Recogen firmas a favor y en contra de las chabolas de Santa Teresa

Horticultores. Manolo cuida de sus cebollas mientras conversa con su amigo Pedro. / OLIDEN
Horticultores. Manolo cuida de sus cebollas mientras conversa con su amigo Pedro. / OLIDEN

Los detractores presentan 500 firmas y sus partidarios han recabado otras tantasEl ayuntamiento anunció en otoño su intención de demoler el centenar de chabolas que pueblan esta propiedad privada

KEPA OLIDEN ARRASATE.

El barrio de Santa Marina-Santa Teresa tiene el corazón partido entre detractores y defensores de las chabolas y huertas que pueblan la ladera de Agerre. Unos y otros han recogido firmas durante los últimos meses para secundar sus demandas, y ambos colectivos declaran haber recaudado en torno a 500 rúbricas.

El ayuntamiento anunciaba en otoño su intención de demoler las alrededor de cien chabolas y huertas de esta zona, un terreno de propiedad privada que tolera esta actividad hortícola desde hace más de 40 años. La medida, señalaron desde el consistorio, obedecía a las demandas vecinales para erradicar este foco de humedades, suciedad y molestias. Un ruego que se concretaba en el pasado verano con una campaña de recogida de firmas para denunciar los problemas de convivencia que originan estas chabolas y que traería como consecuencia la decisión municipal de erradicarlas.

Desde julio

Los partidarios de la eliminación de estas chabolas recabaron casi 500 rúbricas, que fueron presentadas en el BAZ en septiembre de 2017.

Sus impulsores comenzaron a recoger firmas a sugerencia del ayuntamiento. Con anterioridad habían presentado una queja en Urbanismo denunciando los reiterados problemas de humedades que la actividad de estas huertas ocasiona en los bajos y viviendas situados ladera abajo. Desde el ayuntamiento les invitaron a respaldar con firmas vecinales su reclamación de soluciones para este problema.

Casi 500 firmantes suscribían la denuncia de vecinos y propietarios de los negocios del Barrio Santamaina, calle Agerre, que alegaban padecer «desde algunos años atrás un problema de filtraciones de agua que anteriormente no existían, aunque sí humedades evidentes, hecho que en su día dejamos patente en la reunión mantenida con los Concejales de Urbanismo».

Atribuían esta situación a la «existencia de unas huertas en la parte trasera de la calle Agerre; que han ido recogiendo, canalizando y desviando las aguas en dirección a los pabellones de viviendas y comercios de los edificios anexos; por lo que se producen filtraciones en la fachadas de los mismos».

Además señalaban la «escasa higiene existente, ruidos, malos olores por abono de tierras, animales...» que se producen en el entorno de las citadas chabolas y huertas.

Por ello solicitaban al ayuntamiento que les ayudara «a que en nuestro barrio se pueda vivir con la misma calidad de vida saludable que tiene el resto de los ciudadanos de Arrasate».

En defensa de las chabolas

Pero no todos en el barrio apoyan la supresión de las chabolas y huertas de la ladera de Agerre. Una campaña de recogida de firmas en su defensa y a favor de su mantenimiento «ha recabado más de 500 firmas», aseguraba uno de sus promotores. Y esta campaña aún en curso se prolongará por tiempo «hasta que celebremos una asamblea» previa a su presentación ante en el BAZ. Son principalmente usuarios de huertas y chabolas quienes recaban firmas de apoyo entre sus familiares y amigos.

No es del ayuntamiento

Estas chabolas llevan más de 40 años poblando este paraje y «nos iremos si nos lo ordena el propietario del suelo; el ayuntamiento no es nadie para echarnos, a no ser que compre los terrenos», advierten. Además, «si eliminan estas chabolas también tendrían que quitar las de Erguin».

La mayoría de los horticultores procura «no molestar» a los vecinos y el número de animales que se crían en las chabolas «a día de hoy no es ni la mitad de los que había años atrás». Pero pese a los esfuerzos de la mayoría de los horticultores por no importunar al vecindario, este usuario admitía que «siempre hay alguna manzana podrida». Reconocía que alguno cortó el cauce habitual del agua ocasionando problemas de filtraciones de agua en los bajos de las viviendas, pero «aquí ni hay más ratas ni más suciedades que en otras parte del pueblo porque intentamos mantener este entorno lo más limpio y curioso posible».

Pedro, uno de los usuarios de estas huertas, cree que «nos hemos vuelto demasiados delicados». Lamentaba que incluso hay quien se queja de que cante el gallo. «Es como si nos molestara el canto de los pájaros», afirmaba. Este veterano corrobora el «esfuerzo de los horticultores por aminorar molestias. Apenas se encienden ya fuegos para la quema de rastrojos, y con la cantidad de gatos que hay (por las huertas) la población de ratas se mantiene a raya».

Sobre la controversia en torno a las suciedades originadas por los restos de sacrificios de pollos o conejos, decía Pedro que las «vísceras y pieles se entierran o se deposita en bidones cerrados para su putrefacción».

Pedro y su amigo Manolo, como otros horticultores, resaltaban los «beneficios» de la actividad de las huertas: «mantiene la ladera limpia de zarzas y malezas que de otro modo devorarían el entorno, y la tierra labrada filtra y absorben el agua en caso de fuertes precipitaciones previniendo inundaciones potencialmente dañinas».

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