'Prehistoria' de las cooperativas

Taller. Alumnos de la primitiva Escuela Profesional trabajan en el taller del centro en una foto sin fechar. / DV
Taller. Alumnos de la primitiva Escuela Profesional trabajan en el taller del centro en una foto sin fechar. / DV

La Escuela Profesional creada por Arizmendiarrieta cumplirá 75 años en octubre |

KEPA OLIDEN ARRASATE.

La 'prehistoria' del cooperativismo mondragonés arrancó hace 75 años bajo la máxima de «hay que socializar el saber para democratizar el poder». La Escuela Profesional, embrión de la actual Mondragon Unibertsitatea, iniciaba su andadura en octubre de 1943 para «contribuir a superar el espíritu de la lucha de clases y la regeneración social de Mondragón». Tras estas palabras de Arizmendiarrieta, hoy tan inocuas, se vislumbraba entonces un discurso que algunos juzgaban subversivo. El nacimiento de la Escuela Profesional fue un parto complicado porque ponía en cuestión el status quo dominante y que determinaba que «el hijo del ingeniero, ingeniero; y el hijo del peón, peón».

Habían transcurrido sólo cuatro años desde el fin de la guerra civil y, bajo el franquismo más feroz, no faltaban quienes «encontraban arriesgado dar acceso a tanto número de aspirantes, quienes al término de su formación profesional y de elevación cultural y técnica podrían ser fermento revolucionario en las empresas».

Arizmendiarrieta llevaba solo dos años en Mondragón cuando se embarcó en la creación de la Escuela Profesional. Lo hizo tras ver frustrados sus intentos de abrir la Escuela de Aprendices de la Unión Cerrajera a otros jóvenes que no tuvieran vínculos familiares con la empresa. Arizmendiarrieta había comenzado a impartir 'formación social', y en su admirada Escuela de Aprendices y en sus aulas conocería a los cinco jóvenes que, andando el tiempo y bajo su égida, fundarían la primera cooperativa industrial con las siglas de Ulgor en 1956.

Los orígenes

Pero muchos años antes de aquello, Arizmendiarrieta ponía la primera piedra del cooperativismo fundando un centro educativo que se ajustaba a su ideario. El proyecto recibía luz verde el 10 de agosto de 1943 y, muy propio de don José María, tras mover todos los hilos puso al frente de la escuela a un patronato de auténtico relumbrón: Gregorio Echeverría, gerente de Elma; Eugenio Ugarte, gerente de Metalúrgica Cerrajera; Ignacio San Martín, gerente de Asam; Domingo Arzamendi, gerente de ABC y alcalde; Eugenio Resusta, gerente de la Industrial Mondragonesa, y el párroco Iñarra. Y con don José María «adjudicándose el modesto cargo de consiliario de Acción Católica», como apuntan Juan Leibar y Joxemi Azkarate en 'Historia de Eskola Politeknikoa' (Caja Laboral, 1994). La Escuela Profesional se inauguraría solemnemente el 10 de octubre de 1943 bajo la presidencia del obispo de Vitoria.

Con todo, los medios con que inició su primer curso fueron de una «escasez patética», escribe José María Ormaetxea en 'Orígenes claves del Cooperativismo de Mondragón'. «No tenía ni lo más elemental para componer el escenario para una fotografía de inauguración, y los tornillos de mesa, las limas y los estiletes que sirvieron para la ceremonia inaugural tuvieron que ser devueltos a la Unión Cerrajera que los prestó para el heroico evento».

Con una matrícula de 20 alumnos de unos 14 años, la Escuela Profesional iniciaba su andadura en el desaparecido edificio de las Escuelas Viteri. Prudencio Osinaga, único maestro con dedicación exclusiva, «hacía de director, secretario, administrador y profesor de lengua, de francés, de matemáticas... de lo que fuera necesario», escriben Leibar y Azkarate. Los demás profesores pertenecían y cobraban de la Escuela de Aprendices y daban clase gratis en la Escuela Profesional fuera de horas. Eran Gaspar Ezkurra, Antonio Balerdi, José Lasa, Mariano Montiano e Ignacio Palacios.

«El primer curso de la Escuela Profesional, clausurado el 4 de agosto de 1944, tuvo un presupuesto de 44.200 pesetas», señala Fernando Molina en la biografía de Arizmendiarrieta. Para reducir la brecha entre la pobreza de la Escuela profesional y la riqueza de la Escuela de Aprendices, Arizmendiarrieta «se lanzó a una ingente recolección de subvenciones y apoyos por parte de empresas, particulares e instituciones públicas, mediante un trabajo silencioso de redacción de decenas y decenas de cartas en las que mendigaba dinero», detalla Molina.

Los ruegos de tan pedigüeño cura, sumados a los ingresos recabados mediante quinielas, rifas o entradas a espectáculos dieron su fruto, porque al año siguiente Arizmendiarrieta promovía la compra de los terrenos de Iturripe por 200.000 pesetas. Pero no sería hasta 1962 cuando la Escuela Profesional estrenaría sus actuales instalaciones. Antes había pasado otros diez -desde 1952- en un antiguo almacén de ferretería denominado Cometal y sito en Zaldispe. Las cuatro plantas de 850 metros cuadrados de este edificio albergarían a partir de 1965, de nuevo por inspiración de Arizmendiarrieta, el Centro Asistencial dirigido por el doctor Román Balanzategi, embrión del actual Hospital Comarcal del Alto Deba.

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