Olentzero, de malvado a bonachón

Popular. Olentzero saldrá hoy como cada 24 de diciembre./OLIDEN
Popular. Olentzero saldrá hoy como cada 24 de diciembre. / OLIDEN

La evangelización transformó al ser mitológico en un personaje entrañable y tripón

KEPA OLIDENARRASATE.

Olentzero, el entrañable y bonachón carbonero que siembra de ilusión y regalos la Nochebuena, obviamente no siempre fue la encarnación del espíritu navideño ni personificó el afecto y la cordialidad de este tiempo.

Este personaje mitológico simbolizaba con su oficio el culto al sol y al fuego, y su origen estaría vinculado a las celebraciones del solsticio de invierno que compartían muchos pueblos europeos de la antigüedad. Y se asemejaban más a un ogro siniestro que descendía por la chimenea con aire fiero y metía a los chicos en un saco y se los llevaba, o bien portaba una hoz con la que cortaba el cuello a los que sorprendía aún despiertos.

Pío Baroja afirmaba que se le tenía también por un espíritu de gran poder. «El día de Nochebuena había en la chimenea de los caseríos un tronco de leña especial, más grande que los demás o de figura extraña, dedicado a Olentzero, y el tronco, a medias quemado, que se sacaba al día siguiente a la puerta del caserío, tenía el poder mágico de curar el ganado».

Existen diversas hipótesis sobre la etimología de Olentzero. La más extendida sostiene que puede provenir de 'Onen' y 'aro', que podría traducirse por 'tiempo de lo bueno'. Porque la denominación de este ser mitológico no es única bajo la forma de Olentzaro.

Pío Baroja describía diferentes variaciones: se le llama Olentzero y Olentzaro en Oiartzun, Irun, Bera Lesaka y sus alrededores, Orenzago en Zarautz, Onentzaro en San Sebastián y Lizartza, y Onenzaro en Berastegi.

El escritor donostiarra publicó un artículo el 1 de enero de 1931 bajo el título de 'La fiesta vasca de Olentzero' a raíz de que en aquellas fechas San Sebastián decidiera restaurar esta antigua fiesta vasca del día de Nochebuena.

«La fiesta se redujo a pasear en andas un pelele de paja, sentado en una silla, que va fumando una pipa, entre ramos de laurel, cantarle unas coplas y después pegarle fuego» escribía no sin desdén Baroja. Haciendo honor a su reputación anticlerical, don Pío culpa a la evangelización por haber reducido el dios mitológico a un personaje «grotesco».

El autor aventura diversas conjeturas e hipótesis en torno a este personaje y a su área de influencia. «Esta intervención de Olentzaro en Nochebuena no parece que existe más que en una zona de Gipuzkoa, que va desde la frontera hasta Zarautz y en la parte septentrional de Navarra. El personaje no llega a Bizkaia ni a Araba».

Fuego

Pío Baroja manifiesta su sospecha de que Olentzero es una representación solar. «Los indicios me parecen claros. Olentzero se presenta en el solsticio de invierno, es carbonero, tiene los ojos rojos y brillantes, la cara tiznada por el hollín, entra por la chimenea, tiene un trozo de leño especial que arde en Nochebuena. A él mismo se le pega fuego y sirve después en el Nacimiento de Cristo, que nace también en el solsticio del año. Todo lo que se relaciona con este personaje, se refiere al fuego».

Pío Baroja dice que todo lo relacionado con Olentzero se refiere al fuego, al sol y al solsticio

Olentzero podría tener su origen en las figuras gigantes de paja que se quemaban en Europa

La coincidencia de la fiesta de Olentzero con Nochebuena, la existencia de una fiesta pagana de Oel, Joel y Noel, de donde quizá proviene el nombre de las 'olerías', nombre con el cual se designa el periodo próximo al solsticio de invierno, todo hace pensar a Baroja que Olentzero es un mito del fuego, es decir, un mito solar. «La etimología vasca de Olentzero, yo no lo aseguraría categóricamente por no ser técnico en estas cuestiones; pero supongo que podría ser Oel-Zarra, el viejo Oel», aventura don Pío.

Las dos personalidades del tipo, una seria y terrible de coco, de ogro, y otra cómica y grotesca tiene para él una explicación. «Yo supongo que la primera personalidad nace en una época en que el País Vasco no está aun evangelizado, y entonces Olentzero es un semidiós, una especie de Baco-Dionisios. La segunda personalidad puede tomar carácter después de la evangelización, y entonces el semidiós se convierte en un personaje cómico y ridículo, en una especie de fauno comilón y bebedor».

Normando

Pío Baroja se aventura asimismo a «buscar el país de origen de Olentzero». Parte de la tesis de que podría ser que fuera de «importación extranjera, y que había venido de Francia. En Francia existe, o por lo menos ha existido la fiesta con más extensión que en España».

Don Pío cita a Frazer, que en su libro 'El Ramo de Oro' habla de fiestas que se celebraban en el centro de Europa en los solsticios del año y en la primavera, y menciona que se formaba un gigante de paja y se le prendía fuego. A veces se metían en las figuras gigantescas hechas con telas y ramos, animales vivos, perros y serpientes, que se quemaban.

«Uno de estos personajes gigantescos puede ser muy bien nuestro Olentzero» conjetura Baroja. «Quizá también podría ser pariente de aquellos ídolos que se adoraban en Baiona en el tiempo en que dominaban los normandos y a uno de los cuales, según la leyenda, derribo San León de un soplo».

Suponiendo su origen francés, la «segunda cuestión sería averiguar el momento en que apareció. Yo pienso que la invención del Olentzero debió ser hacia el milenario, en una época en que la Vasconia francesa que formaba parte de la Aquitania Tercia o Novempopulania estaba intervenida por los normandos».

Un detalle digno de tenerse en cuenta -escribía Baroja- «es la pequeña extensión del culto de Olentzero en el País Vasco español, limitado a la frontera. Quizá el resto del país, más cristianizado, se opuso al paso del personaje pagano».

«También se podría aceptar que la extensión del culto de Olentzero dependió, en parte, de la extensión de la Iglesia en Baiona, que según el cartulario de Arsius llegaba más allá de San Sebastián y de Hernani, y comprendía las Cinco Villas de la montaña de Navarra y el valle del Baztan. Todo hace pensar -escribe Pío Baroja- que la evangelización del País Vasco en el campo fue muy tardía, y que probablemente no se realizó hasta los siglos XIII o XIV de nuestra era. Al cristianizarse el país completamente, entonces la figura de Olentzero comenzaría a dejar de ser seria y a convertirse en grotesca».

De todas formas, la fiesta de Olentzero «es una fiesta pagana, aunque quizá los donostiarras, que han tomado parte en ella este año 1930, no se lo figuren» concluía el novelista donostiarra.

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