Un tesoro natural para el público

Ruinas. El caserío de Sagasti-Echea fue construido en 1880 sobre un antiguo lagar por la acaudalada familia Ariza-Etxezarreta. / OLIDEN
Ruinas. El caserío de Sagasti-Echea fue construido en 1880 sobre un antiguo lagar por la acaudalada familia Ariza-Etxezarreta. / OLIDEN

Proponen regenerar un robledal de 74 hectáreas y recuperar la aliseda de ribera y el jardín botánico con árboles centenariosEtxezarreta albergará una de las mayores masas de roble cantábrico de Gipuzkoa

KEPA OLIDEN ARRASATE.

La recuperación de 63,7 hectáreas de pinares talados y su regeneración en robledal atlántico reportará a Etxezarreta la mayor mancha de este tipo de formaciones boscosas del Alto Deba y una de las de mayor interés de toda Gipuzkoa.

La formación de una mancha de robledal cantábrico de más de 74 hectáreas en una comarca donde el tamaño medio de las existentes es de apenas 1,52 hectáreas, engendrará un ecosistema forestal de alto valor, acercará el contacto y disfrute de la naturaleza a la ciudadanía y se convertirá en un recurso turístico para aquellos visitantes con una mayor sensibilidad hacia la naturaleza. Porque a quién no le encanta pasear por bosques de robles, tan escasos ya en nuestro entorno.

Etxezarreta brindará todo eso y más cuando se materialicen los proyectos de recuperación medioambiental que propugnan entidades como el club de montaña Besaide y la Sociedad Vasca de Biología de la Conservación Naturtzaindia.

Incrementar la masa forestal de robledal cantábrico, recuperar la aliseda de ribera y poner en valor el arbolado centenario que queda del jardín botánico del caserío Sagasti-Echea constituyen los tres ejes de la intervención propuesta para este enclave natural cuya titularidad pasará a ser pública antes de que termine el año.

El ayuntamiento desembolsaba esta semana la mitad de los 270.000 euros que abonará por la compra de esta finca de 83 hectáreas propiedad de los herederos de la familia Mendía. Cuando el consistorio abone el segundo plazo, hacia finales de año, Etxezarreta se convertirá en el mayor espacio verde de dominio público para recreo, uso y disfrute de la ciudadanía, por delante de Kurtzetxiki, Besaide, Hidalgobaso...

Tala del pinar

Todo este proyecto de recuperación del bosque autóctono está supeditado a la desaparición del pinus radiata que hasta 2016 crecía en un superficie de 67 hectáreas. Su tala concluirá este próximo otoño pero desde que ha empezado a eliminarse la competencia de los pinos, varias especies características de la vegetación potencial que estaban ocupando el sotobosque de estas plantaciones prosperan de manera natural, según afirman los expertos.

El bosque autóctono se abre paso de forma natural con la promesa de regenerar la biodiversidad y recuperar los hábitats propios del robledal cantábrico. Este es el objeto prioritario de los ambientalistas, que abogan por extender su superficie incluso a las tierras de relleno depositadas en la zona de Aranguren como consecuencia de la construcción de la autopista AP-1.

Kiko Álvarez y Naiara Corcuera, firmantes del informe redactado por Naturtzaindia, abogan por establecer «un programa de seguimiento a largo plazo de los robledales» para favorecer su conservación, y plantean dotar al área de una protección efectiva, «determinando expresamente los usos a excluir, como por ejemplo la actividad ganadera».

Aliseda

Recuperar, preservar e incrementar la superficie de la aliseda cantábrica que crece en la margen derecha del Deba a su paso por Etxezarreta es la segunda recomendación de los expertos. Esta aliseda, una de las últimos que se conservan en el cauce del Deba, crece en junto a lo que fue el jardín botánico que plantó la acaudalada familia Ariza cuando en 1880 construyó la casería de Sagasti-Echea sobre un antiguo lagar perteneciente a la familia Etxezarreta, con cuya heredera se había casado el médico sevillano Rafael Ariza Espejo, conocido librepensador y krausista.

Padre del ingeniero del mismo nombre, ellos fueron los diseñadores de un jardín botánico donde aún crecen ejemplares centenarios de sequoia sempervirens, criptomeria japonesa, abetos de diferentes variedades, ciprés de Lawson, cedros del Himalaya, del Atlas y del Líbano... Todo ello entreverado, fruto del abandono, de especies autóctonas que han prosperado de forma natural como tejos, robles, fresnos, alisos, nogales, laureles...

Debido a esta diversidad de especies y a la edad y porte de los ejemplares, el jardín, al margen de su valor histórico, presenta un elevado potencial para la divulgación ambiental. Los expertos plantean realizar un estudio del arbolado y «seleccionar una muestra representativa del arbolado centenario para su incorporación a un programa de información y sensibilización».

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