Vida nueva para el arco más viejo

Experto. José Ángel Barrutiabengoa, miembro de Arrasate Zientzia Elkartea, conoce la historia y las peculiaridades de este portal./OLIDEN
Experto. José Ángel Barrutiabengoa, miembro de Arrasate Zientzia Elkartea, conoce la historia y las peculiaridades de este portal. / OLIDEN

El portal del Olarte, del siglo XIII, el más antiguo del casco histórico, será restaurado

KEPA OLIDENARRASATE.

El arco medieval del Olarte es con diferencia el más antiguo de los 3 que aún se conservan en torno al recinto amurallado de la villa. Data del siglo XIII y aventaja en 500 años a los del Portal de Abajo (mal llamado Portalón) e Iturriotz, ambos fechados en el XVIII.

Resulta casi milagroso que en Mondragón se haya conservado un elemento arquitectónico de casi 8 siglos de antigüedad sin que nadie haya decretado su demolición aduciendo que es viejo y feo, como ha sucedido con incontables joyas del patrimonio monumental del municipio. En esa infortunada lista de 'bajas' figuran los arcos que en su tiempo coronaban los portales de Gazteluondo, Zerkaosteta (actual cantón del cine Ideal) y el cantón de Olarte (junto a la carnicería Otamendi).

El de Olarte es un arco rebajado «de factura sencilla» en palabras José Ángel Barrutiabengoa, investigador de Arrasate Zientzia Elkartea (AZE). Pero más allá de la tosquedad de su fábrica, su valor histórico es incuestionable: se trata del portal original construido durante la erección de la muralla medieval de la villa, iniciada tras la fundación castellana en 1260 y cuya labor «aún proseguía en 1326, después de varios incendios» explicaba Barrutiabengoa.

El escudo que corona el tímpano del arco es prueba elocuente del dominio de los nuevos conquistadores castellanos. Se trata de un escudo de Castilla-León pero al que curiosamente «le falta la granada, símbolo de la conquista del último reino musulmán en 1492». O sea que el escudo del portal de Olarte es anterior a esa fecha, asevera Barrutiabengoa. La pieza está tallada en arenisca y su deterioro por erosión evidencian los estragos del paso del tiempo. Un fenómeno del que tampoco se libra el propio arco. Su factura en piedra caliza margosa aguanta mal el paso del tiempo, sobre todo si son 800 años con poco a ningún mantenimiento. Decía Barrutiabengoa que no han hallado ninguna documentación que acredite que este arco haya sido objeto de restauración. Pero finalmente le ha llegado la hora. Los reiterados desprendimiento de la argamasa de caliza margosa han decidido al ayuntamiento a invertir 15.000 euros en la rehabilitación de este singular arco medieval.

La caliza margosa empleada en la construcción del arco es la misma que se utilizó para levantar la muralla defensiva de la villa. A día de hoy esta se puede observar a simple vista y «hasta una altura de 6 metros en las tres casas contiguas Olarte del bar Lagunilla calle arriba». Toda esta caliza margosa, «con mucha arcilla», provenía de una cantera que existió junto al desaparecido caserío Kostobal, encima de la calle Zarugalde. Se trata de una piedra «más fácil de tallar que la caliza pero que se degrada antes». La caliza margosa se fractura con mayor facilidad y ahí reside su principal inconveniente. Un problema cuya resolución el ayuntamiento ha encomendado a la firma Harri Construcciones y mampostería, S.L. Su intervención «ha de ser restaurativa y no una reconstrucción con cemento» advertía José Ángel Barrutiabengoa. El ayuntamiento cuenta con el asesoramiento de los expertos de AZE para encarrilar una obra que tiene por objeto fijar la mampostería del arco y reparar la pequeña cubierta de teja que corona el arco. La humedad que se cuela a través de este deteriorado tejado se está filtrando a la piedra.

Casa torre sobre el arco

Aunque desde AZE abogan por designarla como Portal de Olarte, esta puerta medieval ha recibido diferentes nombre: de Araba, de Aramaio, de Zarugalde, del crimen, de Arbolapeta... Antes de ser escenario del asesinato del conde Monterrón en 1816, este portal, que aún conserva las marcas del dintel que sostenía la puerta de doble hoja, defendía uno de los accesos al recinto amurallado, y sobre ella «se levantaba una casa torre de madera que la guardaba, como acreditan los hallazgos realizados por Mertxe Urteaga».

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