La marihuana y el cerebro de un adolescente

«Si rebanáramos el cráneo de un adolescente podríamos meter un dedo en el espacio en torno al cerebro sin tocarlo». Ese cerebro, decía el psicólogo Emilio Martín, aún está creciendo. «Cuanto más se expanda, más conexiones cerebrales desarrollará». Cuantas menos conexiones cerebrales...

El THC (principio activo de la marihuana) «retrasa el desarrollo de esas conexiones cerebrales. Y un adolescente necesita todas las conexiones cerebrales del mundo y más». El cerebro necesita oxígeno y glucosa. Al THC le encantan el oxígeno y la glucosa... Las radiografías cerebrales muestran «áreas del cerebro que permanecen inactivas mucho tiempo». Decía Martín que «no es irrecuperable pero se necesita un periodo de abstinencia de al menos 14 meses en el consumo de THC. El THC no se va del cerebro, se queda para siempre. Y actúa como un imán que atrae más THC. Tras un periodo de 14 meses de abstinencia el cerebro empieza a compensar el mecanismo». Emilio Martín recordaba que un chaval le dijo que sólo fumaba tres porros a la semana. Eso son 156 porros al año. «Y eso hay que multiplicarlo por las 460 sustancias distintas que contiene la marihuana, de las que solo conocemos cómo actúan siete».

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