El regreso del Cristo de la Agonía está previsto para el 18 de febrero

Cristo. Vista del efecto de la limpieza sobre la policromía tomadas en el IAHP de Sevilla. / J.C.
Cristo. Vista del efecto de la limpieza sobre la policromía tomadas en el IAHP de Sevilla. / J.C.

Después de trece meses volverá a ocupar su capilla en la parroquia de San Pedro. La misma semana de la vuelta hará un parada de tres jornadas para ser expuesto en la catedral donostiarra del Buen Pastor

J.A.M. BERGARA.

«El 18 de febrero, primer domingo de Cuaresma, hemos previsto celebrar la vuelta del Cristo de la Agonía en la misa que se le va a dedicar», señala el párroco de San Pedro Apóstol, Jon Molina, que ha seguido desde la distancia todo el proceso de este largo viaje de 13 meses a Sevilla de la imagen del siglo XVII de Juan de Mesa para tomar parte en una exposición y ser sometida a un posterior restauración en el Instituto Andaluz de Patrimonio de la Cartuja sevillana.

«La idea es que la imagen se exponga durante tres jornadas, del 14 al 16 de febrero en la catedral del Buen Pastor en Donostia y de allí viaje a Bergara para instalarse en su capilla que hemos aprovechado para restaurar y mejorar en iluminación», apunta Molina.

La obra maestra de Juan de Mesa, auténtica joya de la imaginería barroca, ha repartido su estancia hispalense con dos paradas.

Primero protagonizó una exitosa exposición en la iglesia del Santo Ángel del convento de los Carmelitas Descalzos junto al Cristo de los Desesperados, obra de Martínez Montañés que fue maestro de Mesa, y con el crucificado del Seminario Mayor de Granada, talla firmada por Pablo de Rojas que formó a Montañés. De ahí llegó al Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH) para recuperar la pieza.

De la oscuridad a la claridad

Las restauradoras del IAHP Maite Real y Cinta Rubio hansacado a luz los valores ocultos por el tiempo. El policromado ha pasado de tener un tono oscuro a uno claro que realza los detalles del maestro cordobés como los regueros de sangre de la imagen, ocultos por las capas de suciedad, tonalidad oscura debida al humo de un antiguo incendió que sufrió San Pedro, y a la oxidación por el paso de los siglos de los barnices. Además han actuado en la recuperación de diferentes piezas perdidas en la corona de espinas y del cordón del sudario.

El presupuesto de la restauración se ha cifrado en 20.000 euros sin coste para las arcas parroquiales y diocesanas como se acordó con los organizadores de la exposición para la cesión de la pieza.

Esta talle del barroco universal fue un encargo en 1622 del bergarés Juan Pérez de Irazabal, contador real, para que presidiera la capilla que había destinado a su enterramiento en San Pedro. Un espacio con un retablo dedicado al Cristo de la Agonía, protagonista central, que nunca llegó a albergar su cadáver, y que aprovechando la ocasión, se ha remozado por las técnicos de Artez, Artez, Maite Fernández Azkona y Aida Paya Montesinos, con un proceso de limpieza, tratamiento contra parásitos y reposición de elementos.

Un crucificado vivo

En el recinto bajo el coro todo está preparado para que vuelva a protagonizar la capilla esta sobra singular. Las exigencias de Irazabal, perfectamente plasmadas por Mesa, sobre el tocho de cedro son las que han dado prestigio artístico a la obra. Pidió que fuera más grandes de los habitual y mide 2,18 metros, y que el Cristo estuviera vivo en la cruz y no muerto como en la mayoría de las representaciones, «tiene mucha expresividad con la boca entreabierta y la mirada hacia el cielo, y destaca por lo minucioso que fue en la anatomía. Al estar vivo, Mesa plasmó la tensión muscular de los últimos minutos de vida, frente a otras tallas con carnes más flácidas tras la muerte», los responsables del patrimonio.

De los nueve crucificados que firmó Mesa, es el sexto, y está considerado la cumbre de su obra y uno de los mejores del barroco universal. «Tanto en calidad artística como en tamaño el Crucificado de la Agonía destaca sobre el resto de los realizados por Juan de Mesa, es la obra cumbre de su autor», afirmaba hace poco el escultor y doctor en Bellas Artes sevillano Rafael Martín Hernández.

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