto de caldo y chorizo. Según cuentan los vecinos del lugar, hasta la Guerra Civil, habitantes de los caseríos vecinos acudían los domingos por la tarde, a toque de campana, al rezo del rosario. También era habitual llevar una vela a San Antón cuando una vaca estaba preñada o algún animal del ganado enfermaba.

La ermita de San Antón Abad data del siglo XVI, es de planta rectangular, con tejado a dos aguas, rematado por una espadaña de piedra. En su interior, la imagen del santo, que es del siglo XVIII, preside el altar.

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