Huevos surcando la Politécnica de Arrasate

Algunos de los 32 diseños aeronáuticos que se vieron ayer en Arrasate/Oliden
Algunos de los 32 diseños aeronáuticos que se vieron ayer en Arrasate / Oliden

La escuela arrasatearra premió el vuelo más largo y el más bonito,y el mejor diseño, entre los que lograron aterrizar con el huevo indemne

KEPA OLIDENArrasate

Artefactos presuntamente voladores de todo pelo 'surcaron' ayer el cielo del Escuela Politécnica Superior de Mondragon Unibertsitatea. Cerditos alados, hélices, cápsulas, platillos, aeroplanos... pero sobre todo paracaídas en todos sus formatos y diseños. Todos ellos confeccionados a base de hilo de bala, cartulina y cola de contacto, 'despegaron' desde la ventana del tercer piso de la biblioteca. Cada uno de los 32 artilugios lanzados portaba en su seno un 'pasajero': un huevo de gallina fresco.

Como ha venido ocurrido en las veinte ediciones del Concurso de Diseño Industrial de Lanzamiento de Huevo, el atrio universitario situado 15 metros más abajo no tardó en verse salpicado de tortillas. Pero no todos los huevos causaron 'baja'. Los 'supervivientes' al impacto fueron a la postre los que pugnaron en este certamen que premia el vuelo más largo, el más bonito, y el mejor diseño.

El primer galardón correspondió a un artefacto escasamente aerodinámico bautizado con el nombre de 'Isototopopo'. El eskoitzarra Oier Balbas y el bilbotarra Ander Otegi pergeñaron una figura «de forma piramidal y parecida a un átomo» que llegó a 'volar' 20 metros, mayormente gracias al enérgico impulso del brazo de Oier. En su 'aterrizaje' casi alcanza al público que presenciaba el espectáculo, pero lo hizo con el huevo perfectamente entero. El 'pasajero' viajaba en la cápsula «bien amarrado con hilo y protegido con papel».

La experiencia del año pasado, en que el modelo de Oier y Ander «perdió el huevo» durante el vuelo, les ha llevado a estos estudiantes repetidores a mejorar el diseño y a alzarse con la victoria a la segunda.

El trofeo al mejor vuelo fue para la 'nave' bautizada 'Tresyemas'. Los bilbotarras Eder Sanz y Aitana Bahillo y la iruñearra Cristina Meléndez firmaban este diseño «inspirado en una veleta» y con forma de hélice «para rotar y planear» que cumplió las expectativas aerodinámicas de sus creadores. Rotó y planeó como se esperaba y les granjeó a Eder, Aitana y Cristina el premio que seguramente no hubieran alcanzado de haber materializado su primer proyecto. «Primero pensamos diseñar un paracaídas porque es el recurso más sencillo a la hora de proteger la integridad del huevo, pero es un diseño que presenta un elevado riesgo de vuelco», decían.

Proyecto Gorringo

Entre los diseños concursantes había un poco de todo, desde el glamuroso paracaídas de Leire, Ainhoa y Naroa, artísticamente decorado con los dibujos a todo color de dos polluelos con sendos paracaídas en forma cáscara de huevo, a espectaculares jets de cartulina como el 'Air Force Huevo' que Julen lanzó con éxito más bien modesto. Quien no hizo mal papel fue el 'cerdito alado' que la donostiarra Andrea lanzó a la respetable distancia de 15 metros sin que el huevo que llevaba dentro bien acolchado sufriera quebranto alguno.

Pero el trofeo al mejor diseño, al menos de entre los que aterrizaron con el huevo indemne, fue para el proyecto 'Gorringo', desarrollado por la arrasatearra Lia Garai, la ordiziarra Ane Errazkin y la eibartarra Irati Cobo. Sus autoras describían este diseño «abstracto» como un «nido doble, de hilo y de bolas de cartulina», donde se alojaba el huevo. Y todo ello coronado con una estructura alar cuyas divisas conmemoraban el 75 aniversario de la Escuela Politécnica. Unas bodas de diamante que la institución fundada por don José María Arizmendiarrieta en 1943 celebrará como corresponde durante todo el año.

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