Pisotón a la reina de Inglaterra

Avenida. Grabado con uno de los dos arcos instalados para recibir a la comitiva de la reina Victoria I. / ALBUMSIGLO19MENDEA.NET
Avenida. Grabado con uno de los dos arcos instalados para recibir a la comitiva de la reina Victoria I. / ALBUMSIGLO19MENDEA.NET

Dios no salvó a la reina Victoria I del pisotón que le propinó Gaspar Madinabeitia. El corpulento músico mondragonés tocaba en ese momento 'God Save the Queen' con la Banda Municipal de Donostia

KEPA OLIDEN ARRASATE.

Dios no salvó a la reina de Inglaterra Victoria I del soberano pisotón que le propinó el corpulento músico mondragonés Gaspar Madinabeitia en su primera y única visita a Donostia. Sucedió un 27 de marzo de 1889, fecha memorable en que la soberana del Reino Unido e Irlanda y emperatriz de la India, a la sazón de 70 años de edad, arribaba a la capital guipuzcoana procedente de Biarritz. Su visita al palacio de Ayete es recordada en una columna de homenaje existente en sus jardines, como señala el cronista e historiador donostiarra Javier Sada.

La víspera había llegado San Sebastián la reina regente de España María Cristina de Habsburgo, viuda de Alfonso XII y madre de Alfonso XIII. Acompañada del presidente del Consejo de Ministros Sagasta y numerosas autoridades civiles y militares, la reina María Cristina acudió a recibir a su homóloga británica a la estación del Norte.

Cuentan las crónicas recogidas por Sada que la Reina Regente vestía traje negro con abrigo de terciopelo bordado de azabache, y la reina Victoria llevaba abrigo negro corto de seda rayada y pieles negras con capota del mismo color y plumas. Cuando el tren hizo su entrada, la música del Regimiento de África tocó la Marcha Real Inglesa.

Todos besados y saludados se formó la comitiva que conduciría a todos hasta el Palacio de Ayete. Los disparos de la artillería anunciaron la salida del cortejo formado por diez carruajes oficiales y otros muchos donde viajaban servidores, representantes de la prensa extranjera y particulares llegados de distintos países.

La gente del pueblo y las personas de distinción se agrupaban en las aceras con el mismo objetivo de ver la regia comitiva y al paso de las soberanas desde los balcones se arrojaban flores y se soltaban palomas que atadas al cuello lucían largas cintas de colores.

Los soldados cubrían la carrera, los miqueletes la parte correspondiente a la Avenida y la entrada al Palacio de Ayete, y en la Avenida se habían instalado dos arcos triunfales.

En el ayuntamiento

Después del banquete oficial servido en el palacio de Ayete, a las tres y media, tras recorrer las calle céntricas, llegaron las reinas y los príncipes de Battemberg al ayuntamiento, sito en la Plaza de la Constitución, donde por razones de tiempo, «no se llegaron a esparcir sobre las alfombras de la escalera principal el millón de violetas traídas desde Niza para tal fin».

La comitiva regia se dirigió al edificio consistorial para presenciar los festejos organizados en su honor. La plaza estaba vistosamente engalanada y en los balcones de las casas de la misma «leíase en grandes tablas las inscripción 'welcome'».

Las soberanas de Inglaterra y de España se asomaron al balcón consistorial para ser obsequiados con un aurresku que bailaron doce parejas de dantzaris.

Después se retiraron del balcón para tomar un lunch que el ayuntamiento les tenía preparado en una de las salas laterales. Mientras las reinas permanecieron en la casa consistorial, la Banda Municipal de Música, de la que formaba parte Gaspar Madinabeitia, interpretaba en la plaza el 'Agur' de Iparragirre, y el 'Ume eder bat'.

Cuando la regia comitiva abandonaba la plaza a los sones del himno inglés 'God Save the Queen' para dirigirse a la estación, se produjo la anécdota que José Letona recogió de su protagonista.

Avalancha

El hecho fue que en los 'arkupes' o soportales de la Casa Consistorial «formando vial y rindiendo honores se situó la banda de música, de la que formaba parte Madinabeitia, famoso mondragonés muy conocido en los anales de las orquestas de aquellas y posteriores tiempos».

Detalla Letona que la banda interpretaba el 'God Save the Queen' cuando en el momento en que la reina Victoria pasaba a la altura de Madinabeitia, la avalancha de gente que se hallaba en los soportales se abalanzó tan impetuosamente sobre los músicos que el mondragonés no pudo evitar dar un pisotón a la anciana soberana. Un pisotón que como atestigua Letona, «dada la estatura, corpulencia y peso de Madinabeitia, no debió ser nada liviano».

«Por una vez al menos, Dios no salvó a la reina del pisotón, a pesar del himno, y no sé si en los anales de la pequeña historia del glorioso reinado victoriano (1837-1901) quedó consignado este pequeño incidente, del que seguramente el facultativo de la casa real británica hubo de tener conocimiento y probable intervención en cuanto la reina llegó a Biarritz».

Al contar lo sucedido, el bueno de Madinabeitia, «cuyo corazón era tan grande como su corpulencia y peso, se le nublaban los ojos, no sé si de melancolía o de ambas cosas a la vez; y músico al fin, un trémolo hizo vibrar el corazón de aquel hombrachón de Mondragón», dejó escrito José Letona.

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